Avive el seso y despierte

Los repetidos triunfos del Frente Amplio (FA), que desde 1999 es al menos siempre mayoría relativa, no son sólo consecuencia de coyunturas electorales hechas de temas de campañas y candidatos propuestos. Tienen un sustantivo basamento cultural que se apoya, entre otras cosas, en un relato de la historia reciente que es casi siempre sesgado y favorable a la izquierda.

Por estos días se cumple fecha de la declaración del estado de guerra interno que votó la Asamblea General el 15 de abril de 1972. Fue la respuesta que nuestra democracia dio a los terribles asesinatos que los tupamaros cometieron en la mañana del 14 de abril. Mataron a Ernesto Motto, Oscar Delega, Carlos Alberto Leites y Armando Acosta y Lara. Los acusaban de formar parte de grupos parapoliciales que atacaban a simpatizantes de izquierda. Fundaban su acusación en lo que se conoció como las actas de Nelson Bardesio: una declaración de un agente de segunda y fotógrafo policial que, durante su secuestro por la guerrilla, declaró que esas y otras personas más integraban los llamados escuadrones de la muerte.

El estado de guerra interno, votado por blancos y colorados, fue limitado en sus fines y por 30 días. La preocupación de ambos partidos fue evitar entrar en una lógica institucional autoritaria. Sin embargo, los representantes del FA en el parlamento no solamente votaron en contra de la propuesta del ejecutivo colorado modificada por el Partido Nacional, sino que, además, dieron legitimidad a la declaración de Bardesio. El colmo fue el senador Terra, demócrata cristiano, que a raíz de ella pretendió que los ministros dieran explicaciones. El senador Erro, afín a los tupamaros, leyó las actas en sala como si ellas fuesen un testimonio válido y a ser tenido en cuenta. La sensatez republicana, contrariando tales disparatadas posturas pro-guerrilleras, fue aportada por los colorados Jude y Hierro Gambardella, y por el blanco Ortíz.

Más de medio siglo más tarde este episodio clave ilustra el tipo de narración que abunda y que siempre es de sesgo pro-frenteamplista. Los ejemplos son numerosos, pero me detengo aquí en la página 96 del libro “Blancos”, de 2021, coordinado por Bucheli y Garcé (que son de lo menos zurdo que hay en la vuelta): los asesinados eran “presuntos integrantes del Escuadrón de la Muerte”; blancos y colorados votaron “la imposición de un estado de guerra interno”; y Ferreira luego mostró su “arrepentimiento por haber votado esa medida”.

Anoto cosas de sentido común: es una infamia afirmar tal presunción sin decir en qué consistía, es decir, en algo tan endeble como declaraciones de un policía secuestrado; cuando la inmensa mayoría de una Asamblea General, votada por el pueblo seis meses antes, aprueba un cambio legal solicitado por un Ejecutivo que cumple así con la formalidad democrática más estricta, no se está imponiendo nada; y no es históricamente válido recordar lo de Ferreira sin explicar el contexto en que tal afirmación fue hecha.

Este es sólo un ejemplo. Pero la verdad es que toda la historia reciente está contada en contra de los partidos tradicionales y a favor del FA, y que esa es parte de la base cultural que sustenta el piso electoral del 39% del FA desde 1999. Hace 550 años Manrique escribió: avive el seso y despierte.

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