STELLA MARIS PUSINO
La treintena de inversores amigos que Carlos Cosidó trajo por tandas a Punta del Este, en diciembre y enero últimos, quedó tan sorprendida como él cuando la conoció en 2004.
Entusiasmado por el padre del piloto fernandino Juan "Fufy" Cáceres que, por entonces, se había vinculado con él en su escudería de Fórmula 3 en España. Él, como sus amigos empresarios, sabía que la península era un selecto balneario, pero lo imaginaba lindo y pequeño, nunca con semejante movimiento crítico de divisas y gente, ni mucho menos que se hallara enclavado en un país tan seguro y fiable en términos de inversiones como el que finalmente le resultó ser Uruguay.
Cosidó, es un empresario "vocacional", según se define a sí mismo, nacido en Salamanca hace 50 años, presidente de la Corporación Gullwing Grupo S.L, un holding de sociedades con sede en Madrid y amplia experiencia en el sector inmobiliario, industrial, de servicios e inversiones internacionales que, en sus mejores años, antes de la actual crisis financiera, facturó más de 30 millones de euros al año.
Desembarco. Llegó a Uruguay seducido por la idea de comprar tierras agrícolas, venidas a menos en España. Sin embargo, no pudo con su genio y terminó emprendiendo otros varios negocios más: a la adquisición de 450 hectáreas en Rivera (Aberus SRL), que gestiona Citrícola Salteña S.A. y, casi en simultáneo, la compra de 14 mil hectáreas en Santiago del Estero, Argentina, para la explotación de ganado vacuno y cultivo de soja, se sumó la compra, reciclaje y puesta en funcionamiento del ex hotel Las Américas en Salto, hoy Hotel Caldas del Daymán (Esuy S.A.) con una inversión aproximada de US$ 1,2 millones, cada uno de los emprendimientos en Uruguay.
Por último, la construcción del Edificio Torrelobos (Bacolir S.A.), su obra mimada, en la Brava de la península, en la cual la inversión total, desde finales de 2005, fue de unos US$ 43 millones, (el 60% del paquete accionario le pertenece a Cosidó) y que ya casi en su totalidad está vendida.
Argentinos, uruguayos, brasileños y paraguayos compraron, en ese orden de mayorías, 79 de las 108 unidades totales que serán estrenadas en la próxima temporada.
"Creo haber acertado al decir a mis gerentes que había que diversificarse en el área dólar", dispara Cosidó y explica que, a su juicio, "aunque sea esta una crisis global, los efectos en Europa, en España especialmente, y en América Latina coinciden relativamente".
España padece una crisis inmobiliaria muy fuerte junto con la crisis financiera internacional. El exceso de oferta, la falta de operaciones y las reglas de juego cambiadas hacen que las inmobiliarias no puedan desarrollar los proyectos que venían desarrollando.
"El desempleo alcanzará a 4 millones de personas a fin de año. El peso del sector inmobiliario en España es excesivo y probablemente lo criticable del gobierno es que sabiéndolo no hubiera comenzado a tomar medidas tres años antes para ir disminuyendo ese peso", asegura el empresario. Y dice que en la Corporación la crisis "nos ha pillado en una posición beneficiada sin cosas a medio hacer y sin carga financiera, gracias también a que, por haber estado desviando las inversiones hacia Uruguay, no nos hemos metido en otras actividades en mi país".
seguidores. Siguiendo los pasos del anfitrión, algunos integrantes del contingente de inversores llegados a Uruguay y recibidos cordialmente en diciembre por el senador Danilo Astori, ya levantaron su propio rancho y/o sellaron parte en proyectos: la empresa Gestión 99 encara negocios inmobiliarios en Montevideo y Punta del Este y también citrícolas; el Estudio Bardaji y Asociados, perteneciente al arquitecto Enrique Bardaji, ex director de Urbanismo de Madrid en los `90, se instala en Uruguay, y la empresa Astro Energías Renovables, sondea negocios vinculados al biodiesel ya la biomasa.
Los antiguos propietarios de Transportes Souto, una empresa de larga trayectoria en España, deciden invertir en bienes inmuebles e incursionar en la gastronomía, mediante las negociaciones de Cosidó, con el chef catalán Sergi Arola como señuelo.
Entre tanto, el empresario Víctor García, ex directivo de IBM España, partícipe en negocios inmobiliarios y una red de clínicas dentales en su país, se compromete como inversor menor en varios de los emprendimientos de Cosidó.
"Es que este país me da tranquilidad", argumenta. "Hay reglas del juego bastante claras, políticos muy accesibles, y una Justicia independiente, con sus problemas de lentitud, claro. La gente tiene dignidad y educación, y esto garantiza la ausencia de estallidos sociales. Es un mercado pequeño, pero apto para inversiones medianas", amplía.
El español, casado y padre de tres hijos estudiantes aún, amante del automovilismo, la equitación y el tenis, participará con un aporte minoritario en los emprendimientos de sus pares, contribuyendo con su know how para que se instalen en Uruguay.
La decisión del Grupo es destinar todas sus inversiones de este año y el próximo exclusivamente a Uruguay. "La voluntad es dejar lo que ya trajimos, unos US$ 20 millones más. Vinculándonos con terceros, pensamos, llegaremos a un monto total de US$ 100 millones, en proyectos que comenzaremos a ejecutar en 2010.
"Sabemos que aquí no puede haber colapso financiero. La ausencia consuetudinaria de crédito que puede impedir el desarrollo en un contexto, en este, es casi una bendición, porque nadie le debe nada a nadie", dice.
"Creo que el mercado irá asumiendo que habiendo como hay bastante dinero líquido de inversores extranjeros, habrá oportunidad de adquirir bienes inmuebles para cubrirse de la inflación. Esto podría generar un movimiento al alza en la construcción en Punta del Este y Montevideo. Va a ver que será así", pronostica convencido.
Un empresario que arrancó en el campo y terminó diversificándose
Carlos Cosidó se inició en el arte de hacer buenos negocios en su propia familia regenteando con poco más de 20 años una extensión de 600 hectáreas que producía ganado de carne, remolacha azucarera y cereales. Pero diversificó su conocimiento ejerciendo luego la gerencia de una concesionaria de automóviles, y más tarde empresas de promoción inmobiliaria y montaje industrial. De allí en más desgranó una larga trayectoria independiente. En 1995 fundó una empresa de renting de vehículos de alta gama; en 1997, una inmobiliaria dedicada a la adquisición de suelo, preparación urbanística, promoción de viviendas y venta de terrenos para uso industrial o residencial; en 1998 incursiona en la industria alimenticia con el envasado y comercialización de aceite de oliva. En el 2000 se involucra con el desarrollo de TICs y las energías renovables. El grupo se internacionaliza invirtiendo en China en 2001 en minas de pizarra; en 2002 construye la primera planta de prefabricados de hormigón, y en 2002 se suma al mundo de la competición con un equipo de F3. Continúa con sus actividades agrícolas y la construcción de complejos deportivos en España, pero levanta ahora también edificios residenciales, parques acuáticos, hostelería y ocio fuera de su país.
La cifra
100 son los millones de dólares que el grupo comenzará invertir en una serie de proyectos que empezarán a ejecutarse en 2010.