Después de 30 años de periodismo hay una cosa que molesta. Y es no entender las razones detrás de algo que pasa. No decimos compartir esas razones, pero entenderlas. Desde la incursión de Sartori en la política uruguaya, nada nos generaba esa sensación como esto de Cardama.
Es claro que el gallego tiene una pyme, y que la génesis del contrato es un papelón. ¡Pero el tipo estaba cumpliendo! En vez de salir, “matar” al gobierno anterior por eso, romper el contrato, perder 40 millones, y arriesgar otros 100 o 200 más en un juicio en base a un artículo del Tocaf que la mayoría de la doctrina considera inconstitucional, y en contra de las corrientes modernas del derecho administrativo, es incomprensible.
La intriga se duplica viendo que la figura excluyente detrás de todo esto es el prosecretario de Presidencia Jorge Díaz. En el ambiente jurídico Díaz es visto como alguien con un esquema ético muy personal, pero un abogado competente. Sus salidas de esta semana, apelando a argumentos 100% políticos, y de la altura de un Valenti o una Abracinskas, dan alguna pista sobre lo que puede pasar. Pero para eso debemos, primero, viajar a Brasil.
En nuestro país se sigue poco la política cotidiana del poderoso vecino norteño, pero allí hay una crisis política mayúscula. Todo comenzó con el derrumbe del Banco Master, liderado por un empresario llamado Daniel Vorcaro. El hombre apareció casi de la nada (su padre hacía negocios opacos con un pastor evangélico de Belo Horizonte), y se convirtió en el empresario de moda. Aviones privados, amantes “influencers”, amigos jueces y políticos. Era imposible abrir un medio brasileño, ya sea de política, de negocios o de farándula, sin ver la cara de galán de la Globo del banquero Vorcaro.
Pero de un día para el otro, todo se derrumbó. La policía lo detuvo hace unos meses cuando se fugaba en su avión a Dubai, acusado del mayor fraude financiero de la historia de Brasil. ¡Imagínese! ¡O mais grande do mundo!
La explicación de lo que hacía es difícil de entender. Al parecer, adquiría unos títulos de más que dudosa solvencia, que incluía como encaje del banco, y con eso hacía préstamos e inversiones con rentabilidades absurdas. El viejo y querido esquema Ponzi.
Pero con una diferencia importante: el tipo tenía una puerta de salida. Estuvo a punto de vender todo a un banco estatal de Brasilia, gracias a sus contactos político, que le hubiera transferido la bomba financiera al estado. El caso del Banco Master es tan grande que la investigación cayó en manos del Supremo Tribunal Federal. Y en particular de un juez, José Antônio Dias Toffoli que, entre otros antecedentes, fue el que liberó a Lula de la cárcel anulando los testimonios de los “arrepentidos” que lo señalaban como figura clave del “Lava Jato”.
El problema es que la policía descubrió que Dias Toffoli tenía una relación íntima financiera con el banquero. Ante el escándalo, los demás jueces del Tribunal, a regañadientes, forzaron al juez a dejar el caso. Pero la cosa no quedó ahí. Porque también se filtró que la esposa de otro de los jueces de ese tribunal, Alexandre de Morais, que tiene un pequeño estudio jurídico, había firmado un contrato millonario con el banquero poco antes de su “quiebra”, sin que quede claro para qué. De Moraes es el juez que metió preso a Bolsonaro, y que censuró Twitter durante meses. Muy cercano a Lula.
Brasil hierve con este escándalo, que explota justo en el inicio del año electoral. Pero, de golpe, todo quedó frenado.
Es que con el inicio del carnaval, otra polémica se robó los titulares. Una escola do samba decidió armar un gran homenaje a Lula da Silva, incluso con un enorme monigote del presidente, levantando sus cuatro dedos. El tema ha sido polémico, porque el mismo Tribunal Supremo Federal, tiene precedentes de haber sancionado a partidos por desfiles similares a este, vistos como publicidad electoral ilegal.
Muchos analistas se preguntaban por qué Lula permitía esto, cuando ha polarizado a la sociedad, y ha generado enormes críticas. Una teoría es que el comando de campaña del PT tenía estudios de que esta polarización le sirve a Lula, en momentos en que su base lo mira con ojos cada día más críticos, por el clima económico, y el caso Banco Master.
Volviendo a Uruguay, a nadie escapa el nexo entre el PT y el Frente Amplio. Al punto que Lula envió a dos asesores importantes a ayudar en la recta final de la campaña de Orsi.
Esta “asociación”, y la similitud del momento en baja con su propia base que padece el gobierno uruguayo, respondería bastante a algunas preguntas sobre la loca fuga hacia adelante con el caso Cardama. Aunque... ¿arriesgar 200 millones para generar una bomba de humo distractora? Hay que tener una mirada muy conspirativa para creerlo. Y un sentido de la ética mucho más que personal para ejecutarlo.