Decencia elemental

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tomás linn
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Hay dos situaciones que están generando malestar en el país por lo que significan y porque no se observa intención alguna de asumir la responsabilidad que corresponde en cada caso.

La idea, más bien, es sostener que no hay tales situaciones sino que se trata de un sostenido ataque del oficialismo a la oposición.

Uno de los episodios se refiere al senador Charles Carrera y la comprometedora situación que vivió en el período anterior, cuando era director general en el Ministerio del Interior. El otro caso se refiere a organizaciones públicamente alineadas con la izquierda, que para llevar adelante sus ollas populares cobraron del Estado más de lo que necesitaban y mostraron cifras de gente que recurrió a esas ollas, mayores a las reales.

Es verdad, sí, que el oficialismo actuó con firmeza ante ambos episodios. Si eso es “hacer un uso político” de los hechos, como sostiene la oposición, habrá que ver. Aun cuando hubiera un uso político, ellos son, por sí solos y por fuera de toda lectura partidaria, muy preocupantes: deben ser aclarados y, desde el punto de vista de la sociedad (más allá de lo que eventualmente ocurra a nivel judicial), condenados.

El caso Carrera se refiere a un hombre de La Paloma, Rocha, herido de un balazo (por lo cual quedó paralítico) por un arma disparada desde una casa vecina, donde se festejaba el cumpleaños de un oficial policial.

El manejo que Carrera hizo del episodio rompe las reglas más elementales y muestra un manejo arbitrario de la situación. Todo indica que las medidas tomadas, y en especial la de darle un tratamiento especial de rehabilitación a la víctima en el Hospital Policial, buscaron ocultar la gravedad del hecho.

La “generosidad” llamativa hacia la víctima, pareció esconder un intento de silenciamiento. Algo así como que aquí no pasó nada y “te tratamos bien, pero tu no abras la boca”.

Eso quiere investigar una comisión parlamentaria que el Frente se rehusó integrar. Posa de víctima de una ofensiva oficialista, cuando en realidad debería hacerse cargo de la situación y con transparencia y honestidad, permitir una investigación al respecto.

Saldría mejor parado si lo hiciera.

Hay, además, una cuestión de elemental decencia que va más allá de las pujas políticas y obliga al Frente a conducirse de otro modo.

También es de elemental decencia condenar y tomar absoluta distancia de las organizaciones sociales que usaron fondos del Estado (dineros públicos que aporta la ciudadanía mediante el pago de impuestos) con absoluta irresponsabilidad, en el mejor de los casos, con perversidad en el peor de los casos.

La Coordinadora a cargo de varias ollas populares pedía más dinero del necesario y además, usaba, en plena pandemia, algunas de sus ollas para hacer proselitismo. Actuaba no con fines solidarios, sino políticos.

Al exagerar la cifras de lo que necesitaba, la Coordinadora trasmitía la sensación de que el número de necesitados eran muchos, con lo cual pretendían denunciar que las políticas sociales del gobierno para reducir “el hambre” eran inadecuadas. A esa maniobra propagandística se sumaba el hecho de que recibía recursos de más.

La treta no pudo sostenerse por mucho tiempo, porque al Mides le llamó la atención que mientras las ollas manejadas por otros servicios se iban reduciendo, estas no.

En otras palabras, hubo indecencia a la enésima potencia: querían mostrar que había más hambre de lo que la realidad decía, y querían quedarse con recursos que no necesitaban. Abusaron de una situación de emergencia nacional para beneficiarse en sus mezquinos intereses. Es como si los que organizan donaciones para ayudar a los perjudicados por una inundación o por un terremoto, se apropiaran de la ayuda recibida.

Esto tampoco puede quedar como si nada hubiera pasado. Y otra vez más, insisto, el cuestionamiento no debe ser solo parte de una puja política: debe quedar claro que ciertas formas de proceder no pueden ni ser permitidas ni ser perdonadas.

Otra vez más, el Frente se equivoca al alinearse con los “compañeros” cuestionados. Trasmite el mensaje equivocado, el de defender comportamientos indebidos, (si no delictivos) y el de avalar acciones que no son propios de una sociedad sana.

Alguien me dirá que no menciono el caso Astesiano. Sí, claro, es otro caso a tener en cuenta por su extrema gravedad.

De ese episodio el presidente salió muy malherido. Sin embargo, se hizo cargo del problema y se le podrá reprochar haber sido desprolijo en la elección de su custodio pero no de avalar lo ocurrido.

El caso está en manos de una fiscal que investiga con minucioso rigor. Todos los días los medios dan nueva información y todavía puede aparecer alguna derivación inesperada.

Inconductas hay siempre y en todos lados, es parte de la condición humana. El problema es cuando quienes deben hacerlo, no se hacen cargo, las tapan o peor aún, las avalan.

No debería ocurrir en una sociedad sana con una dirigencia política responsable.

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