No sé si será así, pero aparentaría que han aparecido muchos gimnasios y lugares de fitness en Montevideo. Seguramente haya una forma de contrastarlo empíricamente, pero por ahora me voy a quedar en el ámbito de las apariencias y decir que parecería que hay un gimnasio por cuadra. Tampoco sé si es cierto el cliché de que se suele empezar a ir al gimnasio en octubre, a pocos de que arranque el verano, y por lo tanto no sea tan efectivo para cuando los uruguayos y personas de países vecinos seguimos el imperativo social de irnos a amontonar a ciertas playas en enero, haciendo públicos nuestros cuerpos, que suelen estar cubiertos.
En Occidente, los gimnasios se remontan a la Antigua Grecia. La palabra gymnasium proviene del griego gymnós (desnudo) y gymnázein (ejercitarse desnudo). En estos espacios, los hombres se reunían para realizar ejercicios físicos y también actividades de formación intelectual, a menudo desnudos, ya que el cultivo del cuerpo y del espíritu formaban parte de un mismo ideal. Yendo al siglo pasado, el presidente de los EE.UU. Kennedy comentó que la falta de aptitud física era una amenaza para la seguridad, de manera que estar en forma se convirtió en sinónimo de un buen ciudadano. Ya en los 70s y 80s, el fitness se estableció como una tendencia promoviendo la idea neoliberal de que buscar un estilo de vida más saludable es una cuestión de responsabilidad individual y elección personal. Hoy en día, el aparente número de gimnasios (que asumo responde a una creciente demanda que indicaría una creciente preocupación con la salud o con cómo uno se ve físicamente) iría con la tendencia de que el fitness se ha establecido como una industria consolidada mundialmente.
De hecho, algunos autores indican que se ha convertido en la actividad deportiva más practicada en todo el mundo: dos veces más que el fútbol, el ciclismo o la natación, y cuatro veces más que el básquetbol, el tenis y el voleibol. Al ser algo tan frecuente y practicado por tanta gente, sin dudas que es un elemento muy importante en nuestra cultura occidental.
El pensador francés Michel Foucault decía que con el pensamiento y la crítica se busca hacer visible precisamente lo que es visible. Mientras que la ciencia busca revelar lo que no vemos, la sociología, por ejemplo, busca dejarnos ver lo que vemos, es decir, hacer evidente lo que está tan cerca que por eso no lo percibimos. Las cosas que hacemos, nuestras prácticas cotidianas, suelen estar determinadas por causas sociales y afectos socialmente determinados de los cuales no nos percatamos. Por ejemplo, es curioso cruzarse con gente que hace Crossfit corriendo alrededor de la cuadra. El Crossfit está en Uruguay ya hace un tiempo y seguramente es algo que la gente disfruta y tiene sus razones de apariencia física o salud para hacerlo, y está perfecto. Si bien este tipo de actividad se ha estudiado empíricamente en otros países (no sé en Uruguay), a falta de una investigación empírica, voy a pensar el fitness teóricamente y vincular con la crítica a la noción moderna de la autonomía.
Una forma de ver las tendencias del fitness es desde el punto de vista del poshumanismo y lo que se ha dado a llamar formas de análisis “más que humanas”. Estas son perspectivas teóricas que ponen en tela de juicio el excepcionalismo humano, enfatizando que siempre estamos interrelacionados con objetos, tecnologías, el ambiente, animales, etc. Son teorías que dicen que, en lugar de pretender que todo proviene únicamente de la elección o voluntad humana, hay que prestar atención a todos esos elementos no humanos que co-constituyen nuestras vidas. En este sentido, los gimnasios y prácticas de fitness hay que verlos como conjuntos de cuerpos humanos, aparatos, espacios y normas, y no tanto como actividades individuales o impulsadas por la libertad individual.
Hay una autora del poshumanismo que proviene de la física, Karen Barad, quien ha propuesto que los humanos intra-actuamos con el mundo. Mientras que la palabra interacción asume que dos entidades tienen una esencia previa a través de las cuales entran en contacto una con otra, la intra-acción significa que las cosas no existen por sí mismas, sino que emergen a través de sus relaciones dentro de entornos sociales, culturales y materiales. Desde esta perspectiva, el cuerpo es coproducido por máquinas y aparatos; discursos sobre la salud, la grasa, y las proteínas; dispositivos digitales que nos miden o con los que escuchamos música mientras nos ejercitamos; la moda femenina de mostrar el ombligo y la ropa de gym; instructores de GAP, funcional, Crossfit, yoga, etc.; la forma en la que trabajamos; imaginarios de lo que es el éxito y el imperativo a “ser tu mejor versión”; redes sociales que promueven imágenes idealizadas del cuerpo; nociones de lo que es envejecer bien; una cultura hedonista, en la que en apps como Tinder o Bumble-como describe la autora Eva Illouz-la apariencia física se torna en un capital fundamental en el campo sexual… El cuerpo es un ensamblaje de elementos heterogéneos que hacen que sea, o deba ser, de determinada manera.
Esto, además, revela cómo la agencia humana está distribuida. Por agencia, se entiende en sociología la capacidad que tenemos para actuar y tomar decisiones dentro de las estructuras sociales y los significados culturales en los que vivimos. La distribución de la agencia significa que lo que hacemos está co-constituido por cosas materiales y fuerzas culturales excesivas a la capacidad de elección. De la modernidad heredamos el ideal de la autonomía, es decir, que nos damos nuestras propias reglas y que lo único cierto, como dijo Descartes, es el yo o el sujeto que se enfrenta a cosas. La teoría sociológica del poshumanismo y lo “más que humano”, por el contrario, descentra al sujeto; propone que somos el resultado de diversos elementos que nos constituyen, nos dicen cómo debemos ser y a qué aspirar. Por eso es que el el sociólogo francés Bruno Latour dijo que nunca fuimos modernos, porque la visión moderna de la autonomía está equivocada.
Se vino la temporada de verano, posterior a diciembre, que se caracteriza por tener mucha despedida, reunión, asado, además de Navidad y año nuevo, en los que uno se suele exceder con la comida y la bebida. Cuando camino por mi barrio, pasando por frente a los gimnasios, la cultura me dice que hay que estar fit. Así que he llevado más frecuentemente al club que empecé en octubre al ensamblaje que soy, considerando que, en la medida que uno se va haciendo más viejo, lleva cada vez más trabajo estar en forma.