Hernán Sorhuet Gelós
En unos meses se realizará en Rio de Janeiro la Cumbre de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable.
Su importancia es doble. En primer lugar, porque las urgencias de la humanidad en su conjunto -considerando los aspectos fundamentales que condicionan la calidad de vida de la gente- demandan acuerdos valientes y comprometidos de parte de las naciones, que no pueden esperar más.
En segundo lugar, porque han transcurrido dos décadas desde la realización de la histórica Cumbre de Rio, en la cual los países se comprometieron con el concepto de desarrollo sustentable, como único camino para construir una humanidad más justa y viable.
Importa sobremanera realizar el balance correspondiente de lo ocurrido en todo este tiempo, especialmente para acordar qué debemos hacer para retomar el camino que nos conduzca hacia aquellos objetivos generales, (que siguen vigentes), con la lógica actualización que demanda el presente.
Por esa razón se conoce la cumbre como RIO+20.
Los temas centrales son varios. La generación de puestos de trabajo de calidad y en cantidad suficiente para darle dignidad a millones de desempleados o subempleados.
Lograr el acceso a fuentes de energía sostenibles para el fortalecimiento de las economías, la protección de los ecosistemas y el logro de mayor equidad.
Otro de los grandes retos de nuestro tiempo es implantar estrategias de gestión sustentable de las ciudades.
Cada vez crecen más de tamaño y, por lo tanto, demandan más y mejores servicios para una población que aumenta sin parar, y desafía a todos los sistemas urbanos.
No puede faltar de la mesa de negociaciones replantearnos la producción y distribución de alimentos.
Este requerimiento básico para la vida, hoy condena a casi mil millones de personas a pasar hambre, a lo que hay que sumarle un número mayor de seres que comprometen seriamente su salud por subalimentación o ingesta de comida no segura.
Es uno de los asuntos que inciden con mayor peso en la lucha que hay que librar contra la pobreza.
Qué decir del acceso al agua limpia. Tan esencial como el aire que respiramos, la calidad del agua determina el estado de salud de las personas y sus posibilidades a corto plazo.
El desafío mayor radica en que las fuentes de agua dulce están desproporcionadamente distribuidas en el planeta. Para millones de personas el agua es de acceso fácil, pero para otros el simple hecho de satisfacer esta necesidad vital es un gran reto diario. El estado de los océanos se ha transformado en un problema muy serio para toda la raza humana.
La contaminación de los mares, el vaciamiento de los recursos biológicos -por la sobrepesca-, y las alteraciones que les están provocan la variabilidad y el cambio climático, son durísimos golpes contra la salud y estabilidad de los océanos.
La situación exige medidas urgentes.
Finalmente, en la cumbre RIO+20 se discutirán mejores estrategias mundiales para minimizar los efectos de los desastres naturales, especialmente en los países más vulnerables.
Se trata de una agenda enorme que parece asegurar muy pocos resultados satisfactorios.
Uno de los grandes retos es buscar estrategias de gestión sustentable de las ciudades.