BRASILIA | El gobierno brasileño, que semanas atrás aseguraba estar poco menos que blindado ante la crisis global, reconoció finalmente ser vulnerable y la presidenta Dilma Rousseff anunció medidas urgentes, complementadas con acuerdos regionales.
A tres días del último plazo para que Estados Unidos defina si entra en default, Rousseff mantuvo ayer una inusual reunión de trabajo con su jefa de gabinete, Gleisi Hoffmann, y otros funcionarios, para analizar la coyuntura y ajustar detalles de un conjunto de medidas a ser lanzadas. Ese paquete incluye una reducción de impuestos por hasta 45.000 millones de reales (US$ 30.000 millones) en beneficio de la industria.
Parece haber sido una respuesta a los reiterados reclamos de la Federación de Industrias de San Pablo, según la cual el sector ha perdido competitividad debido a las tasas de interés, del 12,5%, la devaluación del dólar (superior al 45% en cinco años), y la "invasión" de productos chinos, parte de ellos "triangulados" desde Argentina. Otro dato sobre la vulnerabilidad de Brasil: es uno de los mayores tenedores de títulos de la deuda estadounidense, con cerca de US$ 200.000 millones. ANSA