Carnívoros y herbívoros

En toda esta enorme crisis presidencial me interesa analizar el papel de blancos y colorados, es decir los principales partidos de oposición.

En primer lugar, lo obvio: la crisis no fue generada por ellos. Más bien su tenor los asombró: el episodio en sí -la forma y el monto del pago-; los errores de comunicación presidenciales -me tiro de cabeza y después no sé nada del descuento, o hago un video sin mencionar al Renault-; las implicancias graves -en vínculos empresariales y cuentas de campaña-; el torpe apoyo que recibió el presidente de su bando político; y el protagonismo de la sociedad: desde el periodismo -fueron investigaciones de El País y de Patricia Madrid las que despertaron el asunto-, hasta las investigaciones pertinentes en redes que denunciaron contradicciones. En nada de todo esto tuvieron que ver blancos y colorados.

En segundo lugar, ¿qué hacer? No es un ministro o un subalterno. Es la primera magistratura del país. Y no es algo generado partidariamente, por lo que no es claro hasta dónde puede ir y liderado por quiénes -¿caótico por las redes? ¿manipulado por golpes internos en la izquierda?-. Sin embargo, ya es evidente que la imagen de Orsi, que venía mal, quedará mucho peor aspectada durante buena parte de los 44 meses que le restan a esta administración. Y a partir de allí, se abren dos opciones: ¿pasa la oposición a liderar una campaña que inevitablemente debilitará más a Orsi, de forma de que su eventual renuncia ocurriera en un marco controlado? ¿O se mantiene espectadora, con exigencia elementales de información y transparencia, y deja que el presidente tome aire (o renuncie) solo?

En política están los herbívoros y los carnívoros. Los herbívoros ya empezaron a argumentar en pro de su posición: la legitimidad de origen de Orsi, el cuidado de la institucionalidad, el riesgo ideológico y político de la eventualidad de Cosse presidente, o el clásico de que hay temas más importantes. Los carnívoros sostienen que, en algún momento, habrá que domeñar la situación-Orsi: por la institucionalidad, ya que está mostrando política y moralmente no estar a la altura de la investidura; y por lo electoral, ya que es la oportunidad de dañar duraderamente al Frente Amplio (FA). En definitiva, un Orsi muy débil por 44 meses no es mejor para el país que una Cosse muy limitada en márgenes y apoyos.

El FA siempre ha sido carnívoro. Por ejemplo: con tal de menoscabar al gobierno organizó aglomeraciones en pandemia, de manera de potenciar contagios de Covid-19; o en plena crisis de 2002, pidió el default de la deuda externa para que todo volara por los aires. La Historia enseña que la política es para los carnívoros que entienden que lo mejor, siempre, es ser ellos los que estén al mando en el poder. Por lo tanto, nunca pierden oportunidad de herir de gravedad al rival (los colorados lo sufrieron con las elecciones de 2004). Cautela discursiva y cuidado al presidente, que incluso desde esta página editorial (con fama de opositora, por cierto) se han pedido, son reflejos esenciales de herbívoro.

Un detalle: si Orsi se mantiene, pero muy desacreditado, y si la oposición queda asimilada a la idea regional en boga de casta política, el carnívoro que anda en la vuelta, presto a llenarse de votos, es Salle.

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