El marcador de las elecciones del domingo próximo es conocido por todos. Quien recibirá más votos será el Frente Amplio, seguido por el Partido Nacional y en tercer lugar se ubicará el Partido Colorado. De acuerdo a las proporciones que cada uno de ellos obtenga, se tendrá la configuración con que el Parlamento iniciará la Legislatura que comenzará el 15 de febrero. Creemos que el Frente no alcanzará la mayoría absoluta de los votos emitidos, y que por consiguiente quedará habilitada una segunda vuelta para dirimir la elección presidencial el 28 de noviembre entre los Dres. Jorge Larrañaga y Tabaré Vázquez. De suceder ello, nadie tendrá motivo alguno para festejar lo que hasta ahora no festejó. Pero ese resultado habrá de impactar negativamente en la militancia de la izquierda, a quien le han inoculado una dosis tan inadecuada como excesiva y como peligrosa de un triunfalismo que hace perder la perspectiva de la realidad. Comprobado que sea el resultado que estamos previendo, puede haber algún incidente desagradable en las calles montevideanas, alguna reacción intempestiva y ojalá que no, pero también algún acto de violencia, porque desde la cúpula frenteamplista se ha jugado demasiado con la ingenuidad de la gente. Hoy los montevideanos —insistimos, los montevideanos— estamos presenciando un espectáculo de copamiento de las calles con banderas, emblemas, bocinas, actos, proclamas publicitarias, de connotaciones muy parecidas a las de las elecciones de 1971, en las que el mismo Frente Amplio se las ingenió para crear expectativas en sus adherentes de que era opción de gobierno para la Intendencia de Montevideo, y su fracaso fue rotundo. Quienes vivieron aquella instancia han aprendido que en esta fuerza política se maneja muy bien la especialización en la propaganda, en la organización de actos, en todo lo que sean manifestaciones populares a las que se le quiere dar impactos efectistas para impresionar a los demás. Y las elecciones no se ganan con estos procedimientos, salvo que consigan inspirar temor a otros, y los conquisten por arrastre. Es bueno prevenir de esta condición, que está muy lejos de ser nueva, y de hacer un llamado a la sobriedad en la conducta de todos aquellos que sumados, habrán de constituir, esos sí, la mayoría absoluta de los votantes.
El acceso a una segunda vuelta, no se festeja, como tampoco debe festejarse la frustración de quienes se han intoxicado con la falsa convicción del "ya ganamos". Este proceso habrá de terminar el 28 de noviembre, con un maracanazo electoral para la historia.