Actuación muy plausible

| En medio de una gran gritería sin causa ni razón, rescato la voz sensata de Alberto Volonté

Los Presidentes de Argentina y Uruguay conversaron en Santiago de Chile y concertaron un buen procedimiento que bien puede llevar a la solución del problema referido a las fábricas de celulosa. Se trata, como siempre de hacer concesiones recíprocas y, en este caso, simultáneas.

Vale la pena ser precisos en cuanto a tales concesiones:

1) El Uruguay admite una paralización de las obras por un término no mayor de 90 días si, AL MISMO TIEMPO, Argentina desbloquea los puentes interruptos por los piqueteros. Esto implica dos tareas paralelas: Kirchner debe despejar los puentes y Vázquez debe lograr que las empresas acepten detener las obras; ambos a determinada hora de un día determinado.

2) Lograda y estabilizada esta situación, se nombrarán peritos de reconocida solvencia moral y técnica, que establezcan el grado de contaminación admisible y los controles necesarios para mantener invariable ese grado de contaminación. El Uruguay ya adelantó hace tiempo, que está dispuesto a compartir ese control. Por ese camino, las diferencias de carácter ambiental quedarán aclaradas al más alto nivel y de ser admisible el grado de contaminación, quedará definido el modo de ejercer la vigilancia posterior a ejercerse de manera conjunta, por ambos países. Demás está decir que si se altera la situación (si se reinician las obras o se bloquean los puentes, durante los 90 días acordados) automáticamente, se vuelve a punto cero; sería una comprobación de hecho: el procedimiento ideado habría fracasado.

3) Cumplida en tiempo y con éxito la segunda etapa (puramente técnica) los Presidentes se reunirán por dos veces, para acordar en el plano jurídico (político) el acuerdo entre los dos países.

COMENTO: Según este sabio plan, las diferencias que nos mortifican se resuelven por vía del saber y la cultura: llamando a los que saben. ¡Dios! esto es poco frecuente entre nosotros.

Un hombre insospechable y que sabe de lo que habla, escribe en un diario que no apoyó la tesis uruguaya ("Clarín" de Buenos Aires). —"No estamos ante problemas de soberanía. Estamos ante la necesidad de reclamar a empresas internacionales, que dominan las mejores tecnologías disponibles, que demuestren frente a los técnicos de los dos países que controlan como corresponde los efluentes de sus plantas productivas y que a partir de allí se sometan a un monitoreo permanente de su trabajo." (Ingeniero Enrique Martínez, Presidente del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial de la Argentina).

¡Caramba! Esta es exactamente la solución que proponen los uruguayos que saben más, Patrick Moyna y los profesores de nuestra Facultad de Química publicaron las ventajas de esta solución.

¿Qué están haciendo en el medio los que saben menos, al agitar fantasmas?

El procedimiento en el cual coincidieron en Santiago de Chile los dos presidentes, resuelve el caso en función de consideraciones técnico-ambientales; y es un procedimiento que en cualquier hipótesis favorece al Uruguay.

—Si los técnicos dan luz verde a la construcción, al funcionamiento de las fábricas y al debido control, el prestigio de tal solución habrá reforzado de manera irresistible, la razón que el Uruguay cree tener.

—Si los técnicos opinan que las fábricas son iremisiblemente contaminantes a grado inadmisible, habrán salvado al Uruguay de un mal gravísimo.

LOS ASPECTOS POLITICOS. Es contra natura, mantener un diferendo que encienda pasiones nacionalistas capaces de enfrentar al Uruguay con la Argentina. Hay quienes están pidiendo una patriada. La inmensa mayoría de los habitantes de ambos países no quiere eso.

Metidos en el brete actual (Uruguay agredido por un bloqueo y los enterrianos espantados ante la posibilidad de una contaminación amenazante) algo hay que hacer para descomprimir la situación; y todo indica que lo más sensato es encarar el problema ambiental como un problema ambiental y no, apasionado.

Estoy rodeado de hombres y mujeres que quieren salir con la espada flamígera de los ángeles vengadores y demostrar que Kirchner tiene la culpa de todo; y achicharrarlo. La alegoría del Juicio final nada tiene que ver con la conveniencia de los Estados, ni con la fraternidad en esta parte del mundo.

Vamos a suponer que Kirchner tiene la culpa. ¿Y qué? En ese caso lo que corresponde es, justamente, hacer lo que estamos haciendo: darle una salida digna. Es un Presidente y representa al país más próximo a nosotros en todos los sentidos de la palabra. Si se equivocó, por eso mismo necesita un puente de plata y hay que tenderlo; sobre todo cuando ese hombre habla y actúa como lo está haciendo. No tenemos que ser nosotros quienes lo desautoricemos cuando dice del modo más emocionante que es nuestro amigo. Estamos obligados a ceñir nuestra conducta, partiendo de la base de su sinceridad. No hay derecho a presumir nada. Solo Kirchner puede desmentir a Kirchner, en cuanto a su fuero íntimo.

