La agropecuaria, el gasoil y la guerra

| El ganado sube, los cultivos rinden y los precios son buenos. Pero la suba del gasoil es una piedra en el zapato

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CONSULTURA SERAGRO

Los combustibles aumentaron dos veces en menos de dos meses y el efecto positivo de la devaluación sobre el precio medido en dólares se desvaneció rápidamente.

Cuando el dólar "saltó" de 16 a 26 pesos, el año pasado, el gasoil llegó a un mínimo de 34 centavos de dólar el litro. La devaluación licuó, momentáneamente, el costo de los impuestos y el costo de refinado, los que componen casi el 80% del costo final del gasoil. El petróleo, que explica el resto del costo, aún se mantenía, aunque amenazante, debajo de los 30 U$S/barril.

La reducción en el costo en dólares del gasoil fue una de las pocas noticias positivas para el agro en aquel momento. Pero hoy todo ha cambiado. Primero fueron los precios de la economía que, impulsados por la propia devaluación, subieron casi 26% el año pasado.

Esto se trasladó al Imesi, que actualmente no es una tasa sino un monto fijo que se actualiza por IPC. Así, el gasoil subió de 9,9 a 11,2 pesos por litro en enero. Luego, los vientos de guerra comenzaron a soplar fuerte y el barril de petróleo superó primero la barrera de los 30 y luego la de los 35 dólares. Ancap consideró inevitable un nuevo aumento para todos los combustibles. Con el gasoil, el aumento fue especialmente alto (19% respecto a 10% en las naftas). El precio actual es 13,40 pesos por litro. Este mayor aumento para el gasoil responde a la necesidad de equilibrar el consumo de gasoil con el de naftas, más en línea con la proporción que surge del refinado.

Para que esto no impacte en los sectores productivos, el Poder Ejecutivo dispuso sustituir parte del Imesi por IVA en el caso del gasoil (con una tasa de 14%), permitiendo a su vez su descuento para transportistas y productores agropecuarios.

Según el decreto reglamentario, el límite máximo de deducción del IVA correspondiente a las adquisiciones de gasoil para los transportistas de carga será del 3% del monto de la facturación total de fletes gravados y de exportación prestados en territorio nacional y realizados con unidades propias, excluido el propio impuesto.

En el caso de los productores agropecuarios, el límite máximo de deducción del IVA correspondiente a las adquisiciones de gasoil es el 0,4%, del monto de la facturación total correspondiente a ventas de productos agropecuarios, excluido el propio impuesto facturado cuando corresponda.

Como la tasa de IVA es 14%, de poder descontarse en su totalidad, el precio efectivo del gasoil en dólares al día de hoy se ubica en 0,415 U$S/litro, lo que significa un aumento en dólares de sólo 4% respecto al nivel de antes del ajuste. Sin embargo, esto sólo pueden hacerlo los productores que tributen IRA (Impuesto a la Rentabilidad Agropecuaria) dado que también son contribuyentes de IVA. El descuento no lo podrán hacer quienes tributen por Imeba (Impuesto a las Enajenaciones de Bienes Agropecuarios), lo que significa un cierto castigo a esta modalidad de aporte, sin dudas bastante más simple.

EN PUNTA. Con estos aumentos, Uruguay vuelve a tener, lamentablemente, el gasoil más caro de la región (ver cuadro). En esta comparación incide mucho el tipo de cambio. Argentina más que triplicó el valor del dólar a partir de la crisis, mientras que Brasil tuvo un aumento de casi 100% en el mismo período. Es posible que la situación tienda a equilibrarse en los próximos meses, tanto a través de mayores aumentos de precios en Brasil y Argentina o a través de una reducción en la cotización del dólar en nuestros vecinos.

En Argentina, el gobierno busca acordar con las empresas que no haya nuevos aumentos hasta abril (elecciones). De tal importancia es la agricultura en el país vecino que, en el marco de los referidos acuerdos, las empresas productoras se comprometerán a venderles a las refinadoras un plus de 90.000 metros cúbicos de crudo en abril, para evitar escasez en temporada de cosechas por causa de la especulación.

De todos modos, Uruguay mantiene combustibles relativamente caros y eso conspira contra su competitividad regional. Si bien los comentados mecanismos de descuento de impuestos apuntan a aliviar esa carga, fórmulas similares se aplican en Argentina.

En Brasil, la posibilidad de contar con alcohol es otra vía de abaratar el costo del combustible para las tareas agrícolas.

Por suerte, la agricultura nacional ha incorporado tecnologías que reducen el uso de combustible por hectárea. El caso más notorio es el de la siembra directa, que ya se utiliza en la mayor parte del área de invierno. Frente a un gasto en preparación de tierras de más de 40 litros en el que se incurre con una siembra convencional, la siembra directa requiere no más de 20 litros. Esto hace una diferencia de casi 10 U$S/ha.

La siembra directa tiene al glifosato como insumo principal. En la última siembra de invierno el glifosato fue clave y si no se hubiera contado con él, el área —ya de por sí escasa—, hubiera sido mucho menor. La disponibilidad de los proveedores para financiar este insumo era mayor que la que había para suministrar combustible, en la medida que los acuerdos con Ancap se hicieron a último momento.

En el caso de los cultivos de verano, si bien hay cultivos como el maíz, en los que la siembra directa está menos difundida, se está generalizando el mínimo laboreo, que implica una pasada con excéntrica, una pasada para afinar y la siembra. En este caso se gastan cerca de 25 litros por hectárea, lo que también significa una reducción significativa frente al laboreo convencional.

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