No se puede calificar de otra forma la propuesta que hizo el sector mayoritario del gobierno, el MPP, por estas horas. La intención que se anuncia es incluir curricularmente en los programas de secundaria una especie de servicio militar obligatorio para que los muchachos desarrollen instrucción militar. Se fundamenta por el senador Saravia, y también por Fernández Huidobro, que la región "se empieza a complicar", según declaró a "Búsqueda" el primero hace 48 horas. El razonamiento es tan claro que no es difícil darse cuenta qué pasa por la cabeza de este sector del gobierno. Se desprende que la línea estratégica del mismo es prepararse para, eventualmente, declararle la guerra a algún país. ¿A quién va a declararle la guerra Uruguay? Parece de mentira, pero no lo es, ya que para fundamentar este planteo se argumenta que Chile ha invertido cifras millonarias en aviones de combate. Más invierte Brasil que tan cerca tenemos y a nadie en sus cabales se le ocurriría utilizar ese argumento para comprar un portaviones que nos custodie de un eventual conflicto en el Atlántico.
Nuestro país defiende su soberanía cuando actúa con inteligencia frente a otros que tienen más poder que nosotros. Las carencias que en materia de política exterior tenemos por estos días no se suplen con teorías milicianas sino con neuronas.
En el último mes las autoridades de la enseñanza redujeron la carga horaria de idiomas en la enseñanza secundaria, y pocos días después desde el gobierno se impulsa esta idea. El cambio es entonces incluir instrucción militar y sacar inglés.
¿Cuáles son las necesidades del país, que nuestros muchachos sepan tirar con fusiles de combate o que aprendan informática, idiomas o ciencias? ¿Con qué se defiende mejor Uruguay, con capacidad intelectual o con liceales aprendiendo a tirar con obús? ¿Qué hace falta, más libros o más artilleros?
Esta iniciativa refleja la concepción militarista que anida aún en la cabeza de algunos sectores, que habiendo licuado el discurso para poder ganar siguen abrazando las mismas ideas que hace unos cuantos años defienden.
Quedaron incluso estancados en los paradigmas de los conceptos de defensa nacional de la guerra fría. No se han dado cuenta que para dañar a países como el nuestro no hace falta cañoneras, alcanza con cerrarnos los mercados o con las medidas proteccionistas que en materia agrícola impiden que nuestros productos compitan. Alcanzó con una nunca bien sabida causa de ingreso del virus de la aftosa en nuestro país para infligirnos un gravísimo daño, no es con pólvora que se nos lastima, es con otras cosas, menos ruidosas y también más potentes.
Los puentes que Argentina nos cierra no se abren a los cañonazos, porque bien que esta idea lanzada en este momento es doblemente inoportuna además de descabellada.
Uno se pone en lo que puede estar pasando por la cabeza de un muchacho que se pregunta sobre su destino en Uruguay, sobre las posibilidades de desarrollarse aquí, sobre las fuentes laborales que no sabe si tendrá y la depresión que le debe haber causado sentir que desde el gobierno se le anuncia que su formación ahora deberá integrarse con un servicio militar obligatorio. Se puede formar para la paz, y se puede formar para la guerra, que ese es el debate.
¿Dónde quedó la promesa de priorizar la educación y la inversión en ciencia y tecnología? ¿La inversión educativa para el MPP es adiestramiento militar básico?
Esta iniciativa es peligrosa. No hay que tomarla a la chacota porque refleja el pensamiento del sector más influyente del gobierno y no tiene nada que ver con la defensa nacional sino con un proyecto político de poder, al que hay que sumarle la política que en materia de medios de comunicación se impulsa y la enseñanza de la historia "oficial" que se impartirá.