Columna de APPCU: vallas enquistadas

El pasado 17 de marzo, el ministro de economía y finanzas, Gabriel Oddone, acompañado por el Presidente de la República, anunció medidas que van en dirección al título de la nota.

Aníbal Durán; Anibal Duran; APPCU.
Aníbal Durán.

Posteriormente a ello, y recabando opiniones de distintas fuentes vinculadas al tema fue cursado el proyecto de ley al Parlamento: Proyecto de Ley de Competitividad e Innovación.

Ampuloso título, cargado de buenas intenciones cuyo corolario más determinante será poder dinamizar la economía, estimo.

Por un lado, se refirió a medidas que impactarían en el comercio exterior, que no son de nuestro metier en forma directa, pero que sin duda ayudarán a desburocratizar y contribuir a hacer más fluido el citado comercio, en definitiva, es beneficioso para el país.

En lo que nos atañe, el ministro no utilizó la palabra “desregular”, incluso él dice que hay que regular. Pero, interpretándolo, realizarlo con tino, con sentido común, con sentido de la urgencia que requiere la actividad privada que muchas veces colide con
los tiempos públicos.

Vaya que el Ec Oddone tiene presente este panorama.

Se refirió en definitiva a que las regulaciones sean más efectivas para lograr un país más ágil, accesible y que no tengamos tantas trabas burocráticas (lo expuesto), que ralentizan toda la operativa en cuanto a inversiones nos referimos.

No podemos más que estar de acuerdo con este cúmulo de buenas intenciones que esperemos se plasmen en acciones que sumen valor.

Abundó el ministro “La forma en que vamos a volvernos más competitivos es trabajando en la mejora de la productividad, en la mejora de la eficiencia del sector público y en la mejora de la eficiencia del sector no transable”.

Uno de los pilares de la normativa a presentar es la agilización de los proyectos de evaluación, reglamentando las declaraciones juradas, el uso del silencio administrativo (APPCU ha abogado por ello con las jerarquías del gobierno), el evitar la duplicación de
controles.

Claro que lo que plantea el ministro Oddone no tiene incidencia en los gobiernos departamentales.

Pero en ese sentido y yendo a la Intendencia capitalina, se incorporó al Presupuesto el citado “silencio administrativo”, es decir cuando la Intendencia no se pronuncie sobre una petición o solicitud (esperemos que alcance a los permisos de construcción), esta se tendrá por aceptada tácitamente. Hemos abogado también ante el Intendente Bergara por esta solución, basados en la experiencia de décadas, que constituye un cuello de botella sortear obstáculos que muchas veces frustran una inversión de porte
con la consecuente pérdida de fuentes de trabajo.

Nos anticipó el citado Intendente que dicha medida deberá ser reglamentada por la Intendencia y esperemos ser tenidos en cuenta en dicho aspecto.

Por supuesto las medidas de agilizar y fluir los expedientes por parte del Ministerio de Economía, seguramente alcance a las dependencias con las cuales APPCU interactúa, a vía de ejemplo, Comap, que cambiará su nombre, Catastro, Agencia Nacional de
Vivienda, etc...

Sería determinante que todo este cúmulo de buenas ideas se plasmen, para que el promotor-inversor, en definitiva, nos referimos a lo que nos atañe, sea motivado a seguir invirtiendo generando miles de puestos de trabajo, entre otras tantas virtudes.

Como reza el título de la nota y somos recurrentes con el tema, es determinante y hace a la cosa, el allanamiento del camino al inversor (el promotor privado en nuestro caso), sin necesidad de tener que realizar algún lobby de carácter amistoso para poder agilizar cierto expediente.

No olvidar que la OBRA PRIVADA es más abarcativa que la vivienda en sí misma, ingresando allí un establecimiento comercial, uno fabril, un shopping, un estacionamiento de automóviles y podríamos seguir en una lista numerosa.

UPM es un ejemplo notorio de inversión privada y que nos comprende en las generales de la ley.

Saludamos la iniciativa y aguardamos expectantes la agilización del trámite parlamentario y con la esperanza presta a continuar la inversión, canalizando seguramente la atención de nuestros promotores, pero también de los foráneos que confían en un país que necesariamente debe precintar las certezas.

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