Luego de publicar un extenso libro sobre los vinos de Sudamérica, la británica Amanda Barnes, una de las voces distinguidas como Master of Wine (MW) —una certificación de prestigio global que ostentan poco más de 400 personas en el mundo y que entrega The Institute of Masters of Wine—, ha elegido a Uruguay como el punto de partida de su nueva serie de guías por países.
Su elección es muy significativa para los productores uruguayos. Tomar a Uruguay como protagonista exclusivo para el primero de una serie de libros, implica un reconocimiento técnico y simbólico de alto valor. Este nuevo proyecto editorial, que se lanzará a fin de año, implica una validación internacional con la firma de una Master of Wine, que posiciona al país como un origen con identidad propia, masa crítica y madurez suficiente para ser analizado en profundidad ante el trade y la prensa especializada global.
Nacida en Hampshire, Inglaterra, pero residente en Argentina desde 2009, Barnes se ha consolidado como la la primera en recibir el título de MW residiendo en Sudamérica. Tras años de colaborar en medios de élite como Decanter y JancisRobinson.com, su próximo gran proyecto editorial se enfocará en el país que ofició como puerta de entrada para su periplo de aprendizajes y experimentación con los vinos latinoamericanos.
"La primera bodega que visité en Sudamérica fue en Uruguay. Fue Carrau, en el verano de 2009. Mi relación con el país siempre ha estado ", cuenta. No en vano, INAVI la llevó a Francia a participar del Wine Paris & Vinexpo Paris, para que ofreciera allí una masterclass sobre variedades nacionales.
Desde su experiencia y conocimiento, entiende que Uruguay se ha establecido como un territorio que permite ser constantemente descubierto por parte los mercados internacionales. Es una suerte de factor sorpresa o de novedad que contribuye a su promoción.
"Lo bueno de ser un país pequeño es que siempre es novedoso para casi todos y eso permite que la gente se acerque a la mesa sin prejuicios, con la mente abierta", explica. Sus recientes catas en París demostraron que el mundo ya no solo asocia a Uruguay exclusivamente con el Tannat, sino que existe un creciente y genuino interés por su diversidad y en particular por la frescura de sus blancos. "Uruguay sorprende porque es inesperado; hoy los críticos y consumidores buscan esa autenticidad y las conexiones humanas que solo un origen tan personalizado puede ofrecer".
La presencia de Barnes en Wine Paris y su posterior recorrido por nuestro país forman parte de una estrategia coordinada por INAVI de posicionamiento internacional que busca amplificar la visibilidad del vino uruguayo en los principales centros de decisión del comercio mundial. La articulación entre promoción externa, generación de contenido especializado y vínculo directo con líderes de opinión constituye una herramienta importante para consolidar reputación, abrir mercados y transformar prestigio técnico en oportunidades comerciales concretas.
El nuevo y el viejo Tannat
Para Barnes, la evolución de la cepa insignia uruguaya es un termómetro fiel de la madurez del sector. Desde fines de los `80 hasta la actualidad, la uva y sus productores han evolucionado y se han diversificado. Si en sus primeras visitas Barnes había encontrado que los vinos requerían años de guarda para domar sus taninos, la realidad actual es muy distinta, explica.
"El Tannat es un lujo de ejemplo de cómo ha cambiado Uruguay", afirma. "Cuando llegué, todos los que probaba eran de largo añejamiento; tenían que guardarlos mucho tiempo en barrica para que se pudieran tomar. Hoy, lo que me encanta son los Tannat frescos, jóvenes, sin barrica y para tomar en el mismo año".
Desde su punto de vista, este cambio y diversificación son señales de dominio técnico y también de haber superado etapas de crecimiento. Para ella hoy existe una "autoconfianza en la capacidad de los enólogos para cultivar y dominar el Tannat de muchas formas distintas", logrando productos que respetan la fruta y el terruño por sobre la influencia de la madera.
El Albariño y la diversidad
Aunque el mundo asocia a Uruguay con los tintos potentes (fruto de una política sostenida durante décadas desde los ámbitos públicos y privados), en los últimos tiempos se está potenciando otra variedad. Se trata del Albariño, una variedad que ha emergido como la gran embajadora de los blancos uruguayos, especialmente en el mercado europeo. "Tiene una fama bastante importante, sobre todo en Inglaterra, donde ya está entrando en supermercados y cadenas importantes", señala Barnes.
Como forma de reforzar la promoción de las uvas blancas, la Master of Wine advierte que la verdadera riqueza del país reside en no quedarse estancado en una sola etiqueta. Conviene continuar apoyando el factor sorpresa y la curiosidad por las otras variedades que tienen potencial.
"No creo que necesitemos otro Tannat. El Tannat es el campeón, pero lo que me encanta de Uruguay es su diversidad", afirma. Ahí están los Pinot Noir o los vinos naranja para demostrarlo. Durante sus recientes masterclasses en París, Barnes presentó una decena de variedades que sorprendieron a los críticos: desde Sangiovese y Nebbiolo hasta Marselán y cortes con Moscatel. "Cualquier cosa fuera del Tannat y el Albariño es una sorpresa, y eso es un beneficio porque nadie viene a la mesa con un prejuicio; vienen con la mente abierta para conocer", apunta.
La ventaja competitiva del alcohol más bajo
Hay una tendencia marcada en el mundo a reducir el consumo de alcohol. Las preocupaciones por la salud y los cambios en el estilo de vida, han determinado que toda la industria tenga a este tema sobre la mesa. Para Barnes, sin embargo, en esa reducción hay una oportunidad para productores uruguayos.
Al ser un país con influencia atlántica y menos horas de sol que Mendoza o el Valle Central de Chile, sus vinos poseen una graduación alcohólica naturalmente moderada. Dada la tendencia del consumo saludable, esta condición natural es un punto a favor.
"Uruguay tiene una oportunidad importante porque naturalmente sus vinos son más bajos en graduación alcohólica que los de sus vecinos. Estamos hablando de un rango de 11, 12 o 13 grados", explica Amanda.
Otro de los factores a explotar está en las historias detrás de cada botella, las marcas y las bodegas familiares. "La gente busca experiencias únicas y conexiones humanas. Quieren conocer la historia de la familia que está atrás. El descenso del consumo es en los vinos masivos; el público todavía quiere gastar en vinos de autor".
Para sostener este crecimiento, Uruguay enfrenta el reto de la reconversión. Durante la charla se analizó el plan de recambio de viñedos, que busca sustituir variedades históricas de consumo interno (como la Moscatel de Hamburgo o la Ugni Blanc, antes destinadas a damajuanas y cajas) por uvas con mayor potencial internacional.
"Será un desafío porque cambiará la genética de los viñedos y el mercado", reflexiona Barnes, pero subraya que es el paso necesario para continuar marcando presencia y seguir creciendo.
La guía de Uruguay de Amanda Barnes, que se publicará a finales de este año en tres idiomas (español, inglés y portugués), promete ser una pieza importante para colocar al país en el lugar que su vasta producción merece. Como ella misma define: "La diversidad de Uruguay es lo más lindo que refleja la complejidad de su sociedad".