JUAN MARTIN POSADAS
El empecinamiento ideológico de algunos promotores políticos llega a extremos dañinos. El Mercosur está en jirones y quieren crear un parlamento. De hecho ya tiene media sanción en Diputados y entró al Senado. El viejo Marx, si en algún lugar debería ser escuchado con atención es en el seno de la izquierda. El decía que la ideología es el disfraz de la realidad: proporciona una explicación coherente y verosímil de la realidad pero falsa; no sólo no explica sino que despista a quienes indagan sin prestar atención. El Parlamento del Mercosur es una creación ideológica; los que la propician no dan explicación de los motivos por los que lo impulsan ni mucho menos indican los beneficios que obtendría el Uruguay o las necesidades que atiende. ¿Para qué precisamos un parlamento del Mercosur?
La fraternidad de los pueblos del sur es la explicación ideológica. Aun dándola por buena, ¿de dónde se sigue que esa fraternidad necesita o postula un parlamento? Pero, como el Frente tiene los votos, no se complican mucho pensando ni buscando razones para demostrar y convencer: están los votos, dele para adelante.
La ideología, decía Don Carlos, impide ver la realidad. Observe Ud. sacrificado lector el aspecto que tiene hoy la realidad. El Mercosur es un tratado que los socios mayores no cumplen pero exigen cumplimiento de los socios menores. Argentina cortó rutas y puentes durante meses por las papeleras, nos denunció en La Haya, socavó la financiación para las empresas y maniobró para que ENCE se fuera. Antes hizo derogar las Safis y los instrumentos de banca off shore con que Uruguay le hacía competencia. Se opone a la planta de Isusa, no cumple con el fallo del tribunal arbitral sobre neumáticos recauchutados, bloqueó la exportación de bicicletas, no cumple con el Tratado del Río de la Plata introduciendo diferencias a su favor y por vía de los hechos en cuanto a dragados y peajes, y no cumple con los contratos de envío de gas ni en volumen ni en precio. Pero la ideología, para algunos, es más fuerte que la realidad.
Brasil nos tranca el arroz cuando se le ocurre, boicoteó al candidato de Uruguay a la OIT (el embajador Pérez del Castillo), pone trabas insalvables a la empresa importadora que armó allá Conaprole. Pero la ideología, para algunos, tiene más fuerza.
Es una insensatez seguir inventando estructuras burocráticas en vez de atender a las necesidades reales y a las deficiencias comprobables de la situación tal como se presenta. Mucho más insensato es bregar por un parlamento del Mercosur cuando rompe los ojos que nuestros vecinos están en una disposición de poco respeto hacia nosotros. ¿Alguien puede pensar que este es un momento oportuno para que Uruguay acepte esta iniciativa? No es prudente meter al país en esquemas de larga duración sin un respaldo de todo el espectro político, contando sólo el oficialismo. Y, aunque duela decirlo, es el peor momento para abrirse a ese tipo de estructura internacional cuando el Uruguay se ha quedado sin política internacional, sin diplomacia eficiente y con un Canciller que -lo admite en sordina todo el Frente- no da el tiro.
Es el momento de revisar los versos, de mirar y atender a los datos de la realidad y detener este tipo de iniciativas. El Uruguay, hoy más que ayer, se ve en la obligación de defender su individualidad en un vecindario absorbente, prepotente y que desmiente con su conducta antiguas tradiciones. No cerrar los ojos.