Un divorcio de novela colombiana

CLAUDIO FANTINI

Fueron un dúo político exitoso. Parecían una reproducción en escala de parejas como Mao Tse-tung y Chou En-lai, o Charles de Gaulle y George Pompidou, pero terminaron siendo un reflejo invertido de Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde.

Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos constituyeron un sólido equipo. Juntos arrinconaron a las FARC, hasta ponerla al borde de la extinción. Ni aquel presidente hubiera logrado tantos triunfos en el campo de batalla sin la eficacia de su ministro de Defensa, ni éste habría llegado a la presidencia sin ser el delfín de su jefe. Por eso los colombianos observan perplejos este escandaloso divorcio.

Uribe acusa a Santos de genuflexión ante Hugo Chávez. Dice que si la guerrilla pudo salir de terapia intensiva y retomar la ofensiva, colocando bombas en Bogotá y tendiendo emboscadas en la frontera con Venezuela, es por culpa del actual presidente. En ese marco explica el protagonismo de Piedad Córdoba en la escena de la liberación del periodista francés. La ex senadora liberal fue destituida hace dos años porque su relación con las FARC se había vuelto sospechosa, pero ahora retomó el rol de gestora de liberaciones por exigencia expresa de la guerrilla para liberar a Romeo Langlois.

De este modo, Uribe se convirtió en el más duro crítico del hombre al que le debe muchos éxitos y que, a su vez, le debe la victoria electoral que lo llevó a la presidencia.

Sin responder a los ataques, Santos da a entender que la ira de Uribe se debe a que aspiraba a ser poder detrás del trono. Eso quiso Duhalde con Kirchner. Como el patagónico jamás habría llegado a la presidencia sin el apoyo y el aparato político de Duhalde, éste supuso que podría ser el "hombre fuerte" del nuevo gobierno. Pero una vez que asumió el poder, Kirchner no quiso compartirlo con su mentor.

No obstante, no habría sido la pérdida de influencia, sino la estigmatización y la humillación pública que recibió del hombre al que había convertido en presidente, lo que encendió en Duhalde la ira del traicionado. Uribe actúa como el efímero presidente que marcó el punto de inflexión en la caída de la economía argentina, obteniendo de ese modo la posibilidad de elegir su sucesor. Pero Santos no está actuando como Kirchner. En Colombia, el mentor se convirtió en enemigo de su mentado, pero éste no ha estigmatizado ni humillado al hombre que le abrió las puertas del Palacio Nariño. Como Pompidou, que a pesar de haberse divorciado de su mentor por la rebelión estudiantil de 1968, en la presidencia jamás dijo una sola palabra contra quien lo había llevado hasta las cumbres de la V República.

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