Asuntos de conciencia

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tomás linn
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El proyecto de ley sobre la eutanasia generó algunas rispideces entre legisladores de la coalición. Que esto ocurra respecto a un tema como el de la eutanasia no tiene mucho sentido.

Una coalición de gobierno debe tener a sus partidos alineados en temas referidos a la gestión de gobierno, a proyectos vinculados a un mejor desarrollo del país, a la generación de la riqueza, a la productividad, la eficacia administrativa, la seguridad de la población, la educación.

El tema de la eutanasia toca otra fibra, relacionada a la conciencia personal, a convicciones muy íntimas y arraigadas. No tiene mucho que ver con la lealtad política o la disciplina partidaria. Por lo tanto no divide a partidos unos contra otros, sino en forma transversal. Habrá quienes estén a favor o en contra, más allá de como se alinean en otro tipo de votaciones en el Parlamento.

Esto no parecen entenderlo algunos legisladores. El país está viendo que muchas discusiones en la Cámara Baja se procesan con argumentaciones muy elementales (se “corta grueso” para usar una expresión popular) y que tanto en la bancada oficialista como en la opositora está haciendo falta un apresurado proceso de maduración para poder verlos actuar con al menos un poquito de sofisticación.

La eutanasia es un tema de conciencia personal, vinculado a convicciones muy íntimas y arraigadas.

En todo país democrático, siempre surgen asuntos que apelan más a las convicciones personales que a posturas de grupo. Basta revisar lo que viene pasando en Uruguay en estos más de 30 años de continua vida democrática.

Desde la ley que autorizó mantener la cruz en Bulevar Artigas, pasando por el matrimonio entre gente del mismo sexo a la ley que despenalizó el aborto, ese matiz estuvo siempre presente.

Cuando se decidió que debía quedar en su lugar la cruz bajo la cual celebró misa el Papa Juan Pablo II durante su visita a Montevideo, no hubo desde las conducciones partidarias instrucciones sobre qué hacer. Cada legislador votó según su leal saber y entender.

Se dijo, en ese entonces, que el Parlamento había perdido tiempo en discutir un tema de esas características. Sin embargo no fue tan así. Hubo sí un largo y fuerte debate que se reflejó en entrevistas y columnas publicadas o trasmitidas por los diferentes medios. Pero en la medida que cada legislador estaba libre de decidir, no hubo una seguidilla de interminables sesiones de las distintas bancadas y la votación ocurrió en un único día.

La despenalización del aborto tuvo dos instancias, ya que la primera vez que se aprobó una ley al respecto fue vetada por el entonces presidente Tabaré Vázquez. Lo cual muestra que si bien lo religioso pesó en el tema, no lo hizo tanto. Vázquez no era creyente. Incluso hoy, en Estados Unidos quien defiende el derecho a abortar, en un momento en que un reciente fallo de la Suprema Corte revirtió ese derecho, es un presidente católico como Joe Biden.

En la segunda vez, cuando la ley sí fue promulgada por Mujica, los partidos pidieron mayor disciplina. En el Frente Amplio hubo quienes objetaban la ley y optaron por solicitar licencia para que su banca fuera ocupada por un suplente. Pedro Bordaberry, que en ese momento lideraba el Partido Colorado, pidió que se votara contra ella lo que llevó a que el diputado Ope Pasquet, un notorio defensor del derecho al aborto, debiera votar lo opuesto. En esa oportunidad el expresidente Julio Sanguinetti había escrito una ponderada columna expresándose a favor de la ley, pese a que su partido mantuvo otra posición.

La ley del matrimonio entre personas del mismo sexo no generó tanta controversia, pero también se hizo con la lógica de que cada legislador votaba según su conciencia. Obtuvo una mayoría muy amplia, con votos de todos los partidos. Quienes se opusieron, si bien no estaban de acuerdo que se hablara de “matrimonio”, sí entendían que debía reconocerse a las parejas gays similares derechos a los de cualquier matrimonio. Una postura que podría calificarse de conservadora, pero a final de cuentas no obtusa.

Algo similar deberá pasar con la ley de eutanasia. Apela a convicciones muy personales y trasciende las fronteras partidarias o ideológicas. Es más, los varios debates realizados en medios fueron, en su totalidad, hechos con mucha altura y respeto, lo cual de alguna manera implica que cada parte reconoce que el otro puede tener sus motivos para defender una posición distinta a la suya.

En este diario hubo columnistas que abogaron por una posición o por otra, compartiendo a veces la misma página. Columnistas que en otros temas podrían tener muchas coincidencias, pero no justamente en este.

Por lo tanto es natural que dentro de un mismo partido en cuestiones tan delicadas como esta, cada uno tenga posiciones distintas. Ello no debería provocar sensibilidades mayores. Siempre fue así.

La Coalición debería preocuparse de otro tipo de diferencias, en temas referidos a políticas de gobierno, donde la señal que se está emitiendo no siempre es la que esperan quienes los votaron.

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