CONSULTORA SERAGRO
Los últimos acontecimientos ocurridos en Argentina, con la aparición del brote de aftosa en la provincia de Salta, provocaron alguna restricciones en el comercio de carne de ese país, que eventualmente podría aportar mayor demanda para las carnes uruguayas.
Contrariamente a lo que se había pensado inicialmente, Argentina no perdería su condición de país libre de aftosa —recientemente recuperada—, según la opinión del máximo jerarca de la organización sanitaria internacional (la OIE), en Sudamérica: A. Gimeno.
De esa forma puede continuar exportando a sus destinos principales, aunque no a los regionales.
HUECOS. Hasta el mes de agosto inclusive, Argentina había exportado más de 196 mil toneladas de carne, por un valor de U$S 381,5 millones, marcando una clara recuperación (28 %), frente al muy mal año precedente. Su principal mercado es, por supuesto, la Unión Europea, donde tiene asignadas 28 mil toneladas de cupo Hilton (una desproporcionada cantidad comparada con las magras 6,3 mil toneladas de Uruguay, que exporta volúmenes totales similares). Hasta el 31 de agosto, el Hilton le había reportado U$S 123 millones a los argentinos en el año, aunque en realidad no se contabiliza año calendario sino agrícola.
Chile, luego de la reapertura de octubre del año pasado, ya se había convertido en su principal comprador de carne fuera de la UE, con 18,7 mil toneladas y cerca de U$S 30 millones, en los 8 primeros meses de este año. De todos modos está muy lejos de los volúmenes que llegó a adquirir antes de la aftosa: en el año 97, por ejemplo, alcanzó el récord de 87 mil toneladas y U$S 137 millones. En el 2000, el último año antes del quiebre, Argentina vendió a Chile 40 mil toneladas por más de U$S 70 millones.
El hueco que dejó Argentina en Chile, fue aprovechado por Brasil —que le está proveyendo el 70 % de la carne que compra, lo que este año representará unos U$S 100 millones—, y por Paraguay.
URUGUAY Y CHILE. Pero el episodio de aftosa vivido por Paraguay hace un año, dejó la cancha disponible para los norteños, y también para los uruguayos, que hacia fines del año pasado pudieron oportunamente canalizar hacia el país trasandino los importantes volúmenes de la producción primaveral, cuando no había mercados alternativos de importancia.
Entre setiembre y el fin del año pasado, Chile compró en Uruguay 10,5 mil toneladas (carcasa), que representó más del 15 % de los volúmenes totales que vendimos en ese tramo.
Esto dura hasta diciembre del 2002, cuando se suma Canadá a las compras, y se ubica rápidamente a partir de ahí como el destino preferido para nuestros exportadores, hasta que a partir de junio pasado, EE.UU. toma la posta.
En lo que va de este año, Chile se ubica como un destino interesante, pero de menor incidencia: hasta el 13 de setiembre lleva compradas 11,2 mil toneladas (peso carcasa), que equivalen a un 5 % de nuestras exportaciones totales.
Ahora que Argentina queda suspendida, vuelve el interés de los chilenos por la carne uruguaya, pero las condiciones son totalmente diferentes a las vigentes hace un año.
PRECIOS. En esta época del 2002, las vaquillonas —por seleccionar la categoría que más se vincula con el mercado chileno (ver gráfica)—, se pagaba poco más de 50 cts. el kilo, y ahora vale 79 cts., según el promedio de INAC, pero hasta 85 cts. en los negocios celebrados esta semana, según los operadores del mercado. Puede apreciarse en la gráfica la evolución que ha tenido esta categoría en lo que va del año, y su marcada suba de los últimos cuatro meses, en concordancia con el resto de las descripciones de ganado gordo. Si tomamos la planilla de consignatarios, la suba desde fines de mayo, cuando la vaquillona cotizaba a 52 cts. el kilo en pie, hasta la última semana, que promediaba 81 cts., acumula una suba del 56 % en ese período.
EL PRODUCTO. En realidad, la vaquillona que tiene como destino a Chile, no es exactamente la que se comercializa acá para el abasto. El carnicero uruguayo demanda una vaquillona pesada —de más de 350 kilos—, y con mucha carne y buen grado de terminación (grasa). En cambio el mercado chileno compra carne magra, con poca grasa visible (no más del 3 %); por lo que se cumplen los pedidos con animales más livianos y menos gordos.
LA EDAD. Si bien Chile compra carne procedente de cualquier animal, tiene especial interés en los ganados nuevos, de hasta 4 dientes, lo que debe estar certificado por alguna organización acreditada.
Como compra carne sin hueso —tanto del trasero como del delantero—, cada corte debe ir acompañado de la correspondiente certificación; información que llega hasta el mismo mostrador del expendio y está disponible para consultar por parte de cualquier consumidor.
Por las peculiaridades de este sistema —es el único mercado para el que se certifica la edad del animal—, consultamos al Dr. Juan A. Mangado, responsable técnico de Certicarnes, la certificadora propiedad de INAC acreditada ante Chile para realizar estos procedimientos.
"Los productores chilenos reclaman que lo mismo que les exigen a ellos lo cumpla la carne importada. Este requisito está presente: no entra carne sin certificar a Chile".
Se certifica clase y tipo. Se considera la dentición, los grados de terminación (tienen una escala que mide grasa con un punto menos que nosotros), y el grado de contusión (machucamiento).
El sistema de tipificación y clasificación chileno utiliza la sigla Vacuno, como aquí se usa la Inacur. La letra V designa a los animales jóvenes —hasta 4 dientes— que reúnan las características adecuadas, y como es la carne que va directamente a las góndolas, es la más interesante para los proveedores.
LA MERCADERIA. Vaquillonas regulares y novillos holandeses.
Como la vaquillona es normalmente más barata que el novillo precoz (de 4 dientes o menos), y tampoco existe una exigencia de demasiada terminación, Chile es muy apropiado para extraer las vaquillonas de segunda, que se descartan del entore, o que no alcanzan el desarrollo suficiente, o las cruzas lecheras, o las cebuinas. También el novillo holandés joven, carnudo, y no demasiado gordo ni pesado, proporciona el tipo de producto que demanda el mercado chileno, y su precio en frigorífico suele ser bastante inferior al del novillo de razas carniceras.
De cualquier forma, una vaquillona apropiada para Chile, en nuestra recalentada plaza de hoy, hay que pagarla cerca de 80 cts. el kilo, y un novillo holandés del tipo requerido, vale por lo menos 82 cts. de dólar el kilo. Estos valores están muy lejos de los precios argentinos —entre 62 y 66 cts. por esas mismas categorías— y también de los brasileños.
Los operadores ganaderos de nuestro medio no detectan un incremento de la demanda derivada de Chile, aunque los frigoríficos están siendo consultados. Parecería que, a estar a la intensa demanda por carne, que no puede ser atendida por la falta de ganado, Chile deberá ponerse a la cola, y sólo asumirá importancia cuando aumente la oferta de haciendas y bajen algo los precios.
Negocios
En lo que va de este año, Chile se ubica como un destino interesante, pero de menor incidencia: hasta el 13 de setiembre lleva compradas 11,2 mil toneladas (peso carcasa), que equivalen a un 5 % de nuestras exportaciones totales.