El asedio a la Conaprole

Mi columna de hoy es un grito de indignación. No me va a alcanzar el espacio… Los paros a que está siendo sometida Conaprole desde hace meses no tienen ni proporción ni justificación. La inmovilidad del gobierno me subleva: el silencio de todo el espectro político también. El abuso es casi histórico, viene de tiempo atrás, de una dirigencia sindical obtusa y prepotente que, como veremos, aprovecha ventajas estructurales y se ha cebado.

Conaprole es una empresa cooperativa cuyo Directorio está compuesto por productores que son elegidos periódicamente. Ellos, los actuales y los anteriores, se ven obligados a aflojar ante las exigencias sindicales porque las vacas tienen que ser ordeñadas todos los días sin falta. El dueño de una fábrica, si se declara una huelga, para, deja de ganar y punto. El productor lechero, si hay paro no puede parar: no puede dejar de producir, tiene que seguir levantándose de madrugada, ordeñar dos veces al día, y después tirar la leche a una zanja; tiene que seguir trabajando y destruir cada día el fruto de su trabajo.

Todos los beneficios laborales -generosos- que tienen los trabajadores de las plantas de Conaprole se han obtenido en base a la explotación de los trabajadores (y dueños) de los tambos ¡esa es la solidaridad obrera del sindicato de Conaprole! Los sueldos que paga Conaprole son muy buenos, pero son de fantasía, de extorsión. El precio de venta de la leche está tarifado, no hay modo de trasladar nada allí.

Lo que no ven, ni el sindicato ni las autoridades gubernamentales -y si lo ven no se les mueve un pelo- es que detrás de esta decisión gremial no solo hay destrucción de producción y de riqueza material sino también un daño social en todos los Departamentos donde hay cuenca lechera. Se cierran tambos todos los días: por supuesto, cierran los chicos. La campaña se despuebla, se vacía: hay desarraigo de familias con varias generaciones en el pago.

El lunes pasado concurrieron a Presidencia los productores lecheros con la esperanza de que Orsi atendiera el drama que arrastran. Según información de prensa, llegaron a plantearle al Presidente qué modelo de producción lechera quiere el país (sic). Están tan castigados que se manifestaron dispuestos de su parte a ajustar o cambiar todo lo que les digan. Tendrían, más bien, que haberle preguntado a Orsi qué modelo de sindicatos quiere el país.

Pero no esperen nada de ahí; para el Frente Amplio el campo son las camionetas 4x4 y el latifundio. Ya pasó antes; en Conaprole hubo un operario que fue descubierto (y filmado) robando. El Directorio, con razón, dispuso echarlo. El sindicato se opuso y decretó paro. El gobierno de esa época por intermedio de Brenta (hoy Senador, entonces director de Trabajo) acompañó la intransigencia sindical: no lo pudieron echar, Brenta lo pasó al seguro de paro. Ganaron los prepotentes: no tenían razón pero tenían la fuerza (y la cobardía del gobierno).

Este tipo de paros sistemáticos como el de Conaprole no solo producen un daño económico a esa empresa sino que se extiende sobre el tejido social. Lo mismo está sucediendo con los paros desaforados y continuos en el puerto de Montevideo: perjudican a todo el país. Pero que nadie espere nada del actual Ministro de Trabajo. Ni del Presidente.

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