El mal menor

En el escenario internacional confluyeron últimamente una serie de sucesos que han despertado variadas reacciones. La intrusión de Estados Unidos en Venezuela, sus amenazas a Groenlandia, y recientemente el acuerdo alcanzado entre el Mercosur y la Unión Europea, entre ellas. Factor común de todos estos acontecimientos: simultáneamente suscitaron aprobaciones y elogios, y también rechazos y criticas.

La estrategia de sacar al dictador Maduro de su país, pero no desmoronar el régimen para priorizar la estabilidad interna, generó hasta la fecha amplias discusiones respecto de las razones fundamentales que llevaron a los EE.UU. a promover la intervención en Venezuela. Hay quienes apuntan esencialmente al control del petróleo como objetivo prioritario, otros lo interpretan en términos geopolíticos, a partir de entender que el operativo buscó erradicar la influencia china y rusa del espacio vital de Estados Unidos, y otros lo critican apelando a razonamientos de no injerencia externa, aun en caso de dictaduras evidentes.

En otro orden, la amenaza de una posible acción directa sobre Groenlandia por parte de los Estados Unidos despertó numerosas objeciones, que amainaron cuando el presidente Trump y el secretario general de la OTAN anunciaron que habrían acordado un entendimiento al respecto.

Por su parte, tras más de 25 años de negociaciones, el Mercosur y la Unión Europea firmaron uno de los acuerdos más amplios del siglo XXI creando la mayor área de libre comercio del mundo, y también al respecto se generaron diversidad de opiniones encontradas.

Desde el Parlamento europeo se ha promovido una instancia ante el Tribunal de Justicia Europeo para dictaminar sobre la validez institucional del acuerdo, que por otra parte, deberá ser aprobado por la mayoría de parlamentos de los países miembros.

En ambos continentes, el histórico paso se logró a pesar de tener en cada uno de sus ámbitos, discrepancias. Brasil por ejemplo, pregona el multilateralismo como una idea compartida con varios países europeos. En la Unión Europea, Francia ha llevado una posición contraria a la firma del tratado a diferencia de Alemania, por ejemplo, la principal economía del área.

Esta multiplicidad de opiniones tuvo también su expresión en que a pesar de la gran relación entre los presidentes de Argentina y EE.UU., en su discurso en Davos, el presidente argentino denunció con vehemencia la perversidad del Estado minutos después que su colega estadounidense había justificado un proteccionismo basado en la fijación de aranceles.

Imposible lograr una posición que sea unánime. La realidad, tanto en política como en economía es que, ante diversas alternativas, ninguna puede satisfacer totalmente las apetencias. Coexisten pros y contras.

Le corresponde, tanto al político que rige un Estado, como a un economista que analiza un espectro variado, establecer con claridad las distintas posibilidades que enfrenta, y optar por aquella que en su sumatoria positiva, supere a las restantes. Dicho en otros términos, optar por el mal menor. Aquellos abogados opositores a la decisión finalmente adoptada, no quedarán conformes, pero resulta inevitable.

Maximizar la ecuación es la opción más razonable, aun cuando no se pueda conformar a todas las partes. Que así sea

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