El ministro y la flor de fango

Luciano Álvarez

Acaba de cumplir 67 años; es la anónima vecina de un barrio del norte de Londres. Difícilmente quien se la cruce reconozca en ella al ícono de los años sesenta, fijado en una serie de fotos que escondían su desnudez detrás de una silla.

Christine Keeler nació el 22 de febrero de 1942 en Uxbridge, al oeste de Londres; fue criada por su madre y su padrastro en dos vagones de tren convertidos en vivienda; a los quince años se largó por el mundo. Como al personaje de "Flor de fango", "le gustaban las alhajas, los vestidos a la moda y las farras de champagne."

Se estableció en el Soho: fue modelo de ropa en una tienda, mesera en un restaurante y bailarina topless del Murray Club. Allí conoció a Stephen Ward, un médico dedicado a la osteopatía, práctica paramédica cuyas técnicas están destinadas a devolver "la armonía y el equilibrio perdidos, que causan enfermedades e inhiben la recuperación", dice una enciclopedia. A Ward, que tenía clientes famosos, también le gustaban las farras, el champagne y las mujeres jóvenes como Christine, de modo que al poco tiempo estaban viviendo juntos. El tenía 49 años, ella 19.

En julio de 1961, Ward -que era menos celoso que proxeneta- llevó a Christine a una fiesta en Cliveden House, un imponente castillo perteneciente a William Waldorf, tercer Vizconde Astor.

Las sucesivas generaciones de Astor habían hecho del lugar una suerte de club social para la flor y nata de la sociedad británica. En su tiempo fueron célebres las fiestas que lady Astor ofrecía en beneficio de la Cruz Roja.

Con William también se sucedían las fiestas, pero las prefería de otro tipo. Entre los invitados de aquella noche de 1961 se encontraba el ministro de Guerra.

John Profumo, entonces de 46 años, se había educado en Oxford, fue diputado del partido conservador con sólo 25 años; su comportamiento heroico en África, durante la II Guerra Mundial, le valió la Orden del Imperio y en 1960 fue nombrado Ministro de Guerra en el Gobierno de Harold MacMillan, puesto para el que estaba excelentemente dotado. Su carrera política no tenía techo.

Casado con la actriz Valerie Hobson, Profumo gozaba de cierta fama de play boy; también le gustaban las farras, el champagne y las milonguitas como Christine Keller.

En aquella noche veraniega, el Ministro de Guerra recreó sus ojos mirando a Christine desnuda en la piscina de Cliveden House; luego se recreó más aún.

Profumo no ignoraba que Christine era la amante del Dr. Ward y no le inquietó formar parte de un "ménage a trois" con el muy consentidor osteópata. Pero, seguramente, desconocía la colección de amantes de la Keeler que incluía algunos delincuentes como Aloysius `Lucky` Gordon y Johnny Edgecombe.

Las cosas se complicaron cuando la Inteligencia británica, descubrió que Eugene Ivanov, agregado naval de la URSS en Londres, reputado como espía soviético, también formaba parte del elenco. Que el Ministro de Guerra de Gran Bretaña compartiera amante con un espía pasaba a ser asunto de Estado, más aún cuando el problema del espionaje soviético en Gran Bretaña estaba en su punto de ebullición.

En enero de 1963, Kim Philby un miembro de alto nivel de los servicios de Inteligencia, se fugó a la URSS; era la cabeza del grupo de espías conocido como "El círculo de Cambridge".

Fue entonces cuando la in-formación sobre Profumo y su amante llegó al parlamentario laborista George Wigg y el semanario "Westminster confidential" la publicó. El escándalo conmovió a Gran Bretaña, ¿qué secretos de Estado, habrían corrido, bajo las sábanas de Christine Keleer?

El primer ministro Macmillan llamó a Profumo; y éste negó que hubiera vivido una aventura extramatrimonial. Lo mismo hizo cuando se presentó ante la Cámara de los Comunes, el 22 de marzo de 1963 a las 11 de la mañana.

Ese mismo día, mientras se derrumbaba la mentira del Ministro de Guerra y se hundía su carrera, salió a la venta "Please please me", el primer álbum de los Beatles. Hay quienes quieren ver en esa coincidencia el signo que iniciaba una nueva era.

En septiembre, el juez de la causa publicó su informe: la seguridad nacional no había sido afectada, pero el gobierno había afrontado el asunto de manera inapropiada y carente de celeridad.

Eugene Ivanov y su esposa, fueron devueltos a Moscú. La mujer le pidió el divorcio, el gobierno lo puso en el ropero y terminó alcohólico.

El doctor Ward -que podría haber sido un doble agente secreto- fue acusado de proxenetismo y se suicidó con barbitúricos un día antes de la procla- mación del veredicto: muchos de sus conocidos del "establishment", amigos de sus amigas, se sintieron aliviados.

Aunque nunca se demostró que hubiera espionaje, ni tráfico de información secreta en el triángulo Ivanov, Keeler y Profumo, la joven fue acusada de conspiración y condenada a nueve meses de prisión.

Pero el escándalo, lejos de arruinar su vida, la convirtió en una celebridad y en un ícono de la cultura popular.

Sólo por la venta de su historia al sensacionalista "News of the World", cobró 23.000 libras esterlinas. Las fotos tomadas por Lewis Morley, sentada en una silla diseñada por el danés Arne Jacobsen -el modelo 3107, también llamada "Silla Nº 7"- contribuyeron tanto a su fama como al éxito de la silla; se vendieron más de 5 millones.

A los pocos años, Christine se perdió en el anonimato de un barrio londinense. En 2001, se declaró pobre y sola como un personaje de tango: su único ingreso era la pequeña pensión de la Seguridad Social. "Las alhajas amuraste / y un bulincito alquilaste / en una casa`e pensión…/ pasaste ratos extraños /y a fuerza de desengaños / quedaste sin corazón". Quizás por eso se decidió a publicar su autobiografía titulada "The Truth at Last: My Story". (Sidgwick & Jackson Ltd, 2001).

La carrera política de John Profumo se terminó en 1963, pero no el hombre: a los pocos días de dimitir, se presentó en Toynbee Hall, una organización de caridad y se puso a lavar platos.

Según su viejo amigo, el periodista Lord Deedes, "Jack decidió rehacer su vida desde abajo para limpiar una culpabilidad que nunca lo abandonaría. Lavó los platos durante los siguientes cuarenta años, sirvió sopa caliente, cocinó para los pobres y recolectó fondos. Juró no abrir la boca y cumplió su promesa. Si eso no es suficiente arrepentimiento por el error que cometió, entonces el perdón no existe". Llegó a ser director de la ONG y usó sus contactos para conseguir fondos y convertirla en una de las principales del este de Londres. Valerie Hobson no fue menos valiosa y encaró las mismas tareas hasta su muerte en 1998. Tampoco habló públicamente de lo sucedido en 1963.

En 2003, a pedido de Tony Blair, primer ministro laborista, el Parlamento lo reincorporó al Consejo Real del que había sido expulsado en 1963.

El tiempo olvida y esconde, pero también cura.

John Profumo falleció en Londres el 10 de marzo de 2006, a la edad de 91 años. Los expedientes del caso no podrán ser hechos públicos hasta el año 2046.

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