Pablo Da Silveira
El presidente Mujica se reunió el miércoles 14 de diciembre con representantes de todos los gremios de la enseñanza. También estuvieron presentes el ministro Ehrlich y dos altos dirigentes del Pit-Cnt. La reunión se desarrolló en un clima cordial y dejó muy conformes a los invitados, quienes interpretaron la propia convocatoria como un mensaje de apoyo.
Al retirarse del encuentro, el dirigente sindical José Olivera destacó "el hecho político de que el presidente de la República nos reciba hoy, incluso antes que a los partidos políticos", como una señal de coincidencia acerca de quién debe tener el protagonismo a la hora de gobernar la educación.
Al día siguiente, el presidente Mujica se reunió con los principales líderes de todos los partidos con representación parlamentaria. Los dirigentes de la oposición salieron muy satisfechos de ese encuentro, porque el presidente se había mostrado proclive a buscar fórmulas que reduzcan el peso de los sindicatos y devuelvan el gobierno de la educación a los representantes de la ciudadanía.
El problema de esta ola de optimismo es que se funda en expectativas contradictorias. O bien el presidente Mujica avanza en la dirección que creyeron entender los sindicatos, y en ese caso la satisfacción de los dirigentes políticos se tornará en disgusto, o bien avanza en la línea totalmente antagónica que pareció sugerir ante los políticos, y en ese caso el disgusto provendrá de los sindicatos.
Decirle a cada uno lo que quiere oír puede traer beneficios a corto plazo, pero genera muchos dolores de cabeza el día después.
Como si esto fuera poco, se sumaron otras señales inquietantes. El presidente del Frente Amplio, Jorge Brovetto dejó en claro que no se puede contar con el apoyo de esa fuerza política para modificar la Ley de Educación.
En las horas siguientes, la primera dama Lucía Topolansky lanzó un durísimo ataque personal contra el consejero Daniel Corbo, representante de la oposición en el Codicen, en lo que se pareció mucho a un intento de dinamitar toda política de acuerdo. Parecería que, si el presidente de la República decide avanzar en una de las dos líneas antagónicas que ha sugerido, va a encontrarse con la oposición instalada en su propio dormitorio.
Frente a este turbio panorama, el presidente Mujica ha recurrido a un método habitual en él: la fuga hacia delante. Su propuesta ahora es convertir a la UTU en una universidad tecnológica con fuerte presencia en el interior.
La idea de potenciar la enseñanza técnica y vincularla con el nivel terciario es muy compartible, pero no es la clase de medida aplicable de aquí a marzo.
Y la pregunta urgente es qué vamos a hacer para intentar bajar lo más rápido posible las enormes tasas de abandono estudiantil y para mejorar la calidad de los aprendizajes. Este incendio exige soluciones inmediatas, y varias de ellas están identificadas (por ejemplo, el profesor-cargo en Secundaria). El desafío es ponerlas en práctica cuanto antes.
Pero, en el terreno de las decisiones concretas, lo único que ha habido es un retroceso: ferozmente debilitado por la presión sindical y por la falta de apoyo político, el Codicen acaba de anunciar la paralización del proyecto Promejora.
En un contexto explosivo, el presidente Mujica empieza a parecerse al aprendiz de brujo, capaz de desatar fuerzas poderosas que luego no consigue controlar.