Aquellos primeros vecinos

GUSTAVO PENADÉS

El próximo 1º de enero se cumplirán 276 años de la instalación del primer Cabildo en la Banda Oriental, completándose así jurídicamente la etapa fundacional de Montevideo, elevándosela a la categoría de Ciudad. Comenzaban los primitivos pobladores de la Ciudad a ser responsables de su propio gobierno y destino.

Rápidamente comenzaron a afincarse nuevos vecinos y a gestarse un sentimiento de pertenencia y de arraigo a la tierra que estaban poblando.

Unos pocos años más tarde, la segunda y tercera generación de descendientes de aquel primitivo núcleo de pobladores, se constituiría en firme defensa frente al ataque de las fuerzas inglesas que pretendía extender su hegemonía en el Plata. Soldados y voluntarios montevideanos cruzarían a la otra Banda para colaborar en la reconquista de Buenos Aires, y sufrirían más tarde el asedio y toma de la Plaza montevideana por parte del ejército inglés.

La valentía y el desinterés exhibido por aquellos vecinos fue reconocida por la Corona española quien los galardonó con el título de la "Muy Fiel y Reconquistadora", divisa que fuera incorporada al escudo de la Ciudad junto a las banderas abatidas del invasor.

Esa epopeya, que debemos aquilatar en sus justos términos -se trató de la derrota de las fuerzas armadas de una potencia de primer orden mundial-, hizo mucho en la forja de la nacionalidad, proceso que culminará más tarde en la etapa revolucionaria teniendo como jalón magnífico el Éxodo del Pueblo Oriental.

Dichos acontecimientos pasan desgraciadamente desapercibidos. No se insiste en ellos y en lo que significaron como antecedente inmediato del Proceso Artiguista. Esa Banda Oriental que con orgullo podía exhibir tan nobles galardones iría así madurando en su convencimiento de que era capaz de decidir por sí misma su destino; adquiriendo conciencia de su propio valor, de su capacidad para enfrentar el infortunio. La lucha de puertos, las diferencias entre las autoridades porteñas y las montevideanas; los duros enfrentamientos entre gobernadores militares y el Cabildo coadyuvarían también a formar el sentimiento de que la Banda Oriental, o por lo menos Montevideo, eran algo distinto y diferente de la por entonces Capital del Virreinato.

Nos parece oportuno insistir en la necesidad de que el ciclo de acontecimientos que se inicia con las Invasiones Inglesas renueve el entusiasmo en la contemplación del proceso de construcción de nuestra nacionalidad. Los orientales no somos un invento de ninguna cancillería. Somos la expresión de un pueblo que casi de darse cuenta un día advirtió que era diferente; pero sin que ello significara apartarse ni romper con la hermandad superior de los pueblos del Plata.

En estos días en que las noticias nos presentan un panorama harto lamentable de las actitudes de gobernantes y ciudadanos -de buena y mala fe- que empañan las relaciones entre hermanos, es sano hacer memoria y recordar nuestro pasado, nuestra genealogía como Nación, diferente y única por definición, pero hermanada y participante de una comunidad mayor; destino impuesto por su pasado común, afectos y la misma geografía.

Es triste que haya quienes, reiterando enfrentamientos del pasado, insistan en actitudes que procuran separar en lugar de unir, para beneficio de los logreros que nunca faltaron y que pretenden extraer beneficios egoístas a costa de la felicidad de los pueblos.

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