¿Compramos pop?

El país tiene su rumbo asumido: ninguna gran reforma de nada; intervenciones estatales para dar viabilidad a tal o cual sector; mirada distraída frente degradaciones duraderas; expectativas siempre bajas; y al que no le guste nada de esto, el aeropuerto para un mejor destino.

Ilustro en qué consiste este irla llevando: hace lustros que el pórtland de Ancap pierde decenas de millones por año; hace décadas que, quitando algún año excepcional, son más los uruguayos que emigran que los que llegan; hace décadas también que la proporción de niños pobres es más grande que la del resto de la población, y que además la inmensa mayoría de los jóvenes recibe una educación insuficiente; hace años que sectores enteros sobreviven gracias a subvenciones y prebendas: desde el gasoil más barato para Cutcsa, hasta la distorsión por el subsidio para automóviles eléctricos, pasando por las decenas de empresas en zonas francas que no pagan impuestos como el resto, y un largo etcétera; hace casi una década que sabemos que el proceso penal funciona mal y hace dos décadas ya que es obvio que el hacinamiento en cárceles alimenta la inseguridad; hace treinta años, al menos, que se sabe que la caja de profesionales es un esquema Ponzi; y finalmente, sabemos que no es posible que el sistema social funcione con jubilaciones a los 60 años con nuestra evolución demográfica y panorama de productividad laboral.

Todo el mundo, igual, la va llevando. Al final de cuentas, parecería ser lo más razonable, ya que pasan los años y todo sigue mal que bien marchando a pesar de los anuncios siempre trágicos de las Casandras. Pero la clave está justamente en eso, en el ritmo del mal que bien. Porque visto en el largo plazo y en comparación internacional, siempre estamos un poco peor. Un par de ejemplos: nuestra tasa de homicidios más que duplica a la de otros países del cono sur, cuando hace 30 años no era así; y nuestra pobreza no baja del 15% hace medio siglo, y eso que siempre la definimos con un umbral de ingresos bien bajo de manera de no tener que admitirnos que, en verdad, si fuese bien calculada, ella nunca sería en promedio menor al 30%.

Sin embargo, me da la impresión de que con las medidas del diálogo social quizás estemos llegando al final del camino del irla llevando como aspiración nacional. Lo sustancial que ha trascendido es liquidar las AFAP; jubilación a los 60 años para una mayoría a pesar de mantener la cifra teórica de 65 años; y aumentos de pagos sociales sin contrapartidas, lo que naturalmente potenciará el clientelismo electoral de las clases populares.

¿Se rompe pues el equilibrio izquierdista, ese que ha ido cediendo en favor de su polo más radical sin por ello tocar lineamientos sustanciales pro-economía de mercado, como pueden ser, por ejemplo, las AFAP? ¿O logran Oddone, Orsi y el pragmatismo tupamaro hacer que la izquierda mantenga el camino del irla llevando? Es claro que el signo de este gobierno no permite pensar que abandonaremos nuestro destino de largo declive. Empero, una cosa es hacerlo con nuestra parsimonia que lleva más de medio siglo ya, y otra muy distinta es acelerar el paso aplicando un populismo zurdo a la uruguaya.

El diálogo social nos pone en una encrucijada. ¿Compramos pop o nos ponemos las pilas y evitamos el populismo?

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