PREMIO

¿Qué experimentos naturales llevaron a otorgar el Nobel de Economía y quién más pudo haberlo ganado?

Los trabajos de David Card, Joshua Angrist y Guido Imbens se basan en experimentos naturales, un método innovador para la investigación empírica nacido en los años 1990.

El comité anuncia los ganadores del Nobel de Economía. Foto: AFP
El comité anuncia los ganadores del Nobel de Economía. Foto: AFP

El Nobel de Economía recayó ayer en tres académicos instalados en Estados Unidos, expertos en economía experimental cuyos trabajos contribuyeron a clarificar sectores como el mercado laboral, la migración y la educación.

El estadounidense-canadiense David Card, el estadounidense-israelí Joshua Angrist y el estadounidense-holandés Guido Imbens aportaron “nuevas ideas sobre el mercado laboral” y mostraron “qué conclusiones se pueden sacar de experimentos naturales en términos de causas y consecuencias”, explicó el comité Nobel en un comunicado.

“Su planteamiento se extendió a otros ámbitos y revolucionó la investigación empírica”, señaló el jurado del “premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en recuerdo de Alfred Nobel”, el último galardón que cierra la temporada de los Nobel.

Recompensado “por sus contribuciones empíricas a la economía del trabajo”, Card, de 65 años, profesor de la Universidad de Berkeley recibe la mitad del premio, dotado de casi US$ 1,1 millones.

La otra mitad del premio fue para Joshua Angrist, de 61 años y profesor del MIT, y Guido Imbens, de 58 años y docente en Stanford, “por sus contribuciones metodológicas en el análisis de las relaciones causa y efecto”.

“Estoy totalmente estupefacto”, dijo Guido Imbens, contactado por teléfono por la Fundación Nobel. “Josh Angrist fue mi testigo de boda, es un buen amigo a nivel personal y a nivel profesional, y estoy encantado de compartir el premio con él y con David”, aseguró.

Los tres investigadores figuraban entre las decenas de nombres que sonaban entre los posibles ganadores.

Experimentos naturales.

Los trabajos de David Card, Joshua Angrist y Guido Imbens, premiados ayer con el Nobel de Economía, se basan en experimentos naturales, un método innovador para la investigación empírica nacido en los años 1990.

Los experimentos naturales son situaciones surgidas de la vida real que los economistas estudian y analizan para determinar relaciones de causa a efecto.

Se acercan en parte a los ensayos clínicos que permiten a los investigadores evaluar la eficacia de nuevos medicamentos, separando de forma aleatoria a distintos grupos sometidos a pruebas.

“Imitamos un poco lo que podría hacerse en un laboratorio” resume Julien Pinter, investigador de la universidad de Minho en Portugal y economista de BSI Economics.

Pero los experimentos naturales se distinguen de los ensayos terapéuticos pues, contrariamente a los científicos en los laboratorios, los economistas no controlan los parámetros del protocolo experimental.

El campo de aplicación de estos estudios es muy amplio, como por ejemplo educación, mercado de trabajo e inmigración.

Salario mínimo y empleo.

El canadiense David Card y su colega estadounidense Alan Krueger (fallecido en 2019) estudiaron por ejemplo la relación entre salario mínimo y empleo gracias a un experimento natural a principios de los años 1990.

Para ello, compararon la situación del mercado laboral en la zona fronteriza entre los estados de Nueva Jersey y de Pensilvania.

El salario mínimo había sido aumentado en el primero, mientras que se mantuvo igual en el segundo.

Al focalizarse en una zona geográfica homogénea, las investigaciones de Card y Krueger mostraron que la subida del salario mínimo no había generado un descenso del número de empleados.

Esta conclusión se oponía a la teoría dominante de la época, según la cual un aumento del salario mínimo destruía empleos.

Ayer varios economistas destacados (el execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional Olivier Blanchard, el ganador del Nobel Paul Krugman, el economista de la Harvard Kennedy School Dani Rodrik, entre otros) señalaron que Krueger habría sido merecedor del Nobel si no hubiera fallecido prematuramente (tenía 58 años).

A su vez, Card estudió la relación entre inmigración y mercado de trabajo, basándose en un caso concreto: la instalación en Miami (Florida) en 1980 de decenas de miles de cubanos que el presidente Fidel Castro dejó salir del país.

Los trabajos del economista mostraron que esta ola de nuevos llegados no tuvo un impacto negativo en el empleo.

También colaborando con Krueger, el israelo-estadounidense Joshua Angrist se interesó por su lado en el vínculo entre nivel de estudios y salario.

Comparó el tiempo pasado en el sistema educativo por personas nacidas el mismo año en función de su mes de nacimiento.

Los nacidos a principios de año, que pudieron dejar la escuela un poco antes que los demás, habían realizado en promedio estudios más cortos que quienes nacieron en el último trimestre, y sus salarios eran más bajos.

Ello permitió a Angrist determinar que un alto nivel de educación conduce generalmente a mejores sueldos.

El estadounidense-holandés Guido Imbens colaboró luego con Angrist para afinar la interpretación de estos resultados.

La economista Esther Duflo, que compartió el Nobel hace dos años por haber sido pionera en otro método de experimentos económicos en el terreno, saludó el Nobel de este año como “un premio formidable”.

“La credibility revolution (revolución de la credibilidad, o giro empírico, ndlr) en economía ¡lo ha cambiado todo!” escribió Duflo a la AFP.

Para algunos economistas, los experimentos naturales deben no obstante ser manejados con precaución, pues el tamaño de las muestras y la escasa frecuencia de los acontecimientos observados no permiten siempre extraer conclusiones a gran escala.

“No podemos estar seguros a 100% de que los resultados serían exactamente los mismos en otro contexto”, recuerda Julien Pinter. (En base a AFP)

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