Varios muertos tras ataques contra Policía

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AP

Al menos 27 personas murieron hoy en tres ataques simultáneos contra locales de la policía en Lahore, en el este de Pakistán, y un atentado suicida con coche bomba también contra un recinto policial en el noroeste del país.

Cuatro horas después del inicio de los ataques simultáneos en Lahore, el ejército aseguró haber tomado el "control total" de la situación en esta ciudad, la segunda del país, con siete millones de habitantes.

Por la mañana, la sede de la policía de investigación criminal (Federal Investigation Authority, FIA), había sido atacada por al menos cinco hombres armados, de los cuales dos o tres consiguieron penetrar en el edificio, según la policía que en un momento temió una toma de rehenes.

Casi al mismo tiempo, otros dos grupos atacaron el centro de entrenamiento de los comandos de elite de la policía en Bedian, un barrio periférico de Lahore, y el centro de entrenamiento de reclutas de la policía en Manawan, también en los suburbios.

Poco después del mediodía, el jefe de la policía de Lahore, Pervez Rathore, anunció que las fuerzas de seguridad habían puesto fin a los ataques de la FIA y Manawan.

"Cuatro terroristas murieron en Manawan; a uno lo mataron las fuerzas de seguridad, los otros tres murieron cuando hicieron estallar las bombas que llevaban consigo", precisó.

En el local de la FIA, "un terrorista murió, lo mismo que seis miembros de las fuerzas de seguridad", agregó.

"En Bedian, la situación está ahora "totalmente controlada" declaró una hora más tarde el general Shaqat Ahmad, comandante militar en Lahore.

El general indicó que tras el ataque se encontraron "cinco cadáveres de terroristas, algunos de los cuales murieron en acción y otros haciéndose estallar".

Unos minutos antes de que comenzaron los ataques en Lahore, al menos 11 personas, entre ellas tres policías, murieron cuando un suicida hizo estallar un coche bomba delante de un puesto policial en Kahot, al noroeste.

Esta última localidad se sitúa no lejos de las zonas tribales, bastión por los talibanes paquistaníes, que apoyan y acogen a los talibanes afganos y a los combatientes extranjeros de Al Qaida.

Los ataques en Lahore y Kohat se producen cuatros días después del asalto por un comando de 10 talibanes disfrazados de soldados, contra el cuartel general del ejército, en Rawalpindi, en los suburbios de Islamabad, un recinto equivalente al Pentágono estadounidense en Pakistán.

Esta acción fue seguida por una prolongada toma de rehenes, cuando cinco talibanes mantuvieron prisioneros a 42 militares y cinco civiles empleados del ejército, en uno de los edificios del cuartel general.

Al cabo de 22 horas, las fuerzas especiales pusieron fin a la crisis pero con un balance trágico de víctimas fatales: ocho militares entre los cuales un general, tres civiles y nueve atacantes.

Desde hace unos diez días, los atentados se producen casi de manera diaria.

El Movimiento de los Talibanes de Pakistán (TTP) que reivindica la mayoría de los atentados que han dejado más de 2.250 muertos en el país desde hace dos años, afirman vengar así la muerte de su jefe fundador Baitulá Mehsud, el 5 de agosto, por un misil disparado desde un avión sin piloto estadounidense.

El 5 de octubre, un kamikaze vestido de militar mató a cinco empleados de la ONU en una oficina de la organización en Islamabad.

El viernes pasado, otro kamikaze hizo estallar un coche bomba en un abarrotado mercado de Peshawar, al noroeste, matando a 52 personas. Otro suicida dejó 45 muertos en un mercado de la región cuando atacó un convoy de militares. (AFP)

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