En la tarde de ayer en el Centro de Montevideo se percibía un clima de recogimiento. La agonía del Papa Juan Pablo II movilizó a varios fieles que, al conocer la noticia, se acercaron espontáneamente a las iglesias durante o al final de sus jornadas de trabajo para orar por la salud del pontífice.
En un altar lateral de la Catedral Metropolitana, más concurrida que de costumbre, se celebró la misa diaria de las cinco de la tarde en la que el mensaje central del sacerdote se dedicó al estado de salud del Santo Padre y a apoyarlo en su agonía. Al finalizar la misa, el cura encomendó la suerte del Pontífice a la Virgen María.
Ni el gobierno escapó a la preocupación por la situación del Santo Padre, cuando sus voceros hicieron conocer la congoja con que seguían las últimas noticias. El breve mensaje, difundido cuando las informaciones señalaban que el Pontífice estaba en estado de agonía, concluye que se "sigue atentamente la evolución" de su salud.
A las seis de la tarde en la parroquia del Seminario, previo a la acostumbrada misa de las siete, se ofreció una "hora santa" para orar por la salud de Juan Pablo II. El cura párroco expresaba sus reflexiones sobre la vida, la obra y el pensamiento del Santo Padre haciendo una pausa luego de cada reflexión para que los fieles que estaban presentes en la iglesia tuvieran un tiempo de meditación. El mensaje central fue la necesidad de orar en un momento de "oscuridad" por el que atraviesa el Santo Padre para que pronto pueda ver la "luz eterna".
En otras dos iglesias del Centro de la ciudad, Lourdes y los Vascos, durante toda la tarde se vio entrar gente a ofrecer sus oraciones. María Schiavo, una joven de 24 años que salía de la iglesia de los Vascos, dijo: "me enteré en el trabajo de lo que estaba pasando y me vine a la primera iglesia que encontré para rezar por él. Nunca vengo a esta iglesia porque vivo en Malvín, pero ahora necesitaba venir".
Según Néstor Falco, vicario de comunicaciones de la Iglesia en Uruguay, en estos últimos días ha habido manifestaciones espontáneas de fieles hacia los templos. "Por ejemplo, hoy nos ha-blaron de la parroquia del Bu- ceo, San Pedro, comunicándonos que iban a reunirse para hacer oraciones".
Falco dijo que en este momento el plan es mantener la actividad de rutina en las iglesias con la salvedad de que las celebraciones estarán dedicadas a atender la situación que se vive. Opinó, "lo coherente es no precipitar las cosas, tampoco debemos adelantarnos a los acontecimientos".
RETIRADOS. Uno de los lugares de Montevideo donde se vivió ayer con más sensibilidad y tensión la situación de Juan Pablo II, fue el Hogar Sacerdotal. Allí viven 18 sacerdotes de entre 60 y 90 años, casi todos retirados o enfermos. "Es un punto del que nosotros estamos cerca", dijo refiriéndose a la situación del pontífice católico el sacerdote Juan José Lasa. En la casa estuvo prendida la telivisión todo el día, con varios religiosos mirando las noticias en forma permanente. También estuvieron frente al televisor las religiosas que asisten a los padres en retiro. Son de la orden de las Misioneras del Jesús eterno sacerdote, originaria de Italia, y está conformada por una religiosa italiana, dos bolivianas y dos peruanas. "Seguimos paso a paso lo que está pasando y rezamos mucho. Hacemos la tarea y volvemos a la televisión. Varias veces en el día nos vimos varias de nosotras rezando frente a las noticias que iban llegando", dijo la hermana Luz. Tanto ella como la superiora, Consuelo, se reunieron varias veces personalmente con el Papa. "Yo le pido a Dios que no le haga sufrir mucho. Es un hombre que dio la vida por la Iglesia y el mundo. Enfrentamos esto teniendo otra idea frente a la muerte, creemos que nuestra patria no es esta, está después de la resurrección" dijo Consuelo.
El sacerdote Juan José Lasa dijo que la silenciosa espera apunta a los símbolos que indiquen el final de la vida papal: la clausura de las ventanas pontificias. "Fue un pontificado muy importante, con cosas que solo él hizo, como ir a las sinagogas judías y a templos islámicos. Porque fue un gran conciliador, los suyos eran viajes pacificadores", dijo el sacerdote. Lasa dijo que también los religiosos observan la muerte con zozobra: "Impermeables no somos. Hace poco murió mi hermana mayor y claro que sentí lo que sienten todos. Pero lo sentí con una esperanza".
Un caudillo de la fe, para Julio Sanguinetti
El ex presidente Julio Sanguinetti se refirió a Juan Pablo II como un "caudillo de la fe", destacó su incidencia en la liberación de la Europa del Este y sostuvo que su tarea se dirigió especialmente a la labor pastoral, sin ingresar en debates políticos o ideológicos.
El ex presidente recordó que ayer hizo 18 años de la primera visita de Juan Pablo II a Uruguay, cuando se celebró la histórica misa campal en Tres Cruces, donde se encuentra la cruz que recuerda aquella presencia.
"Fue un caudillo de la fe. Le dio una enorme presencia a la Iglesia en todo el mundo a través del empleo de la tecnología moderna, como el avión y la televisión. Asumió su liderazgo en función de su misión pastoral llevando la fe, y nunca ingresó en el debate político o ideológico".
Recordó que "contribuyó al deshielo de la Europa del Este para alcanzar la libertad y al fin de la Guerra Fría, coincidiendo con los esfuerzos que habían emprendido en esa dirección Reagan y Gorbachov".
Indicó que "sus sólidas convicciones de hombre de fe lo llevaron a asumir posturas ortodoxas en temas como la familia y la bioética, posiciones que generaron polémica y van a seguir siendo polémicas".