En una catedral desbordada de fieles, el arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno, ofició ayer la misa de exequias del Papa Juan Pablo II. El prelado realizó la ceremonia vestido con una casulla roja que el propio Santo Padre había dejado en Montevideo, en oportunidad de su visita en 1987. También el cáliz en el que Cotugno bendijo ayer el vino había sido utilizado en aquella ocasión por el Papa.
Por eso al final de la ceremonia, el arzobispo dijo que en cierta medida Juan Pablo II estaba bendiciendo a través de él a todos los presentes. "Yo realmente lo siento muy vivo en medio de nosotros", dijo Cotugno al finalizar una celebración que duró cerca de una hora y media.
Los asistentes fueron en su gran mayoría fieles católicos. Del mundo político uruguayo, sólo se pudo ver a quien se maneja como futuro embajador en el Vaticano, Mario Cayota; el líder de la Unión Cívica, Aldo Lamorte y el diputado blanco Gustavo Borsari. En primera fila, también estuvo una delegación de la embajada polaca, encabezada por el embajador Lech Kubiak.
A ambos costados de la catedral, estuvieron ubicados todos los sacerdotes del clero y de todas las congregaciones religiosas. La mayoría lució estolas moradas, en adhesión al luto. El único que vistió el color rojo fue el arzobispo, en alusión al color de luto de los pontífices.
En la homilía, Cotugno dijo que las manifestaciones en torno a la muerte de Juan Pablo II era un testimonio de un "amor globalizado". El prelado afirmó que la gente había reaccionado de esta manera porque se sentía "amada" por el Papa y no podía reaccionar de otro modo. El arzobispo repasó los principales mensajes de las encíclicas papales y aseguró que el Sumo Pontífice había profundizado el mensaje del Concilio Vaticano II. Planteó que había tenido una "profunda intuición" para "desde la fe" contemplar "el misterio de Dios, el hombre, la historia y el universo". Cotugno afirmó que si la Iglesia quiere comprenderse a sí misma tiene que profundizar en el misterio de la Santa Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El arzobispo recalcó que el papel principal de la Iglesia es "evangelizar" y que si no se relaciona con Cristo "pierde su principal papel".
La homilía fue largamente aplaudida, así como el mensaje final, donde Cotugno le contó a los fieles que estaba utilizando ropas dejadas por el propio sucesor de Pedro. "¡Viva el Papa!", gritó un sacerdote como cierre de la multitudinaria ceremonia.
Políticos de todos los partidos
El ministro de Educación, Jorge Brovetto, y el ex presidente Julio María Sanguinetti encabezaron la concentración en homenaje a Juan Pablo II realizada ayer al pie de la cruz de doce metros que recuerda la visita papal.
El homenaje fue organiza- do por el Instituto de Estudios Cívicos.
Varios dirigentes tanto del Partido Nacional, como del Colorado, participaron en la ceremonia.
Los políticos coincidieron en destacar, en breves discursos, la figura del Papa Juan Pablo II, sus logros y su legado.
Por su parte, la colectividad polaca radicada en el país colocó una corona de flores al pie de la gran cruz en recuerdo de su compatriota más famoso.
En la Catedral de Montevideo hubo una misa especial en homenaje al Papa, en la que participó el cuerpo diplomático acreditado en Uruguay.
Además de estos actos, se cumplió el día de duelo nacional decretado por el Poder Ejecutivo. La esposa del presidente Tabaré Vázquez, María Auxiliadora Delgado, y el hijo mayor del matrimonio, Alvaro Vázquez, partici-paron ayer en las exequias del Papa, en representación del jefe de Estado.
En los colegios católicos uruguayos no hubo clases durante toda la jornada, en señal de luto.