Fabricar en Uruguay no es el camino más sencillo, especialmente en un rubro tan competitivo como el de la cosmética, donde predominan los productos importados y la presencia de multinacionales. Sin embargo, esa es la apuesta que Laboratorio Artobe sostiene desde hace siete décadas. Para Alejandro Gold, director de la empresa y tercera generación al frente del negocio, esa decisión implica una «gran responsabilidad y un desafío permanente».
De origen familiar, la compañía ha sostenido ese enfoque a lo largo del tiempo, aun en un contexto que no siempre favorece la producción local. Con el tiempo, se ha posicionado en un mercado dominado por multinacionales, buscando acercarle al público productos hechos en Uruguay, con foco en la calidad y en una política de precios accesibles.
La decisión implica mayores costos y exigencias operativas, pero también una apuesta por el desarrollo propio. «Es mucho más sencillo importar, pero no hay nada más valioso que desarrollar un producto, hacerlo y llevarlo al mercado», señaló Gold.
Industria local
Más allá de la actividad propia, la producción local genera un efecto multiplicador en la economía. La fabricación de envases, etiquetas y otros insumos involucra a una red de proveedores que también se beneficia del proceso. «No solo es la mano de obra directa, sino todo lo que se derrama en el resto de la economía», explicó.
La priorización de proveedores locales forma parte de esa lógica, en línea con el objetivo de sostener el entramado industrial. «Hacemos lo posible por utilizar insumos locales», resumió el director.
Expansión
El crecimiento de la empresa llevó a un límite en su capacidad operativa. Como respuesta, Artobe avanza en la ampliación de su planta, con la adquisición de un predio lindero y la construcción de nuevas áreas destinadas principalmente al almacenamiento.
«La planta nos quedó corta y necesitábamos crecer para seguir desarrollándonos», explicó Gold. La inversión permitirá mejorar la gestión de insumos y productos terminados, en un contexto donde la disponibilidad puede verse afectada por factores logísticos globales.
La expansión apunta no solo a sostener el crecimiento, sino también a abrir nuevas oportunidades, como la posibilidad de incursionar en mercados externos de forma gradual. «La idea es ir paso a paso, seguir creciendo y desarrollando nuevos productos, para un día poder exportar», señaló.
La empresa proyecta su desarrollo futuro sobre las mismas bases que marcaron su trayectoria: calidad, formulación propia y producción local, pero con un fuerte arraigo en su origen. «Seguimos apostando a fabricar y desarrollar en el país», concluyó Gold.
Pensado aquí
Uno de los diferenciales de la compañía es su enfoque en el consumidor local. Artobe busca adaptar sus desarrollos a las necesidades y hábitos del país. «Nosotros hacemos los productos pensando en el consumidor uruguayo y en nuestro entorno», indicó Gold.
Esto implica un seguimiento constante de preferencias y nuevas demandas. Según explicó, el público actual está más informado y exige mayor transparencia. En respuesta, la empresa incorporó códigos QR en sus envases que permiten acceder a información detallada sobre la composición y el uso de los productos.
También avanzó en desarrollos vinculados a nuevas preocupaciones, como el cuidado ambiental, con propuestas como el shampoo sólido, que elimina la necesidad de envases plásticos.
En paralelo, el mercado presenta un escenario competitivo. Según el empresario, cerca del 90 % de los productos cosméticos y de tocador que se comercializan en Uruguay son importados. Frente a esto, la estrategia apunta a diferenciarse a través de la calidad y el conocimiento del consumidor. «El consumidor uruguayo es muy exigente, compara mucho y busca lo mejor», afirmó.
La historia de Laboratorio Artobe está ligada a la trayectoria de Samuel Gold, un joven que trabajaba en una droguería en Vilna, actual Lituania, durante la década de 1920. Tras un atentado que incendió el local, logró rescatar la caja fuerte que contenía dinero y fórmulas de productos cosméticos.
En 1927 partió rumbo a Estados Unidos, pero el viaje tuvo un giro inesperado y llegó a Montevideo. Ya instalado, comenzó a desarrollar y vender productos de forma artesanal a partir de esas fórmulas.
Ese fue el punto de partida de un emprendimiento que, con el tiempo, daría lugar a la creación de Artobe en 1956, junto a sus hijos. La empresa continúa hasta hoy bajo la dirección de la familia, atravesando generaciones y manteniendo el vínculo con sus orígenes.