Uruguay paga cada vez más digital, pero crece la preocupación por las estafas

Un informe de Fiserv señalan que un 35% de los uruguayos declara haber sufrido algún tipo de estafa vinculada a medios de pago. 

Fiserv

Hay transformaciones que no aparecen en los discursos políticos ni en las estadísticas macroeconómicas, pero dicen mucho sobre una sociedad. A veces se revelan en los gestos más cotidianos. Por ejemplo, en la forma en que la gente paga.

El informe “Números que hablan 2025” de Fiserv ofrece una radiografía interesante de ese cambio silencioso que está atravesando Uruguay. Bajo la apariencia de un estudio sobre medios de pago, el trabajo deja ver algo más profundo. Cómo los uruguayos están modificando su relación con el dinero, con la tecnología y, sobre todo, con el riesgo.

El primer dato es claro. La tarjeta de débito se consolidó como el medio de pago dominante, tanto en uso como en preferencia, en todas las franjas etarias. El efectivo sigue presente, pero pierde terreno. Y la tarjeta de crédito aparece cada vez más como un instrumento puntual, reservado para compras grandes o promociones. 

No es un detalle menor. La tarjeta de débito tiene una ventaja psicológica decisiva. Obliga a gastar lo que se tiene. La de crédito, en cambio, introduce el terreno de la deuda. Y ese territorio no parece entusiasmar demasiado al consumidor uruguayo.

El propio estudio revela que más de la mitad de los usuarios evita usarla con mayor frecuencia por miedo a endeudarse.  En otras palabras, el consumidor local parece privilegiar el control antes que la expansión del consumo.

Pero el cambio más profundo está en la lenta retirada del efectivo. Según el informe, los uruguayos utilizan 42% menos efectivo que hace cinco años. Solo dos de cada diez personas dicen seguir usándolo de forma intensiva. 

Eso no significa que Uruguay esté entrando de inmediato en una sociedad sin dinero físico.

Barreras culturales y tecnológicas

La desconfianza hacia algunos sistemas digitales, los problemas de conectividad y hábitos arraigados siguen frenando una adopción más rápida. Sin embargo, el horizonte parece claro. Ocho de cada diez personas creen que en diez años el efectivo será reemplazado por dinero virtual, e incluso que las tarjetas podrían dejar de existir en formato físico. 

El futuro digital aparece como inevitable, aunque el presente todavía se construye con cautela.
Esa cautela tiene una explicación. La digitalización trae consigo un problema que todavía no encuentra solución definitiva: la seguridad.

Fiserv

El estudio indica que el 35% de los usuarios declara haber sufrido algún tipo de estafa vinculada a medios de pago, una cifra que creció respecto al año anterior. 

La tecnología facilita las transacciones, pero también multiplica las vulnerabilidades.
Algo similar ocurre del lado de los comercios. El uso del efectivo disminuye y el comercio online gana espacio. De hecho, casi la mitad de los comerciantes ya vende también por internet, como complemento a su tienda física. 

Pero en ese proceso aparece una prioridad clara: la confianza. Para los comercios, la seguridad se convirtió en el factor determinante al elegir un proveedor de medios de pago.

El informe de Fiserv muestra, en definitiva, a un país que está cruzando una frontera económica y cultural. Uruguay avanza hacia un sistema de pagos cada vez más digitalizado, pero lo hace con la prudencia de una sociedad que no se deja seducir fácilmente por las promesas de la tecnología.

Tal vez por eso la tarjeta de débito domina la escena. No promete grandes beneficios ni financiamiento inmediato. Ofrece algo más simple: control.

Y en tiempos de incertidumbre, el control suele ser el activo más valorado.

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