Hermosa Ciudad Vieja testigo de un mundo europeo para recordar

Lo antiguo. Atracción de los turistas de los cruceros

Emilio Cazalá

No es desconocido nuestro entusiasmo y afecto por la Ciudad Vieja, que por cierto la conocemos más o menos casa por casa, verdadero y último testimonio de nuestro pasado con sus invalorables y menguados vestigios que van quedando del primitivo Montevideo y del Montevideo de fines del siglo XIX y del formidable y pujante Montevideo de principios del siglo XX, los gloriosos años 20 a los 50. Una ciudad hermosa, lujosa, que con fuerza, empuje e imaginación comienza a mostrar su capacidad de desarrollo y crecimiento pero sobre todo su voluntad de culturizarse y esto es algo que se ve por todos lados, en su modelo edilicio bien europeo y en la calidad de sus comercios y voluntad de servicio, de hábitos, costumbres, vestimenta conservadora. Pero éramos sobre todo un pueblo educado y respetuoso en cualquiera de los estamentos sociales. Lo seis años de colegio civilizaban a cada uno de nosotros e incluso nos enseñaban a oír e interpretar música. Nuestras maestras, hijas de una clase alta intelectual, nos formaban hombres.

Era entonces el centro de Montevideo, la Ciudad Vieja, un sorprendente escaparate de costumbres y gustos europeos que se expresaba en cada comercio, en sus arboladas calles, en sus librerías que abundaban con expertos al frente, que por haberse leído casi todo, nos daban buenas pistas a la hora de comprar un buen libro, como se decía. Abundaban las librerías, como Barreiro y Ramos, Máximino García, Al Libro Inglés, y otras; era un tiempo que se leía y mucho. Era un Montevideo de prestigiosos bares, unos más grandes y deslumbrantes que otros, pero casi todos ellos se acercaban a un modelo de época aptos para interminables tertulias, verdaderos cenáculos intelectuales donde se reunía lo más granado del pensamiento. Había grandes y prestigiosos bazares como Bazar Druillet en 25 de Mayo 279 esquina Treinta y Tres, enfrente al Club Inglés, Bazar Colón en Sarandí y Juan Carlos Gómez, Bazar Dos Mundos en Sarandí y Bartolomé Mitre, la juguetería el Paraíso de los Niños en Sarandí 620, que vendían aquellos juguetes avanzados como los Schuco. Han pasado desde entonces varias décadas, la Ciudad Vieja fue olvidada, pero un hecho es cierto: hay una especie de retorno nostálgico y algo ya se está ganando. Como si lo estuviéramos viendo, tiempo vendrá que la Ciudad Vieja será reivindicada, recuperada y hasta dará gusto vivir en ella entre tantos testimonios de su pasado, en muchas de cuyas residencias aún en pie, vivieron personalidades políticas, económicas, científicas y literarias del país. Por ejemplo, el poeta de la Patria, Zorrilla de San Martín, vivió donde está ahora el Edificio Artigas, en la esquina misma: una casa de dos plantas que conocimos antes que fuera demolida.

