ESTUDIO

¿Cómo es la pobreza energética de los hogares uruguayos y qué evolución tuvo en una década?

Uno de cada cuatro hogares es “pobre” energéticamente según un estudio del indicador multidimensional de pobreza energética.

Enchufe. Foto: Archivo El País

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En Uruguay, uno de cada cuatro hogares presenta pobreza energética, es decir que no tienen acceso a servicios energéticos básicos y asequibles. Así lo constató el indicador multidimensional de pobreza energética (IPEM), elaborado por el Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (Iecon-FCEA), el cual analizó el nivel de pobreza energética en Uruguay a partir de los datos de Encuestas Nacionales de Gastos e Ingresos de los Hogares (Engih) de 2005-06 y 2016- 17.

No obstante, pese a ese nivel de pobreza energética, de acuerdo con el estudio entre las dos mediciones de la Engih, la incidencia de la pobreza energética disminuyó “significativamente”, al pasar de 47% a 26,4%.

Para evaluar qué tanta pobreza energética presentan los hogares uruguayos, el índice contempló cinco dimensiones diferentes: calentamiento de agua sanitaria, calefacción de ambientes, servicios energéticos eléctricos y servicios energéticos para la alimentación e higiene; así como también el gasto que hacen los hogares para acceder a esos servicios.

En ese sentido, la dimensión que presentó mayores limitaciones y niveles de privación fue la del gasto (16,8%), seguida de la calefacción de ambientes (9,6%).

Asimismo, la investigación del Iecon -elaborada por Gastón Fernández-, encontró una “asociación significativa” entre los deciles de ingresos económicos y el IPEM. De hecho, se evidenciaron “brechas importantes” en los niveles de privación entre los primeros y últimos deciles de la distribución, lo que refleja “un acceso desigual a servicios energéticos por parte de los hogares uruguayos”.

De acuerdo con el estudio, la pobreza energética en el primer decil de ingresos, alcanzó un 78,1%; mientras que el 22,7% de este decil presentó conjuntamente privaciones en los indicadores de gasto y acceso. Esto demuestra, según la investigación, que “aún gastando una proporción alta de sus ingresos, (las personas de esos hogares) no logran acceder a todos los servicios energéticos básicos”.

Por otra parte, aunque en menor medida, el estudio encontró una asociación significativa con la región y encontró diferencias según se tratara de hogares ubicados en el interior del país o en Montevideo.

En concreto, la investigación constató que hubo mayores niveles de privación en aquellas localidades del interior con menos de 5.000 habitantes, así como también encontró relación entre pobreza energética y la calidad de la vivienda.

Adicionalmente, se constató también que el 48% de los hogares con pobreza energética no se autoperciben pobres.

Dimensiones

El IPEM se compone de cinco dimensiones, las cuales relevan diferentes aspectos relacionados con el acceso a la energía. La privación en cada una de ellas, implica por tanto, la no satisfacción de las necesidades, lo que debilita “directamente el desarrollo de los miembros del hogar, en tanto operan como restricciones a las libertades reales de que disfrutan los individuos”, explicó el estudio.

Por tanto, los hogares que fueron catalogados como pobres energéticamente, fueron aquellos que presentaron privación en al menos una de las dimensiones analizadas.

En la primera dimensión, la referida a los servicios energéticos eléctricos, se incluyen dos indicadores: por un lado, el acceso a la energía eléctrica, relevada mediante la pregunta ¿qué energía utiliza para iluminar su hogar?; y por otro lado, la disponibilidad de electrodomésticos para la comunicación y/o información y entretenimiento en el hogar.

“El acceso a electricidad es una condición necesaria para la satisfacción de una amplia gama de necesidades, ya que esta energía presenta una versatilidad de usos a nivel doméstico muy alta”, argumentó la investigación.

En la segunda dimensión, servicios energéticos para la alimentación, se incluyeron los de cocción y refrigeración de alimentos. En este caso, el foco estuvo puesto tanto en el acceso, como en las fuentes de energía utilizadas para tal fin. En Uruguay, “un 99,9% de la población tiene cubierta esta necesidad” y el supergás “es la fuente de energía más utilizada con un 91%, mientras la utilización de leña tan solo alcanza un 1,2%”, casi exclusivamente explicado por su uso en las localidades del interior con menos de 5.000 habitantes, donde ese guarismo aumenta a 5,3%.

En tanto, la dimensión referida al calentamiento de agua sanitaria, presentó niveles de privación “altos, marcando un nivel de desigualdad importante” en la calidad de vida de la población.

Por otra parte, las temperaturas del aire exterior en Uruguay, según el informe, “están por fuera del confort térmico, por lo que la necesidad de climatización de la vivienda tanto en invierno a nivel nacional, como en verano en el norte del país, cobra importancia, en particular en viviendas con poca capacidad de aislación térmica.

Por último, la dimensión del gasto que hacen los uruguayos en servicios energéticos, “es transversal a las restantes”, dado que el acceso a estos “no puede realizarse a cualquier costo”. En esta dimensión se utilizaron dos indicadores; uno que identificó niveles de gasto no asequible para el hogar; y otro que monitorea aquellos gastos muy bajos, que pueden estar indicando la no satisfacción de necesidades.

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Una mejora generalizada

En ambos períodos (2005-06 y 2016-17), todas las dimensiones tuvieron “una clara disminución” en el IPEM, siendo la de servicios energéticos eléctricos la que más bajó.

Esto, explicado “en gran parte, por el aumen- to de la cobertura del servicio de energía eléctrica”, en este período, en particular en áreas rurales.

Le siguió la baja en los servicios energéticos para la alimentación, calentamiento de agua sanitaria, la dimensión de gasto y la calefacción de ambientes.

La “baja generalizada de las privaciones en todas las dimensiones podría estar vinculada, tanto con los aumentos del poder adquisitivo de la población en estos años, como por una posible baja de los precios de los artefactos tecnológicos para el hogar”, se indicó en el estudio.

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