Transcurrido un año de gobierno de Yamandú Orsi aparecen voces haciendo balance de gestión. Fue el propio presidente del FA Fernando Pereira quien “tiro el gato arriba de la mesa” saliendo a explicar las razones por las que discrepa con las visiones que califican a Orsi y su equipo de “tibios”.
No quedó muy claro a quien le estaba contestando el otrora ascensorista de Primaria. No sería extraño (dadas algunas mediocridades imperantes) que estuviera apagando focos ígneos generados por 4 o 5 murgas que fogonean ese ya viejo duelo de “bolches vs tupas” y le piden a Orsi mas odio hacia Israel y que impulse el impuesto al Patrimonio al 1% más rico del Uruguay.
Esta pálida puesta en escena de una autocrítica frentista tuvo como contracara -hace unos meses- en otra parodia análoga que se realizó en filas del Partido Nacional y que culminó con una autocrítica que como siempre sucede se achacan las culpas “a los otros”. Nada nuevo bajo el sol. No obstante ello las 2 Coaliciones perfilan ya objetivos claros y con estrategias que empiezan a delinearse para 2026.
La Coalición Republicana busca remedar el error de no haber votado juntos en 2024 y cada vez quedan menos voluntades que apuntan a mantenerse independientes de cara al 2029. El desafío y también la estrategia es seguir marcando perfiles autónomos mientras se esboza un formato superior de unidad que le de al elector la confianza que estará votando algo mas que una expresión de aversión al FA. Esta Coalición también tiene el deber de preservar la imagen de su máxima figura (Lacalle Pou) por tanto se verá forzada a extremar una defensa/ataque muy efectiva en las operaciones “enchastre” oficialistas con “Cardama” como leading case. Supone un ambiguo escenario. No le conviene a Lacalle apurarse a aparecer en escena pero tampoco mostrar prescindencia. Será un complejo equilibrio que seguramente será manejado con buen “timing”.
En la Coalición Frenteamplista el desafío de la cúpula es administrar la crisis del crecimiento del MPP. Esta suerte de Peronismo a la Uruguaya que cobija tanto a un Caggiani como a un Oddone pasando por acuerdos con Ache y Argimón y mimos a Olivera y Sanjurjo.
El 2° año de gobierno para Orsi importa el desafío de buscar un repunte en las encuestas de aprobación de gestión. Para ello ya es ostensible la estrategia de presión a los medios con una campaña de marketing presidencial como no ha habido antes en la historia de este país. La complicidad de la “prensa compañera” capitalina bordea ese límite. La “barra” les exigirá aumentar el gasto y nos espera una rendición de cuentas muy divertida.
Pero el caballito de batalla o plataforma de campaña de cara a 2029 se llama “Cardama”. La maniquea jugada de ajedrez del Rasputín uruguayo.
Allí están concentrados todos los esfuerzos del Co Presidente Jorge Díaz para darle visos de litigio anti corrupción a un síndrome de Profecía auto cumplida. El Gobierno hizo todo lo posible por destruir un negocio con una contraparte privada para luego acusarles y de “carambola” golpear la imagen del principal candidato opositor el Dr. Lacalle Pou. Los daños que se generen al país no serán cuantificables en este periodo y tal vez los sufriremos en 10 años. Las estrategias de ambas Coaliciones nos auguran un 2026 entretenido. ¡Pobre país!