Esta semana hemos percibido en cuanta reunión participamos —como seguramente les ha sucedido a todos los lectores— la preocupación sobre el cariz que han tomado las cosas, y también la buena voluntad y disposición a aportar a la solución del o los conflictos —porque en realidad de un o ningún diferendo se han generado varios.
Hay, tenemos y estamos en dificultades. Podemos abordarlas de varias maneras, con espíritu destructivo o constructivo, de forma negativa o positiva, con rencor o soslayando pequeñas actitudes, con optimismo o pesimismo, de forma racional o irracional.
Por lo anterior, hay, tenemos y estamos ante importantes definiciones que implican grandes oportunidades. El mundo, el continente, la región y nuestra sociedad está cambiando. Las decisiones que en las próximas semanas y meses el Uruguay y los uruguayos vayamos tomando y asumiendo marcarán nuestro futuro, y debemos tener plena conciencia que —cualesquiera ellas sean— deberán ser motores y vientos que nos permitan ir hacia un futuro mejor.
Las crisis han servido en varias naciones para encontrar el rumbo del desarrollo y el progreso. Sobre todo cuando se tomaron y asumieron decisiones bien pensadas, audaces y valientes —esas que permiten desprenderse de lastres pasados y emprender la empresa del futuro deseado.
Si el problema que hoy afrontamos fue inicialmente medioambiental, económico o político es, al día de hoy, motivo para la reflexión de los historiadores futuros. Hoy debemos saber si estamos ante uno o varios problemas, pues de ello depende el abordaje que de él, o ellos, hagamos.
Los problemas son varios, intrincados e interactuantes, y la forma de encararlos es uno a uno buscando luego integrarlos en un planteo conjunto. Hoy el político habla de bioquímica, el químico de economía, el economista de política y los piqueteros de todo, logrando con ello lo del presente: un insólito diálogo de sordos con mucha información, bastante discusión y escasa comprensión. Un mayúsculo lío. Así no se construye el futuro, así no se encontrará la solución; ella vendrá con el análisis serio y responsable de los diferentes puntos en discusión hecho por gente capacitada y honesta.
Hay aspectos medioambientales sobre el medio acuático, atmosférico, terrestre y biológico que requieren más el análisis académico de investigadores que de políticos, economistas o asambleas ciudadanas. Causa gracia y estupor la contundencia de ciertas opiniones sobre la forma de producir pulpa de celulosa y sus potenciales peligros en boca de gente que no debe saber el más mínimo abecedario químico. "Cosas vederes Sancho..."
Hay aspectos políticos que deben ser asumidos con más rigurosidad y al más alto nivel. Aquí se juegan mucho más que dos plantas de celulosa. Aquí aparte del modelo de país entra la relación regional mercosuriana, continental y con el mundo. Hoy hay planteos que hacen vislumbrar la búsqueda de un nuevo relacionamiento del país con la región y el mundo; no debemos ni descartar ni aceptar nada de plano, todo debe estar en la consideración —son los desafíos y las oportunidades que se dan y plantean en las crisis.
Finalmente, los aspectos sociales derivados de los anteriores habrá que atenderlos de forma urgente para no caer en situaciones previsibles. Ellos repercuten en aspectos económicos, culturales, psicológicos y humanos. Sepamos que no se van a resolver si antes no se abordan los previos.