LUCIA BALDOMIR
Uruguay no es ajeno a la industria de la falsificación de dinero y todos los meses el Banco Central (BCU) retiene un promedio de U$S 40.000 en billetes de U$S 100 falsos y otros 400 papeles nominados en pesos de $ 200, $ 500 y $ 1.000 provenientes de juzgados, procedimientos policiales, supermercados y bancos.
La base de datos del BCU —que fue creada junto con el Comité de Lucha contra la Falsificación y que tiene registros desde hace sólo un año y medio— cuenta con 6.000 muestras distintas de dinero "trucho" divididas en partes iguales entre dólares y pesos uruguayos.
El jefe del departamento de Tesoro del Central, Alfredo Allo, dijo a El País que los boliches, las estaciones de servicio, las ferias vecinales y los almacenes "son generalmente las bocas de entrada porque son lugares en donde los billetes son fácilmente canjeables". Pero el tiempo que transcurre entre que ese billete entra a la plaza y llega a los bancos es incierto. "Depende mucho de la zona y de cómo se mueva la persona y de si quien lo recibe está bancarizado", agrega y aclara que los hallazgos no se limitan a un departamento en particular.
En Uruguay solo los bancos están obligados a retener los billetes por "dudosa autenticidad" hasta que se compruebe que no son falsos. Esto es casi improbable, según Enrique García, tesorero del BCU, ya que menos del 0,5% de los billetes que son retenidos resultan auténticos. En caso de que el papel resulte verdadero es devuelto a su propietario pero de lo contrario es un billete que se pierde sin compensación por él dado que termina siendo destruido.
Por cada billete bueno un falsificador logra hacer 300.000 billetes falsos, según datos entregados al Banco Central por el Servicio Secreto estadounidense.
PESOS FALSOS. A comienzos de 2004 aparecieron billetes de $ 500 falsificados, especialmente con el número 01367220, que "aumentaron de forma bastante importante el circulante de billetes falsos en Uruguay", dijo García, quien aclaró que también se hicieron copias de papeles de $ 100, $ 200 y $ 1.000.
En agosto de ese año el BCU emitió el primer comunicado advirtiendo "que el billete de $ 500 falsificado tenía la marca de agua de un billete de $ 5 y que no tenía la palabra Artigas escrita, pero en noviembre tuvimos que sacar otro advirtiendo que la palabra ahora sí estaba aunque erróneamente sobre la cara de Artigas", explicó García.
Un objetivo de corto plazo del Banco Central es reimprimir el billete de $ 500 para "introducirle algunas seguridades" que "le den más trabajo a los falsificadores".
Según García si bien las falsificaciones de los billetes de $ 500 comenzaron haciéndose con papeles de $ 5 actualmente también se utilizan los de $ 10, ya que los primeros "escasean". Un billete falso, según los expertos, tiene aspecto de usado.
Si bien no está estimado cuánto cuesta falsificar un billete, según datos la información que posee el Central y que también le entregó el Servicio Secreto de Estados Unidos, quien hace esto "se lleva un 30% del valor del billete y el resto se lo gana la cadena que lo distribuye". La falsificación del peso es "más burda" que la del dólar, que se hace en base a los billetes de U$S 1, dijeron los funcionarios del BCU, que explicaron que esta práctica no se da en las monedas por el escaso señoriaje (la diferencia entre el valor intrínseco del billete o moneda y su valor facial).
Al Banco Central, imprimir un billete le cuesta un promedio de $1 dependiendo de las seguridades que tenga el papel. "El de $ 5 y $ 10 son los más barato porque tienen menos seguridades, mientras que los de $ 1.000 y $ 2.000 son más caros porque tienen una banda holográfica", explicó Allo.
Para las monedas la condicionante es el metal usado. Las más económicas son las de $ 0,50 cuyo valor de fabricación es $ 0,30 y las que insumen el costo más alto son las de $ 10 que valen $ 1 por su composición.
BILLETE VERDE. "En dólares es tanta la falsificación y tan diversa que es imposible definir por determinados detalles si un billete es falso o no. Cada falsificación tiene sus propios defectos, algunos son visibles a simple vista para alguien que maneja dinero todo el tiempo, pero otros hay que verlos con lupa", dijo García.
A pesar de esto, según las funcionarios, Uruguay no es un país vulnerable a la falsificación desde el punto de vista financiero.
De hecho, según García, en 2004 un banco privado uruguayo encontró un billete falso que no estaba en la base del servicio secreto constituyendo "la primera falsificación que se encontró en Uruguay que no había sido detectada antes".
En el caso de los billetes verdes, una vez detectada la anomalía el mismo es enviado a Estados Unidos para que el Servicio Secreto determine realmente si se trata de uno falso o no. En Uruguay quien tiene la última palabra es la Policía Técnica.
La última falsificación encontrada y categorizada por Estados Unidos como "Super Nope", o sea, una muy buena copia, fue la de la serie CB. Si bien existen billetes de U$S 100 de dicha serie falsos también los hay verdaderos.
"Cuando Estados Unidos sacó la serie CB pensó que durante varios años nadie la iba a falsificar y a los 24 días apareció el primer billete falso", comentó García. El primer lugar en aparecer fue en Perú el 29 de marzo pasado, en donde, como no se conocían las características de la falsificación se adoptó la medida de no aceptar los billetes con esa serie.
"En Uruguay estuvimos 20 días sin recibir la palabra oficial ni del Servicio Secreto ni de la Embajada de Estados Unidos sobre las características de la falsificación hasta que nos llegó. De todas formas aquí no hubo problemas porque, incluso, aparecieron muy pocos".
El BCU instó a las instituciones a retener los billetes que les presentaran a pesar de que en Chile, Perú, Bolivia y Argentina, directamente se ordenó no aceptar los papeles.
El ojo humano es el mejor detector
"La única máquina capaz de detectar un billete falso en un 100% es el ojo humano", expresó Enrique García. Según el tesorero del Banco Central, los "marcadores amarillos que se venden por la calle no sirven de nada". El marcador permite ver si el papel del billete cuenta con partículas metálicas y si bien hace 10 años esto era útil, según García hoy no lo es.
"Cuando termina la falsificación los billetes los meten en una centrifugadora con trapos y pedazos de metal. Al comenzar el proceso los metales van desprendiendo pequeñas partículas que se pegan al papel y que hacen que cuando se pase el marcador me diga que es bueno, cuando en verdad es falso", explicó.
Destrucción
En 2004 se destruyeron 25 millones de unidades de billetes —lo que representa cerca de U$S 1 millón si se toma como referencia que cada billete tiene un costo de $ 1 para el Banco Central en su fabricación— por estar rotos, escritos o manchados.