De ninguna manera hay que tender a generalizar y me opongo a esas definiciones tan draconianas.
Y reafirmo cabalmente lo que estoy exponiendo, con la experiencia que hemos tenido en el decurso de este año con las autoridades del actual gobierno y con el vínculo fluido del gobierno anterior (materializado en logros, que el presente gobierno ha entendido mantener).
Hace pocos días recibimos a la señora Ministra de Vivienda y Ordenamiento Territorial y a la Sra Directora de Ordenamiento Territorial, Arq Tamara Paseyro y Arq Paola Florio, respectivamente. Podremos consensuar en planteos (versó mucho la charla sobre el plan Entre Todos, cuyo decreto estamos esperando), o tener disensos, pero existe una buena disposición bien marcada que tiende a allanar caminos y en definitiva a que el promotor privado siga invirtiendo. No olvidemos que el citado plan también es vivienda promovida.
Como hoja de ruta fue solicitado por el Presidente de APPCU, Cr Alfredo Kaplan, en temas que nos atañen, la posibilidad que se nos envíe el proyecto de norma que están manejando, para verter opinión “ex ante” y no “ex post”.
Lo mismo podemos decir del Ministerio de Economía y Finanzas, encargado de la parte de vivienda promovida en cuanto inversión y generación de empleo, por lo menos en su definición final promoviendo la calificación (nos referimos a la vivienda promovida tradicional por denominarla de alguna manera).
También allí las dudas o interrogantes que se van sucediendo, tienen receptividad en dicha cartera y nos consta dialogamos con personas bien dispuestas que nos darán una respuesta. Podrá satisfacer o no la misma, pero tenemos un feed back interesante.
El meollo del asunto son los tiempos que ni por desidia ni mala voluntad de los funcionarios, son algunas veces muy extensos, lo que provoca en el promotor reacciones que conjugan una emoción disímil. La voluntad es seguir invirtiendo, en todos los conceptos, vivienda promovida, Entre Todos, Megaproyectos y las inversiones que no se cobijan en ninguno de los rubros mencionados.
Hemos planteado a varios jerarcas del gobierno, comenzando por el Presidente Yamandú Orsi, la necesidad de que transcurrido determinado tiempo sin pronunciamiento del estamento estatal que sea y no existiendo observaciones (o levantadas éstas), se suceda una suerte de aprobación tácita al proyecto presentado.
Es decir, confiar en el promotor que va a invertir y sin necesidad de expedirse formalmente, transcurrido un plazo a determinar que no debería ser muy extenso, tácitamente se produce la aprobación.
Nos consta sucede en Chile con muy buen suceso. Claro está, si el promotor comete algún yerro pasible de sanción, no habrá recelo en accionar con severidad por parte de la autoridad gubernativa.
Va de suyo que el gobierno actual y el anterior, por ejemplo, entienden nuestro metier y les consta que dicha inversión que sale del bolsillo de los promotores, no solamente dinamizará la economía en tantos rubrados (el mentado círculo virtuoso de la obra), sino que además demandará mano de obra. Y pruebas al canto, tenemos casi 60 mil obreros directos en el BPS, entre otras cosas producto de la inversión en vivienda.
Finalmente, y surge del trato entre los hombres, el respeto es por encima de todo una noción moral. El respeto debe considerarse como una contribución forzosa, ininterrumpida y permanente que los hombres se deben entre sí.
Y así sucede en el intercambio con las autoridades. Es la base imprescindible para un diálogo fluido.
En ese intercambio de altos ribetes, los promotores responden con inversión, consecuencia de una confianza que no sabe de erosiones.