Burke e Irlanda

Uno de los aspectos centrales de la trayectoria vital de Edmund Burke es su lucha contra la injusticia, sufrida a causa de la arbitrariedad, en distintos temas que tendremos oportunidad de analizar, comenzando por uno que le era particularmente cercano; la rampante discriminación que sufrían los católicos en su Irlanda natal. En este asunto, a diferencia otros en los que también se involucró, tenía un conocimiento de primera mano como consecuencias de su infancia y juventud, así como por la propia historia de su familia.

El resumen de las penalidades que sufrían los católicos en Irlanda realizado por Jesse Norman da cuenta de la opresión que ejercía el gobierno inglés, que había empeorado luego de la Revolución Gloriosa: “Entre otras cosas, los católicos tenían prohibido ocupar cargos públicos; no podían comprar tierras, salvo mediante arrendamientos de menos de treinta y un años; y tenían vedado votar, enseñar, casarse con protestantes, portar armas o poseer un caballo cuyo valor superara las cinco libras. Estas últimas disposiciones reflejaban el profundo temor de la minoría protestante ante la potencial amenaza de una milicia católica armada y montada”.

En una carta a su amigo Sir Hercules Langrishe, Burke describe ácidamente este conjunto de leyes como: “Una maquinaria de sabia y elaborada invención, tan bien diseñada para la opresión, el empobrecimiento y la degradación de un pueblo, y para envilecer en él la propia naturaleza humana, como jamás haya salido del ingenio pervertido del hombre.” Como señala Burke, los lamentables efectos de este sometimiento eran palpables, evitando, verbigracia, que Irlanda experimentara el rápido desarrollo económico que caracterizó a Escocia luego de la unión en Inglaterra en 1707.

Es interesante notar que uno de los más célebres defensores de la Revolución Gloriosa -al punto de ser señalado incluso como el padre de la interpretación whig de la historia- tuvo una visión negativa sobre sus efectos en su país natal: “En Inglaterra, la Revolución fue la lucha de la gran mayoría del pueblo por afirmar sus libertades frente a los intentos de una pequeña facción que pretendía oprimirlo. En Irlanda, por el contrario, significó la imposición del poder de una minoría sobre la mayoría, a costa de sus libertades civiles, de sus propiedades y de las libertades políticas de todo el país. En rigor, no fue una revolución, sino una conquista”.

La obra más célebre sobre la relación entre Burke e Irlanda es la biografía escrita por su compatriota Conor Cruise O’Brien. Su análisis psicológico del personaje y algunas de sus conclusiones son rechazadas por la mayoría de los expertos, pero hay dos puntos en que seguramente tiene razón. El primero es que “Si no se puede comprender la relación de Burke con la tierra en la que lo vio crecer, no se puede comprender a Burke”. El segundo es que, si bien Burke desde que ingresó al Parlamento siempre tuvo en mente ser “de alguna utilidad para la tierra en la que nací y me formé” durante la mayor parte de su vida “sus declaraciones públicas acerca de Irlanda fueron pocas, cautelosas, crípticas y, en ocasiones, evasivas” en parte debido a las acusaciones que sufría ser un católico encubierto, como solían denunciarlo las caricaturas en la prensa en solían representarlo vestido como un sacerdote jesuita.

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