WILFREDO PEREZ
Hijo de Bernardo Prudencio Berro, uno de los hombres más ilustrados de su época, hizo honor a su apellido sirviendo al Partido Nacional con gran coraje en los campos de batalla y con prudencia y honestidad como civil.
Soldado en 1857, oficial en 1864 y participante en la revolución del Quebracho, acontecimientos éstos que lo obligaron a emigrar a Argentina y a Brasil.
Llegado 1897, se desempeñaba como jefe de la escolta del coronel Atilio Pigurina. Pero el 12 de marzo fue informado de lo que corría como reguero de pólvora: Aparicio Saravia había invadido rumbo a Nico Pérez y al llegarle orden de replegarse a la plaza, tomó la decisión de reunir a sus hombres y logrado esto hizo llamar al teniente 1° Ramón Etchart y le expresó que como blanco que era, se iba con los suyos y que en atención a las distinciones que el coronel Pigurina había tenido para con él, le permitía a Etchart y a todos los que no quisieran seguirlo, que se retiraran con sus armas.
Al día siguiente visitó al coronel Agustín Urtubey y éste le acompañó, incorporándose ambos a Saravia, quien encargó la jefatura de la División 3a. a Urtubey y la subjefatura a Berro.
En Arbolito -donde cayera Chiquito Saravia- Berro entró al mando de los tiradores de su División, quedando Urtubey con los lanceros. La acción de Berro fue tremenda. Primero, obligando a entrar en combate a algunos refugiados que retrocedían frente al enemigo. Casi sin municiones, se batió en retirada con apenas diez o doce hombres, cuando haciendo fuego con su winchester le mataron el caballo. Entonces rehace su gente y junto con el coronel Juan Francisco Mena, se preparan para cargar si es que el enemigo sale a campo raso, lo que no ocurre.
A los pocos días, el coronel Urtubey se retiró del Ejército y Berro asumió la jefatura de la División, interviniendo en casi todas las acciones, deparándole en Aceguá el enorme dolor de la muerte de su hijo Teodoro.
Terminada la Revolución del 97, Bernardo G. Berro fue designado Jefe Político del departamento de Treinta y Tres.
En 1903 y 1904, aun cuando ya los años y los achaques cargaban pesadamente sobre su físico, acompañado por sus hijos Pedro y Aureliano, concurrió a las citas del deber partidario, tomando a su cargo la misma Jefatura de la División 3a. a la que llevó, con inclaudicante valor, a cubrirse de gloria en varios combates.
Cabe relatar, a modo de ejemplo, que en la batalla de Tupambaé, una de las más sangrientas, mientras marchaba en una volanta al costado de su División, pidió el caballo y la espada y dejando a un lado los dolorosos achaques, montó y se puso al frente de sus hombres en la propia línea de combate que se le había asignado a la División 3a. Al pasar un profundo barranco una granada cayó en la corriente, a pocos metros de la columna. Berro, espada en mano, dominó con energía la impresión que esa granada había provocado en sus filas. El coronel Gregorio Lamas, que se encontraba allí con el Estado Mayor a su cargo, sacándose el quepis saludó con un "¡Viva el veterano Bernardo Berro!", a lo que éste contestó con un fuerte "¡Viva la Patria!"
Y era ese "Viva la Patria", la gran verdad y causa de la vida de don Bernardo G. Berro, cumplidas al pie de la letra hasta que llegó el fin de su trayecto terrenal el 28 de mayo de 1913.
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Fuente: Archivo Angel Baz Robert