Contrincante imposible

SEGUIR
JUAN MARTÍN POSADAS
Introduzca el texto aquí

Empezó el Mundial y, mientras dure, la capacidad de atención de los uruguayos estará en su totalidad absorbida por el rodar de la vieja y gloriosa globa. El fútbol, gran pasión (no existe otro deporte que atrape tanto como éste) pasó a ser descubierto y explotado como gran negocio.

Más allá de la manija publicitaria comercial el fútbol tiene indudablemente los rasgos de una pasión nacional: expresa algo que atrapa el interés y la sensibilidad de los uruguayos. ¡Si hasta César Batlle, Senador, dueño del diario El Día y voz principal del Partido Colorado, fue Presidente de la AUF!

En la medida en que el fútbol es algo compartido por todos opera como factor de unidad nacional: se constituye en un terreno sobre el cual se encuentran y reencuentran todos los uruguayos sin distinción, sin adentro y afuera. El todos generado de esa forma no deja de ser valioso. En los tiempos que corren, además, es un bien escaso y, por eso mismo, más valioso si cabe.

En el tiempo que va desde el restablecimiento democrático -treinta y pico largo de años- personalmente he percibido en este país donde vivo, dos veces y solamente dos, un sentimiento colectivo espontáneo de un nosotros. Hablo de una experiencia personal.

La primera vez fue cuando el gobierno de los Kirchner nos bloqueó los puentes, nos ninguneó y nos botijeó como solo los porteños saben hacer. A raíz de eso nos pusimos furiosos por unanimidad porque nos sentimos prepoteados como país, como Uruguay.

La segunda vez que lo sentí fue cuando el Mundial de Sudáfrica. Aunque fue solo un cuarto puesto se dieron una serie de elementos que hicieron que el país entero se sintiese satisfecho, dicharachero y alborozado en común por un buen rato. Dos veces en treinta años quizás sea un poco poco.

La ocasión de este nuevo mundial podría generar algo en ese sentido. Somos una nación, lo seguimos siendo aunque haya mermado visiblemente el deseo de seguir siéndolo. Somos una nación formada en el agregado de varias naciones: somos una nación de desembarcados. Pero hemos formado una nación propia: la de los orientales, la de esta tierra, que se empecinó históricamente en ser por sí y no dejarse disolver en sus grandes vecinos.

Y atendiendo a sucesos de estos días y que han quedado algo tapados por el bullicio del Mundial y considerando que la unidad nacional se sustenta y se alimenta en gran medida a través de símbolos, mucho ayudan manifestaciones de confraternización entre adversarios como las que han tenido lugar en la reciente Feria del Libro entre Sanguinetti y Mujica a propósito del libro producido a cuatro manos entre los dos.

Don Miguel de Unamuno, personaje destacado de las letras españolas y de la preservación de la dignidad en la locura de la guerra civil de su país, dijo una vez que España volvería a ser sí misma cuando los españoles volviesen a saludarse con el sombrero. El descuartizamiento que se había producido en España se había socializado a tal punto que unos se saludaban con el brazo extendido y otros con el puño en alto marcando cada uno su pertenencia-exclusión. Saludarse con el sombrero era volver a saludarse todos con todos.

Gritar un gol uruguayo va a ser un equivalente a volver a saludar con el sombrero. Esperemos que haya muchos goles uruguayos en este Mundial.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar