Resulta grato que se esté analizando la posibilidad de que se realicen "picadas" reglamentadas y controladas, en el autódromo de El Pinar, tal como se hizo hasta 2006. De esta manera, se limitaría esta actividad que, hecha en calles de la ciudad configura un grave peligro que se suma a las otras contingencias del tránsito nacional.
Por ahora, las pruebas de aceleración ilegales o "picadas", son una práctica callejera repudiable que merece severas sanciones. Pero si se logra trasladarlas al ámbito natural del deporte automotor, que es el circuito arriba mencionado, el tema cambia. Es como si las carreras de velocidad pasaran de las calles a los circuitos.
El automovilismo deportivo correctamente reglamentado y supervisado, merece apoyo. Lo otro es el caos.