El giro ortodoxo que implementó Massa en Argentina, ¿qué efectos busca?

Sergio Massa. Foto: AFP.
New Argentine Economy Minister Sergio Massa speaks during a press conference at the Economy Ministry headquarters in Buenos Aires, on August 3, 2022. - The new Minister of Economy, Sergio Massa, is not an economist but a lawyer, a skilful negotiator and a leading politician, appointed as a storm pilot to avoid capsizing in the midst of a foreign exchange and inflation storm. (Photo by LUIS ROBAYO / AFP)
LUIS ROBAYO/AFP fotos

REGIÓN

Además, sigue con medidas heterodoxas como las trabas a importaciones.

Este contenido es exclusivo para nuestros suscriptores.

En menos de un mes de gestión, Sergio Massa encadenó una serie de medidas económicas que implican un evidente giro ortodoxo. A contramano de la retórica kirchnerista, el nuevo ministro de Economía de Argentina lanzó recortes del gasto público que alcanzan incluso a áreas sensibles como salud y educación, anunció un fuerte aumento de las tarifas de los servicios públicos e impulsó un drástico incremento de las tasas de interés. Con esas medidas, a las que se agrega un mayor control sobre las importaciones, Massa busca dar la certeza de que apelará a todos los ajustes que sean necesarios para evitar, al menos en el corto plazo, una devaluación abrupta del peso.

“En la coalición de gobierno hubo un llamado de atención, un nuevo susto que llevó a que le dieran vía libre a Massa para intentar estabilizar la situación. Hacia adelante, la duda pasa por cómo irán repercutiendo estas medidas en el contexto social con una inflación que se acelerará en el último trimestre y probablemente termine el año cerca del 100%. El apoyo del kirchnerismo no es total y en la medida que se avance en las políticas de ajuste habrá chispazos”, dijo a El País Fernando Baer, economista asociado de Quantum Finanzas, en Buenos Aires.

Para acercarse a la meta de déficit fiscal del 2,5% del Producto Interno Bruto (PIB) comprometida para este año con el Fondo Monetario Internacional (FMI), Massa dispuso un recorte de 210.000 millones de pesos argentinos (unos US$ 1.500 millones al tipo de cambio oficial) en las partidas presupuestarias de los ministerios de Educación, Salud, Transporte, Obras Públicas, Desarrollo Territorial y Hábitat, y Desarrollo Productivo. La poda incluye, por ejemplo, fondos que iban a destinarse a la infraestructura en los edificios de jardines infantiles y al programa Conectar Igualdad, una iniciativa con la que se entregan netbooks a estudiantes y docentes de escuelas públicas.

Esos recortes se suman a la anunciada reducción de subsidios a las tarifas de electricidad, gas y agua. Cuando en enero próximo concluyan las tres etapas en las que se irán eliminando los subsidios, un 30% de los usuarios recibirá boletas de electricidad con subas en torno al 200% en electricidad y del 100% en gas en comparación con las actuales. Para el resto de los usuarios también habrá alzas aunque la magnitud variará según el nivel de consumo.

Además de acercarse a la meta acordada con el FMI, la poda en los gastos también procura dar una señal a los mercados. El objetivo del gobierno es demostrar que ya fueron superadas las fuertes tensiones internas de los últimos meses sobre el rumbo económico y que finalmente se ejecutará el ajuste fiscal postergado.

Esos guiños se complementan con un fuerte apretón monetario. En los últimos 30 días la tasa de referencia de las Letras de Liquidez (Leliq) a 28 días, subió del 52% al 69,5% nominal anual. Eso implica una tasa efectiva anual del 96,8%, en línea con la inflación proyectada para este año.

“Hay un cambio notorio en las decisiones de política económica, y en ese cambio se nota el mayor poder político que tiene ahora el ministro de Economía. Cumplir el acuerdo con el FMI es elemental para la formación de expectativas y en ese sentido hay posibilidades de que se alcance la meta de déficit fiscal siempre y cuando no se repitan los gastos discrecionales del primer semestre”, dijo a El País Agustín Berasategui, economista de la consultora ACM, en Buenos Aires.

“Sin embargo, para mostrar al menos voluntad de cumplir con la meta de acumulación de reservas, habrá que acelerar el ritmo de devaluación o decidir una devaluación brusca en algún momento del año, y eso no será fácil de implementar dado el deterioro social que implicaría esa medida”, añadió.

Más trabas

El ajuste fiscal puesto en marcha por Massa no se ha complementado todavía con una mayor oferta de dólares en el mercado de cambios, otro de los objetivos planteados por el ministro al inicio de su gestión. Hasta ahora, siguen demorados los incentivos para que el sector agropecuario, además del minero y el petrolero, aceleren la liquidación de divisas.

Ante la escasez en la oferta de dólares, el gobierno continúa poniendo trabas a la demanda. En los últimos días, trascendió que a corto plazo serán anunciadas restricciones a las importaciones de servicios, como licencias de software o consultoría. Además, 34 posiciones arancelarias que hasta ahora gozaban del régimen de Licencias Automáticas -aquellas que no requieren de una aprobación para concretar las importaciones- pasarán al de Licencias No Automáticas. Entre esas posiciones figuran desde máquinas para minar bitcoins hasta yates y aviones de lujo, pasando por tragamonedas. Por último, el gobierno definió que quienes mantengan los subsidios en sus tarifas de energía no podrán adquirir en el mercado oficial los U$S 200 por mes autorizados para ahorro.

Esas nuevas trabas buscan frenar el deterioro que viene exhibiendo en los últimos meses el saldo de la balanza comercial. En julio, mientras las exportaciones crecieron 7,2% con respecto al mismo mes del año pasado, las importaciones saltaron un 43,7%, lo que llevó a la balanza comercial a registrar un saldo negativo por segundo mes consecutivo. Con elevadas expectativas de devaluación ante una brecha entre el tipo de cambio oficial y los paralelos que se mantiene en torno al 100%, crecen los incentivos para adelantar importaciones y postergar exportaciones.

“A ninguno le gusta devaluar”

El giro de Massa implica una profundización del ajuste fiscal y monetario como estrategia para intentar evitar un ahondamiento de la crisis económica en Argentina. La novedad es que, a diferencia de los tiempos en que Martín Guzmán era el ministro de Economía, ni la vicepresidenta Cristina Kirchner -enredada en sus conflictos judiciales- ni los dirigentes más duros del kirchnerismo han planteado hasta ahora objeciones sobre el rumbo. Sin embargo, todo indica que ese silencio no será eterno. “Massa no la tendrá fácil si la situación judicial de Cristina se complica y la tensión política se extiende a la economía. Hay elementos como la cuestión cambiaria que aún no se pusieron sobre la mesa de discusión dentro de la coalición de gobierno, y ahí la cuestión política pesará. A ningún político le gusta devaluar”, dijo Baer.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

ArgentinapremiumSergio Massa

Te puede interesar