Democracia para Venezuela

El chavismo es un brutal régimen tiránico, aunque increíblemente algunos todavía se resistan a admitirlo. No solamente ha perseguido y proscrito opositores, ha capturado presos políticos, ha montado un aparato represor brutal, con torturas sistemáticas y asesinatos políticos.

Fue mucho más lejos, creó una institucionalidad que no cumple con los principios de la democracia liberal, expropió empresas, cerró medios de prensa opositores y movilizó al Estado y sus funcionarios en favor de su partido político, en forma abierta y a la vista de todos.

Como si esto fuera poco, creó grupos paramilitares para la tarea represiva, los “colectivos chavistas”.

Todo esto en el marco de altísimos niveles de corrupción, donde los diferentes personeros del régimen, en particular los militares de alto rango, se favorecen de cuantiosos ingresos producto de los diferentes negocios ilegales: coimas, contrabando, cambio negro, mercado negro, e incluso trata de personas y narcotráfico.

Al mismo tiempo, el régimen ofreció el país como base de operaciones a diferentes grupos terroristas (Hizbollah, las FARC disidentes, por citar alguno), y a diferentes cárteles narco. Generosos aportes se hicieron a las izquierdas iberoamericanas y a gobiernos amigos.

Asimismo, la intervención de potencias extranjeras (Iran, Rusia) en Venezuela ha sido constatada, con instalación de bases y operaciones en territorio, y también se conoce la intervención directa, en los más altos círculos del poder y de la represión, de militares y agentes cubanos. No por casualidad, de las pocas víctimas reportadas en el episodio del sábado 3, la mayoría son cubanos.

Para peor, el régimen no puede alardear de ningun indicador positivo. El resultado, por todos conocido, ha sido desastroso: una caída estrepitosa de la producción y del PIB, de un calibre tal como no se ve en países ni siquiera en tiempos de guerra.

Y esto ha producido la emigracion y el exilio de enormes contingentes de población, unos 8 millones para una población de 25 millones. “Por sus frutos los juzgaréis”: bueno, los frutos son terribles.

El régimen ha insistido en disfrazarse de democracia, con elecciones cada tanto, y a diferentes niveles, pero todos sabemos que han sido manipuladas, no una sino muchas veces. En la última, el 28 de julio de 2024, la oposición democrática, liderada por María Corina Machado y Edmundo Gonzalez, trabajó de manera ejemplar generando infromación que no ha podido ser desmentida, que certifican su victoria. El régimen ni siquiera ha querido cerrar el escrutinio y se proclamó a Maduro sin poder mostrar las actas que lo certifiquen.

Durante mucho tiempo, voces latinoamericanas y europeas, entre otras el gobierno de Lacalle Pou, su Cancillería y otras de la región, muchas ONG y algunas oficinas de la ONU, movilizaron a la opinión pública internacional para crear conciencia de lo que es el régimen e impulsar la democratización.

Chocaron contra un bloque de “países amigos”, los llamados “progresistas” que, en general (hay que destacar la excepción de Boric), apoyaron al régimen, incluyendo claro, al FA. Apoyaron o hicieron como que miraban para otro lado, llegando Lula a hablar de que “lo de Venezuela es una narrativa”. La OEA, durante una etapa fue muy crítica de Maduro, pero en los últimos años ha sido incapaz de pronunciarse con claridad, especialmente durante el proceso que llevó al 28 de julio de 2024.

Mucho peor ha sido el papel de la CELAC, donde su presidencia (entonces Honduras) llegó hasta desconocer la regla del consenso para apoyar a Maduro.

Y, cuando todas las puertas diplomáticas se cierran, cuando los organismos internacionales no encuentran la forma de actuar, en este mundo donde el multilateralismo está en crisis, actúan los poderosos. Que, claramente, no lo hacen por altruismo: lo hacen por intereses: geopolíticos, estratégicos, económicos.

¿Es preocupante este mundo donde las potencias hacen lo que les parece de acuerdo a sus objetivos? Claro que lo es.

Pero ¿cuál es la salida que todos los que ahora se rasgan las vestiduras propusieron para Venezuela? Nos aburrieron con llamados a un falso diálogo acrítico, que muchas veces parecían simples tácticas para darle tiempo y por lo tanto oxígeno al régimen.

Todo cambio, si permite vislumbrar una salida, es bienvenido. Ahora bien, ¿es este el camino de la democracia? Todavía no está claro. Sabemos que todo proceso de apertura requiere negociación y facilitadores de ambos lados.

Pero las señales que venimos recibiendo son confusas. Delcy Rodriguez es mencionada por los EEUU como interlocutora, y ha jurado como presidente interina, pero su discurso sigue siendo completamente chavista, reivindicando al dictador Maduro. Los EEUU explican que la oposición democrática no tiene la capacidad de gobernar, no maneja los resortes del poder.

Ahora bien, ¿Delcy auspiciará la retirada del poder del régimen chavista? ¿ O buscará la forma de convivir con la administración Trump? Tiene cosas para ofrecerle a los EEUU (contratos petroleros, realineamiento geopolítico) que le pueden permitir obtener la continuidad.

A esta hora no está claro si hay una voluntad real de avanzar hacia una real democratización, o si la lógica del petróleo y la geopolítica terminará primando sobre la buena política. Son dos caminos que conducen a destinos muy diferentes.

Los que creemos en la democracia tenemos que hacer nuestros mayores esfuerzos para que el sueño de una Venezuela redemocratizada pueda finalmente cumplirse.

Los gobiernos y fuerzas políticas de la región tienen que apoyar la democratización, lo que requiere pragmatismo, pero sin duda tiene que incluir a la oposición democrática en la mesa, y la rápida liberación de los presos políticos.

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