SÁBADOS. Aún recordamos aquellos hermosos sábados al mediodía, que era la gran fiesta, Sarandí, 25 de Mayo y calles transversales con sus comercios repletos de gente y la típica moda uruguaya de amigos y familiares reunirse para disfrutar el inocente medio y medio, vermouth y amaro, con acompañamiento de 20 platillos y el Gin Fizz en el Jauja, todos los bares de la zona repletos. Entonces se trabajaba hasta el sábado al mediodía. Bien que recordamos la calle Sarandí donde a toda hora había un enjambre de peatones que desbordaba la angosta acera e invadían la calle y los tranvías abriéndose camino con dificultad a campanazos, con los autos pasando por el costado y así esquivando peatones imprudentes. Los canillitas voceando al mediodía la Tribuna Popular. Por las estrechas aceras, los señores iban con sombrero formal o su rancho de paja y las damas con sus capelinas, parejas paseando por estas calles de lujo. ¡Qué trozo de la Ciudad Vieja era aquella Sarandí, Plaza Constitución, Colón, Rincón, Ituzaingó, Juan Carlos Gómez, Bartolomé Mitre, Misiones, Treinta y Tres y transversales! Donde además de prestigiosos comercios eran residencias de patricios orientales, como los Antuña, donde están las oficinas de Iocco, los Montero, Blanco Acevedo y luego Gabriel Terra donde hoy está el Discount Bank; los Zorrilla, los Zumarán, donde hoy está la Cooperativa Bancaria, los Shaw en la Plaza Zabala, en la rinconada con entrada también por Sarandí, Rodó, los Aguirre, tenemos una larga lista. Recordamos la plaza Matriz que por acogedora y amiga afectuosa, formaba parte de nuestra vida cotidiana. Por entonces nos decían que era una plaza en homenaje a los alquimistas y luego a los Masones. En poquísimas cuadras, entre Zabala y Juan Carlos Gómez estaban los bancos, los prestigiosos buffetes de los profesionales, los corredores de bolsa, los corredores de cambios, los despachanates de Aduana. Las Cías. inglesas y francesas de seguros. La prestigiosa Papelería Galli donde hoy está INAC, el Hotel Nogaró actual MTOP, Sarandí y Bacacay era el centro centro, la óptica de Pablo Ferrando y el comercio Brocqua y Scholberg, basta ver hoy sus edificios e imaginar lo que eran entonces. Conocimos el Café y Restorán de la Bolsa Piedras 169 esquina Zabala, hoy desaparecido. Y también 25 de Mayo y su área alrededor como Bartolomé Mitre, Bacacay, Rincón hasta la Plaza Zabala, ese era el gran centro. El bar Pedemonte en Ituzaingó y Sarandí, era otro punto de encuentro cuyos san-dwiches son bien recordados. Casi pegado al Cabildo, si mal no recordamos estaban los periódicos La Mañana y El Diario por Sarandí 687.

SERRATO. Cuando José Serrato era Presidente, vivía en la calle 25 de Mayo entre Ciudadela y Juncal y se iba a pie hasta el Palacio Estévez. Si mal no recordamos, en esa enorme casa señorial, con una gran entrada de alta escalinata de mármol con parecido a la hoy Suprema Corte de Justicia, años más tarde funcionó una enorme academia o escuela donde enseñaban inglés y creo más aún, que fue la primera sede de la Alianza Uruguay-Estados Unidos, ahora un parking o construcción para parking.

Todo lo importante ocurría en la Ciudad Vieja, viajes, cambios, agencias Marítimas, las tiendas, los bancos, los alma-cenes como el Bazar del Japón, Bazar de Londres, las zapaterías a medida de Fattoruso, Lumaconi, sastrerías, la Casa Coates; en esa área estaban los representantes internacionales de todo. De noche los prestigiosos y conocidos bares que se esparcían más bien entre las calles Andes e Ituzaingó comenzando precisamente ahí, Andes y Mercedes enfrente al Sodre un gran bar con billares, por el Tupi Nambá en Plaza Independencia y otros bien conocidos: eran sus parroquianos los doctos y pensadores, escritores, ensayistas, periodistas, poetas, bancarios, políticos y los "diletantes" para dar rienda suelta al viejo hábito uruguayo, discutir, discrepar, ser críticos y a cual de ellos mostrarse más agudo en sus opiniones. Era una tertulia de influencia francesa, lo que nos recuerda una frase del General Charles De Gaulle que sostenía que "era muy difícil gobernar un país que produce 350 clases de quesos", aunque más difícil es gobernar Uruguay con 3 millones de críticos que no producen casi nada, pero que se salvan gracias al instinto natural de sus vacas y toros. De aquella Ciudad Vieja recordamos el Tupi, el café Británico en la Plaza Independencia, donde ahora está el edificio IBM, el café y bar Pedemonte en Sarandí y Treinta y Tres; en la esquina de Sarandí y Juncal estaba la Tienda Caubarrere donde antes había estado el cambio Exprinter, antes en 25 de Mayo y Zabala y en los altos teníamos al hotel Condal. La Catedral de los Sandwiches, el Café Brasileiro en la calle Ituzaingó. Se respiraba en esa Ciudad Vieja que tanto queremos, un tufillo europeo que se descubría en el trato social en sus comercios y en esa especial avidez por estar al día en el acontecer mundial.

Al lado de Pedemonte por Sarandí había una casa que vendía piedras semipreciosas y se demolió y ahora McDonald`s construyó su sede. Le seguía lo que ahora es el BPS, antes Banco Hipotecario, antes Tienda Corralejo, que era un armazón de hierro con muchos vidrios al frente, y en el subsuelo del Club Uruguay, funcionó un famoso restorán, Cassonis, que era por entonces un reconocido cheff que se desempeñaba en el Hotel Carrasco. En próximas notas nos referiremos al tema naviero y marítimo en la Ciudad Vieja.

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