Pablo Da Silveira
Hagamos un breve repaso de las principales noticias sobre educación difundidas en los últimos días.
Una encuesta de la consultora Cifra reveló la semana pasada que, para el 61% de los uruguayos, la enseñanza secundaria empeoró en los últimos diez años. El 57% piensa lo mismo de la enseñanza primaria.
Un informe del Sistema Integrado de Información Financiera de ANEP reconoció que, al 31 de agosto de 2011 (es decir, concluidas las dos terceras partes del año), las autoridades educativas sólo lograron ejecutar el 37% de los fondos que recibieron para realizar inversiones. Primaria es la rama que consigue un mejor nivel de ejecución, con un modesto 40%. En Secundaria sólo se ejecutó el 30% (menos de uno de cada tres pesos recibidos). En UTU, el nivel de ejecución es del 21% (sólo uno de cada cinco pesos disponibles). En formación docente, el nivel de ejecución presupuestal al fin de agosto cae a un alucinante 4,27%.
Pocos días antes de conocerse los datos recién mencionados, este diario publicó un informe sobre el estado de la formación docente. De los casi dos mil alumnos que ingresaron al IPA en 2008, apenas el 3% se inscribió en cuarto año en 2011. El 97% restante abandonó o acumuló retrasos. En el caso concreto de Matemáticas, de los 350 estudiantes que ingresaron en 2008, apenas 7 se inscribieron en cuarto este año. Las cosas son apenas menos graves en magisterio, donde egresan 19 de cada 100 inscriptos. El número de maestros titulados por año viene cayendo desde 2008.
Unos días antes de la publicación de ese informe se difundieron los resultados de un estudio sobre clima institucional encargado por ANEP. La encuesta, realizada a unos dos mil alumnos del Ciclo Básico en 15 liceos de la capital, revela que el 87% de los liceales de contextos socioculturales desfavorecidos se sienten inseguros dentro de su propio centro de estudios. El 20% dice haber sido víctima de actos de violencia física (incluyendo amenazas con armas) y el 16% dice haber sido objeto de acoso sexual.
Por esos mismos días se supo que, si bien el Codicen estaba enviando partidas de hasta 10 mil dólares a unos 280 liceos públicos para responder a la emergencia edilicia, las rigideces burocráticas impiden que los directores utilicen ese dinero para resolver los problemas que consideran más graves y urgentes. Varios directores consultados relataron que tienen aulas equipadas con aire acondicionado y cañones de proyección, pero no cuentan con baños que funcionen.
Este rápido repaso (que podría extenderse fácilmente), no deja dudas sobre el estado de nuestra enseñanza: estamos asistiendo a un colapso, a un naufragio completo y veloz. Estamos en la cubierta del Titanic. Si en este momento no hacemos sonar todas las alarmas, es que hemos perdido toda capacidad de reacción.
Lo único bueno de esta situación es que nada nos impide experimentar y ser audaces. Ya casi no hay resultados que puedan empeorar. Ya queda muy poco que se pueda romper. Las ideas y prácticas conocidas sencillamente han dejado de funcionar. Llegó el momento de hundirse o innovar.