El maniqueísmo mileista divide el mundo entre “la casta” y la “gente de bien”. Para ser “gente de bien” hay que desarrollar todas las actividades en el ámbito privado y tener una mirada conservadora de la sociedad que incluye despreciar a quienes tienen miradas diferentes.
Esa apuesta a la polarización extrema comenzó a trastabillar con escándalos de corrupción que, como los casos ANDIS y Libra, pegan de lleno en la imagen del gobierno y del mismísimo Javier Milei.
Las señales de corrupción se multiplicaban, pero ANDIS y Libra sobresalían porque la primera implicaba robo del dinero destinado a programas de ayuda a discapacitados y la segunda la promoción realizada por el propio presidente de una criptomoneda que acabó siendo una estafa.
Con el caso Adorni, el maniqueísmo mileísta completó su derrumbe. El súbito enriquecimiento del jefe de Gabinete y su insólita explicación sobre el origen del dinero impacta en el discurso oficialista, porque se trata de una figura central.
Igual que su Declaración Jurada, que antes de ser descalificada por su inverosimilitud lo fue por su demora, las palabras de Adorni no convencieron ni a los propios, aunque sólo Patricia Bullrich haya tenido la honestidad (o la conveniencia política) de decirlo.
La actuación del jefe de Gabinete fue tan patética como lo son las de Milei cuando salta sobre un escenario como poseído por un demonio roquero, cuando vomita obscenidades en una entrevista o en las redes, cuando llora desconsolado en el Muro de los Lamentos o cuando se abraza y baila con rabinos ortodoxos como si fuera uno de ellos o como el personaje de Woody Allen al visitar el barrio judío ortodoxo de Brooklyn en la película Zelig.
La contracara fueron los discursos y homilías del Papa en España. En esas alocuciones no sobran frases ni palabras. Todas integran razonamientos profundos. Todo es preciso y categórico. León XIV posee un pensamiento lúcido que expresa con claridad meridiana. Y lo hace desde otro rasgo propio: la humildad.
El Papa es la suma de su formación académica y su experiencia de vida. Su conocimiento fue moldeado en la matemática, ciencia que fue clave en la estructura de su formación teológica y filosófica.
Su experiencia vivida germinó en las dos décadas que pasó en Perú, sirviendo a los más pobres de la diócesis de Chiclayo, en la región de Cajamarca.
En su gira por España, el jefe de la iglesia se refirió a los riesgos que implica la Inteligencia Artificial (tema abordado de manera magistral en la encíclica Magnifica Humanitas); el carácter abyecto de la segregación de los inmigrantes y el aberrante crimen que constituye la violencia de género.
En cuanto al avance sin control de la IA, su razonamiento es cercano a la posición del historiador israelí Yuval Noah Harari en la crítica al impulso que da Milei a la idea de otorgar personería jurídica a la IA y a la creación de corporaciones dirigidas por “no humanos”.
León XIV se paró en la vereda donde está Harari y otros pensadores humanistas, como el filósofo italiano Giorgio Agamben.
El rechazo a todo tipo de segregación contra el inmigrante es el tercer punto en el que el líder católico fue categórico, quedando a contramano de los conservadurismos europeos, de América del Norte y de sus apologetas latinoamericanos.
Por defender posiciones de la iglesia contra el aborto y la eutanasia, la izquierda ideologizada y banal lo repudió a través de Irene Montero y Ione Belarre, quienes perdieron la oportunidad de apoyar al pontífice en todos los temas en los que está a contramano de las derechas duras y las ultraderechas.
Como expresaron dirigentes centristas españoles, no es que León XIV sea izquierdista sino que el PP y el partido de Santiago Abascal asumieron posiciones tan recalcitrantes que chocan contra valores judeocristianos expresados en los Evangelios.
Por eso todo lo dicho por el Papa impactó también contra Milei, para colmo en los mismos días en que Adorni exhibía de manera impúdica el lado oscuro de la “gente de bien”.