El ministro Oddone se robó todos los flashes esta semana con un discurso disruptivo (por decir lo menos) en ADM. La última encuesta de Equipos que muestra un derrumbe del apoyo al gobierno también es sugerente, pero al final del día estos dos temas tienen más vinculación de lo que se piensa.
“Hemos pasado límites que comprometen la estabilidad económica de Uruguay”, fue una de las frases de Oddone que más ruido hizo. “A nadie se le puede ocurrir decir que el equipo económico se está rifando la sostenibilidad fiscal”. “Están pasando límites que yo como analista nunca vi”, dijo.
Los argumentos son llamativos. Porque más allá de los ruidos habituales de un clima político en el país que sostiene un nivel de crispación muy por encima de lo deseable al menos desde 2019, quienes alertaron sobre el tema no fueron Sebastián da Silva o Graciela Bianchi. Fueron el banco Itaú y CPA Ferrere, la propia consultora a la que perteneció Oddone hasta días antes de meterese en política. Porque Oddone entró a la política, cosa que a veces parece que el jerarca no tiene tan presente. Y lo hizo en un partido que tiene un tono y unas formas, que uno acepta desde el día que da ese paso. No hay beneficio de inventario.
Si Oddone es parte de un partido donde hay gente que todos los días dice que hay que tomar medidas que todo el mundo sabe son malas para el clima de inversión, es raro que uno reaccione tan indignado ante las consecuencias.
Porque casi más impactante que el discurso de Oddone, fue su tono. Se lo notó enojado, afectado. Muy poco “zen”, como dirían las influencers del bienestar. Y esto tiene el potencial de golpear a ese clima económico más duro que cada salida del senador González, o del ministro Castillo.
Es que Oddone llegó al actual gobierno como una especie de garantía de sobriedad para los agentes económicos. En un partido que había perdido a sus dirigentes históricos que la sociedad había aprendido a aceptar, incluso con sus excentricidades y guiños a la ultraizquierda. La gente sabía que con Vázquez, Astori y hasta Mujica en cierta forma, las cosas no se iban a ir de mambo. De hecho, muchos señalaron que Oddone sería el nuevo Astori, algo que nunca nos convenció demasiado.
No por su calidad profesional, algo que no estamos en condiciones de evaluar. Para ser franco, se nos hace cada vez más difícil entender la lógica técnica de los economistas, porque con la misma soltura hoy te dicen blanco, y mañana negro, sacan conclusiones opuestas del mismo número. Y es una ciencia que hoy le da el Nóbel a Hayek, y mañana a Krugman.
Sin mencionar las “picas” entre ellos, que dejan a los abogados como pitufos en torno a un fogón.
Oddone no tiene ni el 10% del peso específico que tenía Astori, que llevaba décadas de trayectoria en el FA, tenía bancada propia, y que incluso tuvo que amagar a renunciar un par de veces para que le hicieran caso. Tal vez sí comparte un estilo de cierta... suficiencia intelectual. Algo que gente muy malencarada (jamás nosotros) podría definir como soberbia. No más.
También hay gente presa fácil de sus emociones (incluso desde El País) que ha sugerido que Oddone podría ser un candidato revulsivo para el Frente Amplio. ¿Alguien se imagina a Oddone compitiendo, por ejemplo, con Carolina Cosse en una interna? ¿En este clima radicalizado que se vive en sectores intensos del FA? Si el MPP, con Mujica vivo, tenía enormes problemas para transferir votos a sus candidatos en la interna de la coalición, ¿Orsi o Sánchez serían más efectivos?
A lo que vamos con todo este palabrerío es que Oddone se encuentra en una disyuntiva muy seria. Es el garante de una racionalidad en el manejo económico, en un partido donde eso se valora cada vez menos. Y con un panorama de las cuentas públicas que no permite exuberancias. No tanto por una “herencia maldita”, como bien lo explicó el subsecretario Vallcorba en un rapto de honestidad privado que se hizo público. Sino porque la economía está medio frenada, y las ansias de gastar plata en el FA son ilimitadas.
Acá viene lo de la encuesta. Según la lectura que se ha hecho general, el gran causante del derrumbe del apoyo a Orsi es el desencanto del propio votante frentista. No compartimos la lectura, pero sí es verdad que para ese sector de militante intenso, cada vez más radicalizado, este gobierno deja gusto a poco. Algo bien falluto, porque les sirvió Orsi para ganar la elección, pero a los 15 minutos le exigen que sea Kirchner.
Cualquier intento de amansarlo desde Torre Ejecutiva, necesariamente chocaría con el Oddone que los agentes económicos creen que habita en el MEF. ¿Quién banca más? ¿Orsi? ¿Oddone? ¿El comité de base?
A poco de asumir, Oddone dijo que no llegaba con el mandato de recortar el gasto. Si el ministro consiguiera explicarnos a los uruguayos exactamente con qué mandato llegó este gobierno, le haría el mayor favor que se pueda imaginar.