Horacio Bafico / Gustavo Michelin
Desde 2009 se observa un crecimiento muy fuerte en el consumo del sector privado, un 22% en solo dos años. Los hogares están consumiendo más y dentro de esta conducta lo que se incrementó notoriamente son los bienes duraderos. Hay una expansión de las ventas de automóviles, ciclomotores, televisores y teléfonos móviles que llama la atención. El análisis del consumo de bienes duraderos en estos dos años permite comprobar dos características: primero que es generalizado en la sociedad y segundo, que está aumentando la recaudación de impuestos significativamente. Son elementos que vale la pena considerar si se desea amortiguar el efecto procíclico de las finanzas públicas.
Las fuerzas involucradas en el mayor consumo de bienes duraderos se encuentran tanto del lado de la demanda como de la oferta. Se puede observar como en ambos casos los indicadores sugieren que está ocurriendo en forma generalizada en toda la sociedad.
La secuencia por el lado de la demanda se puede describir empezando por la baja del desempleo y la suba de salarios reales que combinadas generan más ingresos en los hogares. Mayor disponibilidad para gastar junto con la sensación de seguridad y confianza que se genera resultan fundamentales para movilizar el consumo de duraderos porque éste exige que los hogares eleven su nivel de endeudamiento. Los ingresos de los hogares en todos los niveles suben, incluso lo hacen en mayor proporción en los hogares más pobres. El acceso al crédito también se generalizó, tanto porque lo ofrecen los propios vendedores o lo hacen a través de tarjetas de crédito o empresas de crédito que llegan a los segmentos de hogares con ingresos bajos.
Del lado de la oferta se observa una caída de precios en los bienes duraderos que se suma a que cada año se trata de bienes más atractivos y que tienen mayores prestaciones que en el pasado. El precio de un automóvil en pesos registró una baja en los dos últimos años (-7%) al ritmo de la caída del tipo de cambio (que es la misma para pobres y ricos). Por su parte el salario creció 24% y el ingreso total del hogar promedio un 25%. Por lo tanto, si se piensa en un automóvil de la gama baja ($ 200.000 por ejemplo) en el 2011 se necesitaban 5.4 meses de ingresos de un hogar medio para comprarlo. En el 2009 se necesitaban 7,2 meses de esfuerzo.
No se puede decir que solo bajaron los precios de los autos más caros. La competencia de marcas y modelos en el segmento de menor precio es muy fuerte y en ellos también se observa una fuerte reducción de precios que se suma a la menor carga impositiva a partir del cambio en el Imesi. Se puede comparar la variación de las ventas anuales en el 2011 contra el 2008 por marcas y si se segmentan las mismas se observa que las que tienen modelos en promedio más caros registran un alza del 8%, las medias del 91% y las de menor precio 177%.
CONSECUENCIAS. Se trata de mayor consumo que no se ubica en los hogares de mayor poder adquisitivo sino que se extiende a todos los segmentos y se distribuye muy parejo entre Montevideo y el Interior.
Es difícil catalogar como bueno o malo este consumo porque tiene una parte directamente productiva y otra parte suntuaria. En el primer caso la tenencia del bien duradero permite consumir distintos "servicios" del mismo a lo largo del tiempo. En el automóvil, por ejemplo, pueden ser mayor seguridad y capacidad de transporte o menos tiempo de traslado comparado con otros medios de transporte. Por su parte los lujos que uno se da al tener un auto que forma parte del lado suntuario de este consumo, se sostienen con el último diseño o prestaciones no esenciales como el techo rebatible, llantas de aleación, equipo de música, diseño del tablero.
A pesar de que tienen un componente productivo importante se trata de bienes que tienen más impuestos que el promedio de la canasta. En el caso de los automóviles hay un tributo dedicado a este consumo (Imesi) que pasó de US$ 73,5 millones en 2009 a US$ 137,8 millones en 2011.
Otro impuesto relevante en estos bienes que son mayoritariamente importados es el IVA. Para los automóviles las mayores ventas generan un aumento de recaudación en el orden de US$ 60 millones. Esta cifra se suma al mayor IVA que se recaudó por las ventas de los otros bienes duraderos analizados. Las importaciones de motociclos pasaron de US$ 36,3 millones en 2009 a US$ 51,2 millones en 2011; los televisores también mostraron un gran dinamismo, pasando de US$ 39,4 millones a US$ 61,3 millones y los teléfonos celulares registraron importaciones por US$ 118,6 millones en 2011 frente a US$ 80,3 millones dos años atrás. Estas mayores importaciones generaron un aumento en la recaudación del IVA del orden de los US$ 33 millones.
En resumen, el mayor consumo que vieron los hogares en los dos últimos años, solamente por estos bienes generó una mayor recaudación. Si se agregan los aranceles al comercio exterior y los impuestos adicionales de otros bienes de consumo, se genera un efecto incremental del orden de US$ 200 millones al año mientras se sostenga el nivel actual de consumo. Si se toma con la perspectiva del ciclo de consumo a lo largo de la vida la recaudación extraordinaria estimada por la comparación de 2011 y 2009 se agrava. Cuando se trata de compras de bienes duraderos por lo general se recurre al crédito y el pago de cuotas ocupa el lugar del consumo futuro. Se puede entender como un anticipo de consumo futuro. Por lo tanto también es un anticipo de impuestos a pagar en el futuro.
Ante cualquier cambio en el humor de los consumidores, lo que no debe descartarse en momentos de gran incertidumbre como los actuales, podría desaparecer parte o la totalidad de esa mayor recaudación. Incluso en la medida que el nivel de consumo extraordinario se sostenga cada vez más en un tipo de cambio atrasado y en crédito, el impacto del ajuste sobre la recaudación puede llegar a ser muy fuerte.