Hay una fuerte alerta al sistema político, pero no la perciben, asusta que los dirigentes políticos se preocupen por la caída en las encuestas y no vean que la gente les está haciendo un fuerte llamado de atención.
Quizás si estuvieran menos preocupados por buscar la mejor estrategia para mantenerse en el ruedo político y dejaran la confrontación personal y se tomaran el tiempo para estudiar y hacer propuestas para lograr acuerdos en favor del país, el electorado los vería con mejor cara. No es una guerra de bandas, son distintas formas de ver un país, por eso tampoco es bueno dejarse llevar por lo que creen que es “políticamente correcto” desdibujando convicciones y principios.
Es importante mostrar con claridad y fundadamente el modelo de país en el que uno cree. Si consideramos que un Estado acorde a las posibilidades de la ciudadanía es mejor para todos que uno dispendioso y creciente en número de funcionarios y oficinas se debe expresar con claridad. Los trabajadores todos, con mayores o menores ingresos, los que se ganan la vida con su esfuerzo ven que sus vecinos o conocidos viven sin trabajar, siendo totalmente aptos para hacerlo, y se mantienen con subsidios del Estado en dinero efectivo, consumo de energía eléctrica y compra de supergas. Esos fondos no son del Estado, éste sólo los recauda de los que sí trabajan; con la falsa excusa que así combaten la pobreza.
Claro que el Estado se debe a los más débiles y para ello debe obtener recursos genuinos de los impuestos, siempre que éstos sean justos, proporcionados y que permitan el desarrollo y el ahorro necesario para la inversión.
La transferencia de recursos hacia la niñez carenciada es algo compartible, sin embargo muchos ven la inconveniencia de que se haga con subsidios a los padres a quienes no se les pide que rindan cuentas.
Cuánto mejor sería promover que las escuelas y CAIF tuvieran horario extendido para permitir a los padres trabajar y ganar el ingreso dignamente y en los lugares donde se reciba a los niños proporcionarles lo necesario, sea en alimentación, útiles o vestimenta.
Una reciente ley aprobada por unanimidad ofrece subsidios a las empresas que contraten personas jóvenes o mayores de cierta edad, madres o tutores con menores incapaces, personas trans, personas de tez oscura.
A las personas con menores con discapacidad nada les soluciona que le ofrezcan un subsidio a empresas para que las contraten. ¿Qué harían con los menores discapacitados a su cargo?
En cuanto a las personas de tez oscura y las personas trans, ¿vamos a entrar otra vez con el criterio de la autopercepción para priorizarlos en oportunidades de trabajo?
Antes de esta ley ya existían cupos obligatorios para esos colectivos, ahora les agregamos subsidios a las empresas que los contraten. Me pregunto dónde está el tan mentado criterio de igualdad en ésta y las anteriores leyes que establecen estos criterios de “discriminación positiva”, además de la obvia contradicción con el art. 8 de la Constitución de la República que establece que “todas las personas son iguales ante la ley no reconociéndose otra distinción entre ellas sino la de los talentos o las virtudes.”
La oposición ha caído en aprobación, quizás por éstos y otros muchos ejemplos que hacen que la ciudadanía que los votó no se vea representada.