Aritmética política y económica

El Poder Ejecutivo debe presentar antes del 30 de junio su primera Rendición de Cuentas enfrentando varias tensiones. Por un lado, sectores del propio Frente Amplio reclaman más recursos para áreas que consideran necesarias, mientras el gobierno anuncia que priorizará seguridad, infancia y personas en situación de calle. Por otro, la realidad fiscal exige exactamente lo contrario: contener y reducir el gasto público por lo que, evidentemente, no sólo no se va a poder dejar contento a todo el mundo, sino que esta discusión puede no ser ni chicha ni limonada, vale decir, ni lo que el país necesita en materia fiscal ni lo que pretender algunos sectores del oficialismo.

Conviene recordar de dónde venimos. El Presupuesto se elaboró el año pasado sobre un supuesto de crecimiento de 2,6% para 2025 y 2,2% para 2026. Sobre esa base se construyeron las proyecciones de ingresos, el sendero de reducción del déficit y los compromisos de gasto. Bastaron unos meses para que el andamiaje se revelara endeble. El año pasado el crecimiento fue de 1,8% y este año el propio MEF ya redujo su proyección a 1,6% mientras la mediana de los analistas privados ya la ubica en 1,3%. Las cuentas, entonces, se hicieron con números que no se cumplieron ni se van a cumplir. Aquí aparece la paradoja que hasta el momento el equipo económico no ha explicado. Si la economía crece bastante menos de lo previsto, entonces los ingresos serán menores a los proyectados y, sin embargo, el gobierno afirma que las metas fiscales del Presupuesto se mantienen inalteradas. ¿Cómo se sostiene una meta de déficit construida sobre ingresos mayores a los reales?

El Consejo Fiscal Autónomo viene advirtiendo con claridad que el déficit estructural ronda el 4% del PIB y que sostenerlo durante varios años es incompatible con la sostenibilidad de la deuda. También señaló lo obvio: la corrección debe venir por el lado del gasto y no de más impuestos sobre una economía estancada. A eso se suma el tiro en el pie de haber defendido desde el propio equipo económico los cambios en las AFAPs promovidos en el diálogo social que constituyen un cambio de reglas de juego.

La Rendición de cuentas debería corregir los errores del Presupuesto reduciendo el gasto público, pero eso no ocurrirá por razones políticas, aunque seguramente mucha gente termine molesta por la falta de recursos para sus áreas de preferencia. La idea de que invertir más en educación, saludo o vivienda pasa por aumentar los presupuestos del Ministerio de Educación, Salud o Vivienda está muy arraigada en ciertos sectores, aunque ignore olímpicamente que sería mejor promover el gasto privado en cualquiera de esas u otras áreas.

La idea equivocada desde el primer momento de que un gobierno de izquierda no puede reducir el gasto, la evolución económica peor a la prevista por el MEF -aunque en términos generales no por los analistas privados- y las demandas de mayor gasto envalentonadas por las encuestas sobre el mal desempeño del gobierno son datos de una ecuación difícil de resolver.

La Rendición de Cuentas que se presentará a fin de mes nos permitirá saber cómo se intentará, si priorizando la aritmética económica, la política o con la búsqueda de un equilibrio imposible.

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