Un video de hace pocos días, donde se mostraba a una señora barriendo hacia afuera de su casa el agua que había entrado, rotura de un caño parece, con el agregado de que no podían salir de su casa porque la salida estaba inundada, hace reflexionar.
Otro aspecto. La gran mayoría cuando llueve corremos para guarecernos y en lo posible, rumbeamos para nuestros hogares. Otros, cuando sucede ese factor climático, abandonan sus casas…
Esta metáfora surge de un informe de EL PAIS de tiempo atrás, luego de una investigación de la ONG Techo y conmueve la fibra más íntima.
El 40% de los hogares constituidos en Asentamientos Irregulares de Montevideo, sufren las consecuencias de las inundaciones y sus precarias casas se transforman en inhabitables. De allí que deben salir.
En épocas de la Vivienda Promovida antes llamada Social y donde el promotor ha jugado allí un rol medular, que es construir vivienda para la clase media, aún vivimos estas situaciones que cuando se ponen en el tapete, nos dan un cachetazo a nuestra inercia y nos interpelan como sociedad.
Ya un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y que he traído a colación en más de una oportunidad, nos alerta sobre este tipo de situaciones no solamente en nuestro país, sino en América Latina (a esta región está dedicado el citado informe).
Agrega EL PAIS, que el déficit no solo es habitacional sino, además, de acceso a los servicios urbanos.
Además, el 39% de los hogares relevados en asentamientos en la capital vive una situación de hacinamiento crítico, lo que significa que hay más de 5 personas por habitación en la vivienda.
Según la Encuesta Continua de Hogares de algún año atrás, el promedio de hacinamiento a nivel nacional es de 9.5%, lo que evidencia desigualdad con el resto del país.
Agrega el informe que, en dicha precaria situación, repercuten la mala calidad del descanso y el sueño. El efecto dominó es cantado: si alguien trabaja o estudia, repercutirá sobre su actividad la dificultosa noche anterior.
Asimismo el 8.5% de los hogares relevados, tiene piso de tierra; dichos asentamientos no acceden a la red general de saneamiento y el 21% de los hogares posee un sistema de drenaje de aguas servidas a cielo abierto, lo que repercute en la contaminación de todo el entorno habitacional de miles de personas.
En Méjico se impuso PISO FIRME, sustituir los pisos de tierra por cemento y eso mejoró la vida de sus habitantes, a un costo de USA 150 por vivienda.
El hacinamiento aumenta la posibilidad de que las enfermedades contagiosas se transmitan dentro del hogar cuando uno de sus miembros se enferma. La falta de servicios imprescindibles dificulta el proceso de obtener agua potable, preparar y almacenar alimentos de manera segura y mantener una buena higiene personal, todo lo cual compromete la salud de quienes habitan en una vivienda en esas condiciones.
Afortunadamente se comenzó con AVANZAR donde el gobierno saliente, el Ministerio de Vivienda y todas las Intendencias se comprometieron a disminuir los Asentamientos Irregulares y la tarea comenzó. Se destinó u dinero para dicha finalidad. Incluso se han detectado los Asentamientos en todos los departamentos del país, para comenzar a paliar dicha imagen. Ignoro cómo ha venido desarrollándose este proceso.
Tal vez el piso de cemento, en el ínterin sea una buena idea; no vamos al fondo del asunto, pero es un paso hacia una vida que debe vivirse con un mínimo de dignidad. Debería ser política de Estado la erradicación de Asentamientos. La presea deberá ser nacional y no que se la coloque un gobierno de turno.
Adenda: por estas horas salió el informe del Instituto Nacional de Estadística, graficando que la pobreza multidimensional alcanza al 18.9% de la población (privación en educación, vivienda, empleo y acceso a servicios básicos). Corrobora lo expuesto en la prosa o parte de la misma.