El cambio Climático amenaza la producción local de alimentos

Visión. Campo deberá adaptarse para producir más y contaminar menos

LAUREANO BUTTENBENDER

El impacto del cambio climático en Uruguay ya está amenazando la disponibilidad de alimentos y generando incertidumbres en la producción de granos y pasturas. Se considera imperioso acelerar los procesos de adaptación del agro.

En un reciente informe de la Oficina de Programación y Políticas Agropecuarias (Opypa) se advierte sobre la necesidad "imperiosa" de reducir la vulnerabilidad de los ecosistemas ante los eventos meteorológicos extremos, para lo que se entiende necesario cambiar la manera de gestionar el riesgo climático. En el informe, elaborado por Walter Oyhantcabal y María Methol, se señala que el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático, que se encuentra en elaboración, tendrá como una de sus prioridades la adaptación del sector agropecuario a este tipo de eventos.

Según el documento, el escenario de cambio climático en Uruguay estaría pautado por un aumento general de la ocurrencia de eventos climáticos extremos, como sequías, lluvias torrenciales, vientos fuertes y heladas extemporáneas.

A su vez, habría una probable mayor variación de la distribución interanual e intra anual de la lluvia, generando períodos de déficit o exceso más frecuentes e intensos. También se destaca el aumento de la precipitación media, particularmente en primavera y verano con incrementos en las temperaturas medias que podrían ser mayores en el Norte que en el sureste del país. Por otro lado, habría una menor duración media del período con heladas.

El análisis de Opypa destaca que si bien algunas tendencias son positivas, lo más preocupante es el aumento de la variabilidad y de la frecuencia de eventos extremos.

Tomando en cuenta estas tendencias, entre los impactos más relevantes para el conjunto del sector agropecuario se encuentra una creciente variabilidad de la productividad de cultivos y pasturas. También habría un mayor riesgo de incidencia de enfermedades y plagas tanto en la producción animal como en la vegetal y una mayor variabilidad de caudales de cursos de agua y volúmenes en reservorios, lo que afecta la disponibilidad de agua para ganado y riego.

Cultivos. Al ingresar en el análisis por rubro de estos impactos, se señala que el aumento de las temperaturas promedio podría acortar la estación de crecimiento de algunos cultivos de invierno, afectando negativamente su potencial rendimiento. Sin embargo, esto podría ser beneficioso para cultivos de verano si se dan las condiciones de humedad requerida. Por otra parte, el aumento de la humedad y temperatura favorece el desarrollo de enfermedades y plagas, como es el caso del hongo Fusarium en trigo y cebada.

En el caso del arroz, habrá una mayor incertidumbre sobre la disponibilidad de agua para la siembra, fundamentalmente en el Norte y noreste del país donde se utiliza el riego por represas, lo que derivará en mayores oscilaciones del área sembrada cada año.

A esto se agrega, que la menor amplitud térmica y las olas de calor pueden afectar la calidad del grano al igual que la falta de luminosidad en épocas de exceso de lluvias. Esto se resume en mayores dificultades para sembrar en fecha y en mayores pérdidas a la cosecha.

Carne y leche. Para el sector pecuario, el informe prevé que, como reflejo de una mayor variabilidad de las precipitaciones, la producción de pasturas y cultivos forrajeros también sea muy variable. Esto, sumado a una mayor frecuencia de sequías, afectaría negativamente la oferta de forraje y agua para el ganado. Las zonas más vulnerables son las de basalto superficial en el Norte del país y las de cristalino del Este.

La lechería, en tanto, presenta mayores vulnerabilidades que la ganadería extensiva como consecuencia del uso más intensivo de los recursos.

Es que el ganado lechero es más vulnerable a las altas temperaturas, por lo que requiere de una mayor disponibilidad de agua para beber y así desarrollarse.

Problema serio. El calentamiento del planeta puso a todos con las patas para arriba y en el proceso de discusión la ciencia choca con las ideologías y con los intereses de los países.

Sobran las teorías y las soluciones, según publicó el Diario Argentino La Nación.

El ex Beatle Paul McCartney recomendó al Parlamento Europeo no comer carne un día a la semana como la medida individual más eficaz para frenar el cambio climático.

Esto se da luego con el telón de fondo de las conversaciones que se dieron sobre el tema del cambio climático semanas atrás en Copenhague.

Por lo pronto, el borrador, base del futuro Acuerdo de Copenhague, comienza diciendo: "Las partes subrayan que el cambio climático es uno de los mayores retos de nuestro tiempo y se comprometen a una respuesta fuerte para limitar el aumento global de la temperatura a un máximo de dos grados sobre los niveles preindustriales".

La mayor cumbre dedicada al problema del medio ambiente de la historia - que involucró a 192 países y cientos de líderes mundiales, entre ellos el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama-, se espera que genere un cambio en las políticas que llevan adelante los gobiernos y las personas en todo el mundo.

En ese contexto, el sector agropecuario será uno de los que jugará un rol preponderante dadas las altas emisiones de gases causantes del efecto invernadero que emana. En este sentido la agricultura certificada, la medición de gases de efecto invernadero, mercados de carbono, siembra directa, la mayor eficiencia ganadera, los biocombustibles y la forestación serán claves para mitigar los impactos.

En Uruguay varias empresas comenzaron a invertir en la certificación para en un futuro vender en la Bolsa sus papeles de carbono, de todas formas los pasos todavía son incipientes.

Vacas contaminan más que los autos

GDA | LA NACIÓN

Según un informe científico una vaca lechera europea emite la misma cantidad de gases de efecto invernadero que un auto a 60 kilómetros. O para ponerlo en términos aún más gráficos, la idílica imagen de un rebaño de vacas en una pradera representa una amenaza para el ambiente mayor que la de un camión circulando por una autopista.

La explicación a esta nueva versión de buenos y malos del ambiente la tiene Guillermo Berra, del INTA Castelar.

"La vaca emite gas metano y óxido nitroso como consecuencia de los excrementos, bosta y orina, y de la fermentación en el rumen. El metano tiene un potencial de calentamiento 21 veces mayor que el dióxido de carbono mientras que el óxido nitroso es de 310 veces", explica.

Según este especialista, que trabaja desde hace diez años con un equipo profesional en la medición de los gases de efecto invernadero, en la Argentina la ganadería es responsable del 35% de los gases emitidos totales y si se suman el resto de las actividades agropecuarias se alcanza el 41% del total de gases emitidos.

"Después del sector energético, es la actividad más comprometida. Conocer esta influencia obliga a un mayor compromiso en defensa del ambiente". A la pregunta sobre qué se debería hacer en la ganadería para mitigar la emisión de gases, la respuesta de Berra no se hace esperar: "Aumentar la productividad", dijo.

"Generalmente aumentar la producción significa andar a las patadas con el ambiente. En el caso de la ganadería no es así. A mayor producción, a mayor productividad, menos emisión de gases sobre kilo de carne o litro de leche producido. Por ejemplo, tener una alta ganancia diaria de peso en los novillos significa que terminarán antes su ciclo y que por lo tanto dejarán de contaminar.

Lo mismo ocurre con la cría: tener vacas en el campo sin preñar significa también tener un animal que contamina pero que no produce", sostuvo el experto.

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