He revisado con cuidado lo que dijo el presidente Vázquez en Santiago de Chile y luego en Montevideo y no encuentro ninguna contradicción. Hallo sí, deformación de la verdad en la ola de críticas que provocó, al ponerse de acuerdo con el presidente argentino, en cuanto al PROCEDIMIENTO a seguir.

—"Ha ganado la patota del piquete", dijo el presidente del Directorio del Partido Nacional, Jorge Larrañaga.

Pero no es fácil mostrar en qué ganó la patota, cuando el procedimiento acordado parte de la base que todo sigue como está, hasta que se suprima el bloqueo. La situación empeoró para los piqueteros porque ahora la necesidad de desbloquear pasó a ser una carga concreta para el gobierno argentino; se comprometió explícitamente a liberar el tránsito, como es su obligación (una obligación que K. se resiste a cumplir en Buenos Aires). Kirchner aclara cada tanto que no llegó a la Presidencia "para reprimir" y sin embargo dijo para que lo leyeran en Gualeyguaychú:

—Yo me opuse a los hielos continentales en la época de Menem, pero fue una oposición solamente institucional. Jamás permití que se cortara en mi provincia una ruta a Chile—, y en otro momento dijo:

—Cortar los puentes fue el error que cometió la Argentina.

¿Se necesita más aclaración?

Yo interpreto que son señales que Kirchner adelanta, antes de aplicar mano dura. No quiere hacerlo, pero si no le dan salida, lo va a hacer; va a despejar la ruta con el ejército (una noche, mil hombres, sin ejercer la violencia); ya lo hizo en dos oportunidades. Camino a Mar del Plata y en Santa Cruz.

Sanguinetti consideró "decepcionante" que se "equipare" la "ilegalidad de los piquetes" con la "actividad de una empresa". "No son cosas comparables".

COMENTO: La observación es exacta. Pero Sanguinetti sabe que de vez en cuando un presidente debe tragarse un sapo y que en este caso, hay que brindarle una salida digna al presidente argentino. Hizo casi todo lo necesario para merecer ese gesto.

Alberto Volonté fue quien escribió lo mejor sobre la actual contingencia:

—"El presidente Tabaré Vázquez ha hecho las cosas muy bien. Las fábricas de celulosa, la española y la finlandesa, son la consecuencia de una política de Estado que comienza en 1987 durante la presidencia de Julio María Sanguinetti, que, con visión de futuro, promueve una original política forestal y de aprovechamiento de la madera.

Una política de Estado le permitió demostrar a Vázquez que estaba a la altura de las circunstancias y que se iba a comportar como un estadista. Pero, además, al asumir personalmente la responsabilidad de encontrar un camino de solución, unió tras de sí a todos los orientales y, en particular, a los líderes políticos que, sin excepción, lo exhortaron a terminar el diferendo a través del dialogo directo con su par, el presidente Néstor Kirchner.

La tarea no era sencilla. Algunos politólogos vernáculos le decían que el diferendo con la Argentina mejoraba su posicionamiento interno. Con el apoyo que le brindaba la sociedad uruguaya, su imagen popular, de por sí alta, se agigantaba a niveles de unanimidad. La tentación era grande porque, además, estaba convencido de que la razón estaba de su lado.

No obstante, no cayó en la tentación y, a riesgo de borrar algunas sonrisas y entusiasmos "patrioteros", con firmeza, prudencia y astucia (no contradicciones) logró reanudar un diálogo con el presidente argentino, que parecía difícil, del que surgió el comienzo de una solución definitiva. (La Nación, 16/03/2006).

El senador Carlos Baráibar (Asamblea Uruguay) dijo con razón que entre Vázquez y Kirchner "no hubo acuerdo sino que se generaron las condiciones para conversar"; y agregó: "Simultáneamente" habrán de paralizarse las obras y habrán de levantarse los cortes. Ambas condiciones "se tienen que procesar".

COMENTO: Y ese es justamente, el rabito que queda por desollar. Las condiciones tienen que procesarse y el problema mayor es la asimetría.

Se sabe que parar las obras durante un lapso establecido, está convenido con las empresas.

Lo que no se sabe es, hasta donde está dispuesto a llegar el presidente argentino, si la liberación de los puentes se hace difícil.

Todos sabemos que sin tráfico enteramente libre (aún para los camiones chilenos con destino a Botnia) no habrá detención en las tareas de edificar las fábricas. Por eso resulta tan inexplicable la reacción alarmada en contra del procedimiento convenido, dentro del cual no perdemos prácticamente nada; y tenemos todo para ganar.

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